El fundamento del concepto de, "América," consiste en la idea que cada uno
puede llevar su vida cotidiana sin ser vigilado por el Estado. En efecto, en
toda obra literaria que trata de los horrores del totalitarismo se encuentra
una policía secreta, encargada de seguir a la gente, porque todos son
sospechosos. Ésto más que nada es lo que le da su aire espantoso a las
novelas distópicas, tales como 1984 de George Orwell y Un Mundo Feliz de
Aldous Huxley.
Y esto mismo es lo que ahora quieren introducir en Estados Unidos el Fiscal
General, John Ashcroft, y su jefe, el Presidente Bush. Ashcroft ha anunciado
que ya el FBI no tendrá que seguir las pautas que anteriormente prohibían el
que sus agentes vigilaran las reuniones legítimas y los sitios públicos, sin
que hubiera motivo para creer que estuvieran realizándose actos ilegales. Es
otra socavación más de nuestras libertades, en nombre de combatir el
terrorismo.
Con toda invasión de la libertad que el Estado propone, viene la implicación
que, de haber estado en vigor estos poderes previamente, los crímenes del 11
de septiembre nunca habrían sucedido. Pero la verdad es que nadie ha podido
demostrar cómo las pautas liberalizadas del FBI -- por no decir nade de los
demás poderes asumidos desde el año pasado -- podrían haber evitado los
crímenes que se cometieron en Nueva York y en Washington. ¿Acaso los autores
discutieron sus planes abiertamente dentro de las mezquitas en territorio
norteamericano o en los salones del Internet? Si es así, no se nos ha dado a
saber. ¿Qué irán a buscar los agentes del FBI al asistir calladamente a las
asambleas públicas y a los servicios religiosos? ¿Cuáles frases les llamarán
la atención? ¿Qué irán a poner en sus libretas?
El FBI podría correr más lejos con esta idea. Ya que sus agentes no pueden
estar en todas partes, debería pedir al pueblo norteamericano que para
ayudar a la causa reportáramos a nuestros vecinos si ellos actuaran de modo
sospechoso. Podría establecerse una línea telefónica especial para recibir
las llamadas de los ciudadanos vigilantes que quisieran cumplir con su deber
de patriota.
Luego esta política podría unirse con las reglas nuevas del gobierno
respecto a los "combatientes enemigos," bajo las cuales se permite
encarcelar a los ciudadanos estadounidenses por plazos indeterminados, sin
acusarlos, por cuanto tiempo dure la guerra interminable contra el
terrorismo. Según estas reglas, si el presidente decide que alguien es
"malo," puede exigir que lo detengan indefinidamente. ¿Habrá de celebrarse
algún proceso judicial, a fin de determinar si verdaderamente se trata de un
malo? No, ello no es necesario, porque los malos no merecen gozar del debido
proceso de ley. En un principio, las protecciones de los principios
jurídicos angloamericanos tradicionales solamente iban a dejar de aplicarse
a los que no son ciudadanos, pero últimamente se ha eliminado hasta esta
limitación.
Esto no es lo que los Autores de la Consitución tenían en mente. José
Padilla, el supuesto conspirador, podría ser una amenaza o no, pero hasta el
momento lo único que sabemos es que él posiblemente haya hecho alguna
referencia descuidada a las bombas sucias. Si las autoridades tienen algún
caso que montar contra él, que lo procesen. Pero no quieren hacerlo, así que
al diablo con la Constitución.
Aquí las cosas se vuelven aun más siniestras. Dícese que Padilla buscó
información acerca de las bombas sucias por el Internet. (Hasta ahí parece
que llegó este antiguo pandillero con el "complot" de lanzar un ataque a
base de materiales radioactivos.) Si los agentes que el FBI ha desatado
entre el público logran detectar a ciudadanos en el acto de buscar el tema
de las "bombas sucias" en Google.com, por curiosidad nada más, ¿irán a
visitarlos los servidores del pueblo?
No tengo la menor duda de que vamos a poder sobrevivir los designios de los
terroristas, pero no estoy tan seguro con respecto a los de los señores Bush
y Ashcroft.