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La libertad, nuevamente en peligro
by Sheldon Richman, octubre 2, 2002

El fundamento del concepto de, "América," consiste en la idea que cada uno puede llevar su vida cotidiana sin ser vigilado por el Estado. En efecto, en toda obra literaria que trata de los horrores del totalitarismo se encuentra una policía secreta, encargada de seguir a la gente, porque todos son sospechosos. Ésto más que nada es lo que le da su aire espantoso a las novelas distópicas, tales como 1984 de George Orwell y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley.

Y esto mismo es lo que ahora quieren introducir en Estados Unidos el Fiscal General, John Ashcroft, y su jefe, el Presidente Bush. Ashcroft ha anunciado que ya el FBI no tendrá que seguir las pautas que anteriormente prohibían el que sus agentes vigilaran las reuniones legítimas y los sitios públicos, sin que hubiera motivo para creer que estuvieran realizándose actos ilegales. Es otra socavación más de nuestras libertades, en nombre de combatir el terrorismo.

Con toda invasión de la libertad que el Estado propone, viene la implicación que, de haber estado en vigor estos poderes previamente, los crímenes del 11 de septiembre nunca habrían sucedido. Pero la verdad es que nadie ha podido demostrar cómo las pautas liberalizadas del FBI -- por no decir nade de los demás poderes asumidos desde el año pasado -- podrían haber evitado los crímenes que se cometieron en Nueva York y en Washington. ¿Acaso los autores discutieron sus planes abiertamente dentro de las mezquitas en territorio norteamericano o en los salones del Internet? Si es así, no se nos ha dado a saber. ¿Qué irán a buscar los agentes del FBI al asistir calladamente a las asambleas públicas y a los servicios religiosos? ¿Cuáles frases les llamarán la atención? ¿Qué irán a poner en sus libretas?

El FBI podría correr más lejos con esta idea. Ya que sus agentes no pueden estar en todas partes, debería pedir al pueblo norteamericano que para ayudar a la causa reportáramos a nuestros vecinos si ellos actuaran de modo sospechoso. Podría establecerse una línea telefónica especial para recibir las llamadas de los ciudadanos vigilantes que quisieran cumplir con su deber de patriota.

Luego esta política podría unirse con las reglas nuevas del gobierno respecto a los "combatientes enemigos," bajo las cuales se permite encarcelar a los ciudadanos estadounidenses por plazos indeterminados, sin acusarlos, por cuanto tiempo dure la guerra interminable contra el terrorismo. Según estas reglas, si el presidente decide que alguien es "malo," puede exigir que lo detengan indefinidamente. ¿Habrá de celebrarse algún proceso judicial, a fin de determinar si verdaderamente se trata de un malo? No, ello no es necesario, porque los malos no merecen gozar del debido proceso de ley. En un principio, las protecciones de los principios jurídicos angloamericanos tradicionales solamente iban a dejar de aplicarse a los que no son ciudadanos, pero últimamente se ha eliminado hasta esta limitación.

Esto no es lo que los Autores de la Consitución tenían en mente. José Padilla, el supuesto conspirador, podría ser una amenaza o no, pero hasta el momento lo único que sabemos es que él posiblemente haya hecho alguna referencia descuidada a las bombas sucias. Si las autoridades tienen algún caso que montar contra él, que lo procesen. Pero no quieren hacerlo, así que al diablo con la Constitución.

Aquí las cosas se vuelven aun más siniestras. Dícese que Padilla buscó información acerca de las bombas sucias por el Internet. (Hasta ahí parece que llegó este antiguo pandillero con el "complot" de lanzar un ataque a base de materiales radioactivos.) Si los agentes que el FBI ha desatado entre el público logran detectar a ciudadanos en el acto de buscar el tema de las "bombas sucias" en Google.com, por curiosidad nada más, ¿irán a visitarlos los servidores del pueblo?

No tengo la menor duda de que vamos a poder sobrevivir los designios de los terroristas, pero no estoy tan seguro con respecto a los de los señores Bush y Ashcroft.

 

Sheldon Richman es socio de The Future of Freedom Foundation (www.fff.org) en Fairfax, estado de Virginia, autor de la obra Tethered Citizens: Time to Repeal the Welfare State (en español: Ciudadanos Encadenados: Es Hora de Abrogar el Estado del Bienestar) y redactor de la revista, Ideas on Liberty (Ideas sobre la Libertad).  

 

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