La guerra acrecenta la carga que impone el Estado. Para hallar evidencias,
no hay más que echar una mirada alrededor.
El Estado crece no solamente del modo evidente, por ejemplo al arrogarse el
poder de detener a las personas sin acusarlas y de vigilar la conducta legal
de la gente, sino también mediante el fomento de la cultura del sacrificio.
Más que en otros tiempos, en tiempos de guerra se espera que el pueblo sirva
al Estado.
David Gergen, un típico intelectual cortesano, cuyo sacrificio consta en
trabajar para todo el que posea el poder supremo, recientemente criticó al
Presidente Bush en un escrito en el New York Times por no pedir más del
pueblo estadounidense. Gergen pidió, "la creación de un nuevo sentido del
propósito en nuestra vida nacional." No sé acerca del Sr. Gergen, pero la
mayoría de la gente que yo conozco ya tienen su propio sentido del
propósito. Respecto al propósito en "la vida nacional," en Estados Unidos lo
único que ello puede significar, es que nos dejen libres para buscar la
felicidad a nuestro propia manera. Sin embargo, eso no es lo que tiene en
mente el Sr. Gergen.
Lo que sí tiene en mente es revelador, porque su llamada a acrecentar el
Estado tiene a lo sumo una tenue relación con la lucha contra el terrorismo.
Lo único que tiene que ver la guerra, es que hace más fácil el racionalizar
el sacrificio.
Escribe Gergen que, "El Sr. Bush todavía puede demostrar sus cualidades de
líder [en tiempos de guerra], al vincular de diversos modos el sacrificio
actual con un porvenir mejor. Por ejemplo, puede cancelar las reducciones en
los impuestos, para proponer que los ahorros se dediquen a una amplia causa
social, tal como el mejorar la calidad de la vida de los niños. Después de
todo, si la guerra tiene que ver con la aseguración de su seguridad, ¿por
qué no hemos de ocuparnos de asegurar su salud y su enseñanza?"
¿Es posible que exista algún concepto más inconforme con el espíritu que
animó a la América? La visión de los Fundadores comprendió un Estado que se
limitara a proteger la vida, la libertad y la propiedad. Esta visión no
comprende saquear a la gente para subvencionar los programas de
transferencia (los que en todo caso siempre fracasan), porque los Fundadores
comprendieron que el mejor camino hacia la salud, los conocimientos y todas
las cosas buenas de la vida, consiste en la libertad y en la prosperidad que
de ella resulta.
Gergen desea más que un sencillo aumento de los impuestos. Dice que Bush
debería "abrazar el servicio universal," en su sentido militar o civil.
Pero, ojo, ello no quiere decir todo el mundo. El concepto del Sr. Gergen no
incluye la reclutación de los hombres de mediana edad que hayan sido
profesores de universidad, redactores de revista y consejeros de
presidentes, cuyos salarios y honorarios por discursos dados podrían
fácilmente absorber el aumento de los impuestos que él propone. Tal honor se
vería limitado a los jóvenes de 18 a 24 años de edad, quisieran o no
aceptarlo.
Desgraciadamente, el presidente comparte este mismo punto de vista. En un
discurso de graduación pronunciado en la Ohio State University, Bush
respaldó la ética del sacrificio y condenó el "egoísmo," un término
conveniente que lo cubre todo, desde lo que en la Grecia Antigua se
denominaba "la buena vida," hasta las fechorías de los maleantes. (A la
autora Ayn Rand le pareció curioso que el victimizar a los demás se viera
típicamente como en el interés propio.) Bush exhortó a los graduados a,
"servir a nuestra patria y a una causa mayor que nosotros."
Un momento, por favor. ¿No resulta que, a lo largo de la historia, todo
dirigente que haya deseado acumularse el poder, ha instado al pueblo a
servir a la patria y a alguna causa mayor que ellos? No se me ocurre ninguno
que los haya exhortado a ser libres y a buscar su propia felicidad. El
llamado al sacrificio siempre antecede la usurpación y la tiranía.
No cabe duda alguna de que la generosidad es algo digno de admirarse. El
buen vecino ayuda a los demás en lo que pueda. Pero esto no tiene nada que
ver con la ética de abnegación.
El mensaje del presidente, es que sólo el servicio a los demás sirve para
dar validez a la vida de uno. Esto es una equivocación. La vida de cada uno
es un fin en sí mismo. No precisa de justificación alguna, más allá de sí
misma. ¡Cuidado con la llamada al sacrificio!