El profesor Richard Ebeling explica que es crucial que la gente respalde las reformas de libre mercado
"No están condenados al populismo"
El colapso de la Argentina fue consecuencia de ideas equivocadas, no del liberalismo. Todo se reduce a cómo nos vemos nosotros y cómo percibimos el mundo, explica este catedrático del Hillsdale College.
Por Jorge Martínez
LA PRENSA
El profesor Richard M. Ebeling es un liberal clásico, la denominación que usan en Estados Unidos para que no se los confunda con los liberal a secas, más parecidos a nuestros socialdemócratas. Ebeling alterna las clases de economía que dicta en el Hillsdale College con la publicación de libros y estudios sobre temas tan diversos con la restricción del uso de armas, la atención médica pública y los papeles perdidos del economista austríaco Ludwig von Mises, que encontró en Rusia y cuya traducción supervisa. Vino por primera vez a la Argentina invitado por la Fundación Atlas para disertar sobre la actualidad y el futuro del liberalismo.
¿Cuál es la mayor amenaza para el liberalismo en el mundo de hoy?
Creo que es el fantasma del socialismo. Lo digo porque si bien el socialismo desapareció, ya sea en la Unión Soviética o en el bloque oriental europeo, la crítica socialista de la sociedad capitalista todavía domina el mundo en el sentido de que la gente común cree -de manera incorrecta, en mi opinión- que el capitalismo desregulado conduce al monopolio, a la explotación de los trabajadores, la destrucción del medio ambiente, la desigualdad en las riquezas, al interés personal en desmedro del interés común. Estos fueron los argumentos que llevaron a la popularidad del socialismo en el siglo XIX y a su triunfo en el siglo XX. Y aunque el socialismo fracasó como alternativa política y económica, la crítica socialista del capitalismo todavía domina a las sociedades en todas partes. He ahí el desafío: que la gente no confía ni cree en la capacidad o en la justicia de la sociedad de mercado.
¿Qué evaluación hace de las reformas de mercado en América latina en el último decenio?
Hace algunos años habría dicho que el mejor caso era el de la Argentina. Sé que hay mucha controversia sobre (Carlos) Menem. Y por lo que leo y escucho entiendo que hubo un primer Menem y un segundo Menem. El primero parece el más orientado al mercado. Es el que fijó la convertibilidad, privatizó y orientó la economía al mercado. En el segundo mandato hubo varias marchas atrás. Privatizaron empresas pero crearon monopolios privados en lugar de monopolios públicos, y se mantuvieron los mismos problemas de corrupción y falta de competitividad que existían antes.
Hasta hace unos años también le iba bien a Brasil. Chile ha sido un buen ejemplo de reformas, pero aclaro que no defiendo el régimen de (Augusto) Pinochet. Fue un dictador y mató gente. No obstante, revirtió muchas de las políticas absurdas que había intentado Salvador Allende. Avanzó en la privatización, la liberalización de los mercados, el movimiento hacia la privatización de la seguridad social. Pero muestra que las reformas deben tener el apoyo de la gente. Porque el resentimiento de muchos chilenos contra el autoritarismo de Pinochet quedó en evidencia al dejar el poder, cuando hubo una reacción parcial en contra de sus políticas porque las había aplicado de manera no democrática. Para que perduren en el tiempo, las reformas políticas y económicas deben ir de la mano.
¿La Argentina y América latina están condenadas a quedar al margen de la economía moderna?
Es una pregunta difícil. Y sería presuntuoso que un extranjero diera una opinión sin manejar todos los detalles de la vida cotidiana de su país. De todos modos, creo que no es inevitable que Brasil y la Argentina sufran las penurias del populismo. Y recordemos qué es el populismo: la promesa que hacen políticos y demagogos de dar cosas gratis. Es la ideología de la envidia, del resentimiento y la lucha de clases. ¿Tiene que ser siempre así? No. Los argentinos saben mejor que yo que hasta los años 20 y 30 eran uno de los países que más avanzaban en el mundo. ¿Qué causó el cambio? Ideas equivocadas seguidas por políticas equivocadas. Todo se reduce a cómo nos vemos a nosotros mismos y al mundo. ¿Queremos que nos regulen otros o queremos dirigirnos nosotros solos?
ALGUNOS CONSEJOS
En pocas palabras, ¿qué debe hacer la Argentina para salir del colapso actual?
Primero me gustaría aclarar algo. La devaluación de la moneda, la crisis financiera que llevó al default, no la causó el mercado ni los inversores extranjeros ni las privatizaciones. La causó el fracaso de sus propios políticos. La convertibilidad no sobrevaluó el peso ni provocó las dificultades financieras. Todo deriva del hecho de que la Nación y la provincias se endeudaron en el exterior para financiar vastas burocracias, para subsidiar obras públicas no rentables o a empresarios privilegiados, y se alcanzó un punto en el que era tanta la deuda que los ingresos por exportaciones no alcanzaban para pagarla. Así los políticos llegaron al default y a la ruptura de la paridad con el dólar, porque ya no era posible sostener la convertibilidad.
¿Qué hacer entonces?
Primero, el Gobierno debe decir la verdad. No está en condiciones de mantener el tamaño de la burocracia en Buenos Aires y otras partes del país. Debe reducir el gasto, terminar con los subsidios a sectores privilegiados. Al reducir el gasto, deben hacerlo al punto de permitir una rebaja de impuestos. Y obviamente no emitir moneda.
¿Cuál régimen monetario recomendaría?
Lo más importante es colocar algún tipo de restricción foránea a la capacidad del Banco Central de emitir pesos a discreción para financiar los gastos del Gobierno, ahora o en el futuro. Esto puede significar el regreso a algún tipo de convertibilidad con el dólar, ya sea 1 a 1 o 3 a 1, no importa. A largo plazo podría ser una dolarización, algo así como el patrón oro o cualquier otra cosa, que establezca de manera clara, directa y firme la imposibilidad de emitir moneda para cubrir los gastos del Estado.
¿Sugiere una entrada rápida al ALCA o favorece el acercamiento con Europa?
Estoy a favor del libre comercio, que beneficia a exportadores e importadores y aumenta la competencia, y esto presiona a los productores a ofrecer productos mejores y menos costosos. Pero el Acuerdo de Libre Comercio para América del Norte (Nafta) es en verdad un acuerdo de comercio dirigido para América del Norte. En mi opinión, si un país quisiera aprobar una ley de libre comercio sólo tendría que redactar una frase: "A partir de este día, el Estado ya no interferirá, ni violará, ni detendrá, ni regulará de ningún modo el libre movimiento de importaciones y exportaciones entre sus ciudadanos y otros ciudadanos del mundo". Eso es todo: una frase larga. El Nafta es un manual de cientos y cientos de páginas con normas minuciosas acordadas por los gobiernos de EE.UU., Canadá y México sobre qué productos podrán cruzar las fronteras, cómo y a qué precio habrán de transportarse, cómo se fabricarán o venderán. La Argentina no necesita un acuerdo con EE.UU. para practicar el libre comercio.
Esta entrevista fue publicada el domingo 10 de noviembre de 2002 en el Suplemento Económico del diario La Prensa.
Send to a friend
arriba
Suscripción a Freedom Daily.