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El corazón de la independencia Mexicana
por Jacob G. Hornberger, diciembre 1998
El verano pasado pasè dos semanas estudiando español en San Miguel de Allende, un pueblo en el centro de Mèxico, a unas tres horas al norte de Ciudad Mèxico por automóvil. Esta es la parte de Mèxico donde la lucha contra España por la independencia comenzó en 1810. El 16 de septiembre de ese año, fecha en que hoy se celebra la independencia de Mèxico, el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla tocó las campanas de la iglesia de Dolores, a unas 30 millas de San Miguel de Allende. Cuando los campesinos respondieron al repicar de las campanas, Hidalgo pronunció su famoso llamamiento a favor de la independencia - el "Grito de Dolores." Junto con unos 400 seguidores, Hidalgo marchó hacia Guanajuato, a unas 100 millas de distancia, ciudad conocida por sus minas de plata, que ayudaban a subvencionar el imperio español. Al llegar a Guanajuato, el ejèrcito de Hidalgo ya contaba con unos 50.000.
En el centro de Guanajuato habìa una fortaleza, la Alhóndiga de Granaditas. Las fuerzas de Hidalgo la asaltaron, pero fueron rechazadas con muchas bajas. Finalmente uno de los rebeldes se amarró una piedra grande en la espalda para protegerse de las balas y, con aceite y antorcha, se arrastró hasta la puerta de la Alhóndiga y la encendió. La puerta ardió y se desmoronó. Los rebeldes pudieron entrar en la fortaleza y aniquilar a los soldados españoles. Hoy dìa una estatua del "Pìpila," el valiente que quemó la puerta, domina la ciudad de Guanajuato.
Sin embargo, poco despuès las fuerzas de Hidalgo tuvieron que enfrentarse con el grueso del ejèrcito español, bien armado y entrenado. Los campesinos no supieron resistir a las tropas españolas, y los rebeldes perdieron contundentemente. En breve Hidalgo y los demás lìderes de la revolución fueron capturados. Las autoridades españolas los trataron despiadadamente. En 1811, los cuatro lìderes del moviemiento independentista - Hidalgo, Ignacio Allende (cuyo nombre se le dio a San Miguel de Allende), Juan de Aldama, y Josè Mariano Jimènez - fueron decapitados. Las cabezas se colocaron en canastas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga, y ahì permanecieron... durante diez años, ¡hasta no ganarse la independencia en 1821!
Todavìa pueden verse las varas de hierro de donde colgaron las canastas en la Alhónidga. En cada esquina del edificio, los mexicanos han puesto una placa con el nombre del lìder revolucionario cuya cabeza colgó ahì.
Actualmente, San Miguel de Allende es una ciudad de 50.000 habitantes. Como parte de mi programa de estudios, vivì localmente con una familia y tratè mayormente con mexicanos. Pero, gracias a su fama como centro para artistas, a San Miguel se han mudado muchos norteamericanos ricos - alrededor de 5.000. Mi maestro de español dice que los mexicanos se quejan que los norteamericanos en San Miguel rara vez aprenden español y tratan con la gente del pueblo.
La situación me hizo gracia, porque me recordó a aquellos norteamericanos que se dejan enfadar por los mexicanos que se mudan a Estados Unidos y no aprenden a hablar inglès. Me pregunto si se sintieran igual si supieran de los estadounidenses que viven en San Miguel de Allende y no han querido aprender a hablar español.
Una de las noches que pasè allá, un amigo y yo cenamos con tres estudiantes amistosos de la Universidad de Guanajuato. Discutimos el asunto de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos, y les dije lo que pienso. Señalè que lo nuestro gobierno ha hecho durante muchos años a los mexicanos es algo horrible - que los que van al norte a ganarse o a mejorarse la vida, no son criminales. Agreguè que los verdaderos criminales son los jueces, los fiscales, y los funcionarios de inmigración que meten a los mexicanos en la cárcel - asì como los legisladores que aprueban las leyes de inmigración.
Los estudiantes me miraron estupefactos. De repente, una de las muchachas empezó a llorar. El novio me explicó que, "Odiamos la manera en que tu paìs ha tratado a nuestro pueblo. Y nunca habìamos oìdo a un americano hablar como tú."
Es imposible no quedar impresionado por la pobreza que se ve por todo Mèxico. Desgraciadamente, el pueblo mexicano no puede hacer frente a la causa: la ingerencia masiva del Estado en la vida y la suerte de cada uno, con los enormes impuestos que se necesitan para pagarla. Existe una sola solución para la pobreza: prohibir que el Estado trate de combatirla, es decir, poner fin a la ingerencia estatal en la enseñanza, el seguro social, el cuidado mèdico, y la economìa, asì como a todos los impuestos, la inflación y los reglamentos que aquellos suponen. Pero al mexicano promedio le resulta muy difìcil aceptar un remedio tan drástico.
Lo irónico del caso es que el pueblo norteamericano se beneficia de las dificultades económicas de Mèxico. Nuestro paìs sigue atrayendo a mucho de lo mejor de la juventud mexicana. Son gente dispuesta a dejar a la familia y a las amistades, y aun a arriesgarse la vida, por la esperanza de mejorar la vida propia y la de sus familias. Poseen todos los atributos que una nación deberìa atesorar: son trabajadores, emprendedores, ahorradores, de familia, religiosos, y humildes. Claro está, que la pèrdida de Mèxico es nuestra ganancia.
Jacob Hornberger es el fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia, y corredactor del libro, The Case for Free Trade and Open Immigration (El Caso a Favor del Librecambio y la Libre Inmigración) .
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