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Por Palabra Clave

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Las importaciones son buenas
por Sheldon Richman, diciembre 1999

Ya que partidarios y oponentes de la Organización Mundial del Comercio (OMC) se llegaron hasta Seattle, hubiera sido bueno que al menos lo hubiesen hecho con sus premisas correctas: las importaciones implican beneficios, las exportaciones son costos.

Eso es lo opuesto a lo que la mayorìa de las personas, tanto dentro como fuera de la sala de reuniones cree. Ellos insisten en pensar que el propósito del libre (o más libre) comercio es exportar más. Pero se equivocan. El propósito último del libre comercio es importar - y por ende, el consumir más. El libre comercio nos permite como consumidores obtener mejores acuerdos e incrementar nuestros ingresos.

No hay falacia más antigua que el principio de que las importaciones son malas (tal vez, un mal necesario) y que las exportaciones son una bendición. Pero una falsedad no gana veracidad con el tiempo. Es tan válido hoy, como lo era cientos de años atrás, que las importaciones son buenas y las exportaciones son aquello que debemos entregar para obtenerlas.

Como Adam Smith tan acertadamente lo reconociera en 1776, el propósito de la producción es el consumo. Esto implica algo mas que simplemente trabajar para comer en lugar de comer para trabajar. Significa que una actividad resulta económicamente valiosa solamente en la medida en que le sirva a los consumidores. Una implicancia de esto es que un empleo no es un mero ejercicio fìsico. Es la satisfacción de una concreta demanda de los consumidores. Podrìamos tener un pleno empleo del 100 por ciento, obligando a cada uno a cavar zanjas eternamente y volver luego a rellenarlas. Pero esa no seria una actividad productiva. Seria un desperdicio de energìa humana.

Una vez que nos hemos volcado hacia el interès de los consumidores nos percatamos de la adversa escasez que enfrentamos. En algún momento, nuestra demanda de cosas excede la oferta. Esto se aplica no solamente a los productos de consumo, sino tambièn a las cosas que los generan: tierra, materias primas, maquinaria y trabajo.

Por lo tanto, debemos elegir. Si una cantidad de tierra, materias primas, maquinaria y trabajo se destina a producir widgets, no puede ser empleada para hacer gizmos, aun cuando deseáramos ambos widgets y gizmos. El proceso de mercado, los derechos de propiedad y el intercambio voluntario, nos ayudan a efectuar esas elecciones; el sistema de precios nos transmite información respecto de la oferta y la demanda, y los entrepreneurs con afán de lucro canalizan recursos allì donde los retornos sean mayores.

Cualquiera con tan siquiera un contacto casual con la historia sabe que el mercado ha proveìdo niveles de vida que los reyes de la antigüedad envidiarìan.

Es desafortunado que debamos tener que elegir. Cuan bueno seria tener todos los widgets y gizmos que quisièramos. Pero no desesperemos. Los individuos creativos encuentran los medios tecnológicos para atemperar las limitaciones que enfrentamos. Por ejemplo, alguien podrìa inventar una máquina para producir mas widgets con menos esfuerzo.

La postura convencional se lamentarìa que algunos trabajadores en la industria del widget quedarìan desempleados. Pero esta es en realidad una buena noticia. Antes de la invención no habìa mano de obra suficiente para producir widgets y gizmos. Pero ahora si la hay.

Los consumidores tenemos una ilimitada demanda de bienes y, por lo tanto, del trabajo para producirlos. Deseamos cosas que ni siquiera conocemos o las querremos tan pronto como alguien las ofrezca. En cualquier momento que la mano de obra sea liberada, a travès de avances tecnológicos o el traslado de trabajos hacia otros piases, deberìamos celebrar. Somos mas ricos que antes. Hay mucho trabajo por realizar.

Pocas personas comprenden esto. Si una fábrica se traslada al exterior, ello se debe a que la gente allì tiene una ventaja comparativa en esa industria en particular. Aún cuando los norteamericanos fuesen mejores en producir todo, tendrìa mas sentido concentrarse en lo que mejor hacen y comerciar con otros por el resto. Asì es como una sociedad se hace rica.

Abrir nuestros mercados a las importaciones no es un sacrificio. Es la clave del comercio. Permitamos que los bienes vengan. Si los extranjeros no actúan con reciprocidad, no importa. Tarde o temprano aprenderán que su polìtica solamente los perjudica a ellos. Una apertura incondicional es la única polìtica consistente con la libertad individual y la máxima prosperidad: Cualquier otra cosa menor deja espacio para la intromisión gubernamental.

Como toda burocracia, la OMC se vuelve riesgosa, especialmente si se involucra en cuestiones laborales y de medio ambiente. Pero no dejemos que ello ensombrezca los beneficios del genuino libre comercio.

Sheldon Richman es miembro de The Future of Freedom Foundation de la ciudad de Fairfax, Virginia (www.fff.org), y editor de la revista The Freeman: Ideas on Liberty.

Traducción de Gabriel Gasave

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