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Faltó el tema de la frontera en la campaña presidencial
por Jacob G. Hornberger, diciembre 2000
Durante su visita a Washington en agosto,
el presidente mexicano, Vicente Fox, propuso algo que sorprendió por completo a
los candidatos a presidente, Al Gore y George W. Bush. Fox planteó la idea de abrir
las fronteras entre Mèxico, Estados Unidos y el Canadá al libre movimento de la
gente. Existe la posibilidad de que podamos abrir las fronteras no
solamente al capital y al comercio, sino tambièn a los pueblos, dijo Fox.
Las reacciones de Gore y de Bush fueron
inmediatas y negativas. Según Gore, la propuesta es muy problemática
y tomarìa de 25 a 30 años en realizar. Bush respondió que, Me
parece que debemos hacer valer nuestras fronteras.
El tema desgraciadamente nunca llegó a
alcanzar el nivel nacional durante la campaña por la presidencia. Deberìa haberlo
hecho. La idea de Fox plantea cuestiones importantes de economìa y de moral. ¿Por
cuál motivo puede negársele a alguien la libertad de cruzar las fronteras en
búsqueda de empleo? ¿Acaso no serìa la apertura de las fronteras una contribución
al bienestar del pueblo norteamericano?
Examinemos primero el caso moral a favor
de abrir las fronteras. Supongamos que yo deseara contratar a un mexicano, y que
èl quisiera trabajar conmigo. ¿Què derecho moral tiene nadie de intervenir en la
relación que deseamos entablar mutuamente? Son mi dinero y el tiempo y las
energìas suyas. Es asunto nuestro y de más nadie. ¿Por què no ha de tener èl el
derecho, independientemente de su ciudadanìa, de aceptar el puesto que le ofrezco,
y por què no he de tener yo el derecho de contratarlo?
Pensemos en todas las detenciones, en los
enjuiciamientos, en las repatriaciones, en las deportaciones y especialmente en
las muertes de los seres humanos que sencillamente desearon cruzar una raya en la
tierra en búsqueda de una vida mejor. Todo ello se evitarìa con un sistema de
fronteras abiertas, porque todos podrìan cruzar la frontera meridional con la
misma facilidad que los norteamericanos cruzamos las fronteras entre los estados
de la unión estadounidense.
¿Es posible conciliar todos estos abusos,
estos maltratos, con los principios morales del Sermón de la Montaña? ¿Pueden
conciliarse con lo que Jesucristo llamó el segundo mayor mandamiento de Dios:
Ama a tu vecino como a ti mismo?
En todo caso en que la gente participa en
intercambios de beneficio mutuo, el nivel de vida mejora, al menos desde el punto
de vista de ellos. ¿Cómo podemos saberlo? Porque si uno no percibiera beneficios
de entrar en cierto intercambio, uno sencillamente decidirìa no entrar en èl. Por lo
tanto, el hecho que los inmigrantes siguen entablando relaciones comerciales con
ciudadanos estadounidenses, es en sì evidencia de que el nivel de vida va subiendo.
Además, como todo el mundo sabe, aquellos
que renuncian a la comodidad y la seguridad relativas de su patria, que dejan a las
amistades y a la familia y que abandonan la lengua materna, generalmente son los
más industriosos los que están dispuestos a arriesgarse por el triunfo.
Este tipo de persona contribuye un grado de vitalidad y de energìa que toda
sociedad debiera atesorar.
¿Hemos de perpetuar una polìtica de
inmigración que ha terminado por perjudicar y destruir las vidas de miles de seres
humanos y que ha reducido nuestro nivel de vida? O, ¿tiene razón Vicente Fox en
proponer que ha llegado el momento de adoptar la polìtica moral, humanitaria y
productora de la prosperidad, que son las fronteras abiertas?
Jacob G. Hornberger es presidente de The Future of Freedom
Foundation en Fairfax, estado de Virginia (www.fff.org) y
corredactor de la obra, The Tyranny of Gun Control (1998) (en
español: La Tiranìa del Control de las Armas).
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