|
Send to a friend
¿Es democracia libertad?
por Jacob G. Hornberger, diciembre 1999
Fairfax, Virginia (AIPE)- Uno de los principios de la polìtica exterior de Estados Unidos es fomentar la democracia alrededor del mundo. La implicación es que si una nación es democrática, su gente goza de libertad. Pero acaso ¿es democracia libertad?
En 1787, la Constitución de Estados Unidos creó el gobierno federal, estableciendo que el presidente y los congresistas serìan elegidos. Pero los próceres no se contentaron con eso, sino que procedieron a utilizar la Constitución para limitar expresamente el poder de los funcionarios gubernamentales.
Por ejemplo, el Artìculo 1°, Sección 8 de la Constitución limita expresamente al Congreso a ejercer sólo 18 poderes enumerados. ¿Por què los fundadores de la patria crearon un gobierno democráticamente elegido cuyos poderes estaban extremadamente limitados? ¿Por què no simplemente otorgar poder ilimitado a los representantes elegidos para que hicieran todo lo que consideraran bueno para la gente?
Por dos razones: primero, los americanos en 1787 no confiaban en darle poder polìtico a los funcionarios, ni siquiera a los elegidos por ellos mismos. Y la segunda razón era más importante aún: los americanos sabìan que la democracia no significa libertad y que históricamente la democracia ha sido una amenaza a la libertad.
Por ello, al crear un gobierno nacional, los redactores de la Constitución tenìan que convencer a la ciudadanìa que los poderes del gobierno serìan claramente restringidos.
La gente se preguntaba, ¿cómo podemos estar seguros que èste nuevo gobierno no abusará o inclusive destruirá nuestros derechos fundamentales a la vida, la libertad y la propiedad? Por ejemplo, ¿què impedirìa que el gobierno promulgara una ley obligando a todo el mundo a asistir a un servicio religioso? ¿O una ley castigando a la gente que critique al gobierno? ¿Cómo proteger nuestros derechos fundamentales sobre la libertad de cultos y la libertad de expresión, frente a la tiranìa de un gobierno democrático?
Los defensores de la Constitución respondieron apuntando a los poderes enumerados en el Artìculo 1°, Sección 8. Debido a que los poderes del Congreso estaban expresamente limitados a aquellos que habìan sido enumerados, nadie deberìa temer que el Congreso ejerciera otros poderes. Y debido a que el poder de regular la expresión y la religión no estaban enumerados, el Congreso no estarìa autorizado para promulgar leyes regulando tales actividades.
Pero la gente no estaba todavìa convencida. Se sabìa que a travès de la historia los gobiernos -incluyendo los democráticamente elegidos- habìan terminado ejerciendo poderes tiránicos sobre la gente. Por lo tanto, como condición para aprobar la Constitución, los americanos de los diferentes estados exigieron una promesa: la promesa de aprobar diez enmiendas a la Constitución.
La Declaración de Derechos, como se llaman estas primeras diez enmiendas, es un tèrmino desacertado. Más correcto serìa llamarlas Declaración de Prohibiciones porque allì no se le conceden derechos adicionales al pueblo sino que más bien se le prohìbe a los funcionarios de gobiernos democráticamente elegidos interferir con los derechos fundamentales de la ciudadanìa. Por ejemplo, la Primera Enmienda dice: "El Congreso no promulgará ley alguna con respecto al establecimiento de una religión o la prohibición de su libre ejercicio; o reduciendo la libertad de expresión..."
Asì se dio comienzo al más revolucionario experimento polìtico de la historia. Nunca antes la gente habìa creado un gobierno con poderes limitados por la misma carta con que se creaba.
Los americanos reconocìan que la democracia no es libertad. Es sencillamente un mètodo conveniente y pacìfico a travès del cual la gente puede cambiar a sus funcionarios públicos. Para garantizar la libertad fue necesario utilizar la Constitución para restringir los poderes de los funcionarios democráticamente elegidos.
Por todo esto, serìa preferible que los polìticos y funcionarios estadounidenses ocuparan menos tiempo elogiando la democracia alrededor del mundo y mayor esfuerzo en explicar las virtudes de una república constitucional. Despuès de todo, en muchas naciones democráticas, los funcionarios elegidos gozan de poder omnìmodo sobre la vida y propiedad de sus ciudadanos. La única verdadera libertad que la gente de esos paìses tiene es la de elegir a sus dictadores cada cierto tiempo. (c)
Jacob G. Hornberger es Presidente del Future of Freedom Foundation.
Artìculo traducido al español por la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) para distribución en diarios de America Latina. Carlos Ball, director: Ball.AIPE@worldnet.att.net. © Copyright 1999 AIPE.
Send to a friend
arriba
Suscripción a Freedom Daily.
|