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Es hora de retirar la guerra contra las drogas
por Jacob G. Hornberger, diciembre 2000
El ex-general del ejèrcito, Barry McAfree,
anunció recientemente que va a retirarse de su puesto de zar
antidrogas. Ojalá y se llevara consigo la guerra contra las drogas.
De todas las guerras internas que el gobierno
estadounidense ha librado en dècadas recientes, la guerra contra las drogas tiene
que ser la más nefasta y la más inmoral.
La guerra contra las drogas representa un
ataque de frente contra la libertad individual. Esta guerra ha proporcionado
numerosos pretextos para pisotear la Constitución, y especialmente la Cuarta
Enmienda; ha causado la muerte de inocentes, tanto en Estados Unidos como en el
extranjero; ha proporcionado un medio para revivir el racismo con cara de
inocente; y sin embargo, no ha podido lograr sus supuestos objetivos pese a haber
durado más de 30 años.
¿Què significa el ser libre? Como mìnimo, la
libertad significa el derecho de cada adulto de hacer lo que más le plazca en la
seguridad de su propio hogar, siempre y cuando su conducta sea pacìfica y no
abusadora: Beber cerveza. Fumar cigarrillos. Soplar cocaìna. Ver pelìculas
pornográficas. Oìr música con letra de violencia y groserìas. Leer libros eróticos.
Hacer el amor. Comer alimentos grasosos. Decir malas palabras. Hasta criticar a
los funcionarios del Estado.
Nadie es libre si el Estado puede castigar a los
adultos por comportarse asì. No importa si Vd. no tiene intención alguna de
participar en estas actividades. Si el Estado tiene el poder de castigar a la gente
por ello, entonces se trata de una sociedad dominada por la tiranìa.
La guerra contra las drogas da a la policìa el
poder de mirar por sus ventanas, de meterse en su basura, de convertir a sus hijos
en chivatos, de llevarlo ante los tribunales y de ponerlo en la cárcel, sencillamente
por hacer cosas en su propia casa que los funcionarios estatales hayan tachado de
inmorales.
¿Es esta la clase de patria que Vd. desea para
sì mismo y para los suyos?
Miremos lo que han hecho con nuestra
Constitución, la que nuestros antecesores diseñaron como barrera impenetrable
contra los registros y las incautaciones irrazonables. Ya en su automóvil o en el
aeropuerto, ya por la calle o aun en su propia casa, la policìa antidrogas con sus
perros puede acosarlo y registrarlo - y especialmente si Vd. es de tez oscura.
¿Què mejor manera de librar guerras racistas
contra las minorìas, que la guerra contra la droga? ¿Existe alguien que realmente
crea que es sólo por casualidad que las cárceles federales y estatales están
repletas de negros y de hispanos que quebrantaron las leyes antidrogas? ¿O que la
policìa emplea los perfiles raciales porque los preocupa mucho el que los negros y
los hispanos estèn tomando sustancias nocivas?
Durante más de treinta años, la guerra contra
las drogas ha venido asaltando nuestra libertad; ha venido invadiendo la intimidad
de nuestros hogares y de nuestras personas; ha servido de pretexto para
desmenuzar nuestra Constitución, para aumentar nuestros impuestos y para
justificar el racismo oficial. Ya es hora de retirar la guerra contra las drogas.
Jacob G. Hornberger es presidente de The Future of Freedom
Foundation en Fairfax, estado de Virginia (www.fff.org) y
corredactor de la obra The Tyranny of
Gun Control (1998) (en
español: La Tiranìa del Control de las Armas).
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