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Por Palabra Clave

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El terrorismo y la guerra contra las drogas
por Sheldon Richman, noviembre 2001

Sin duda no les gustaría a los norteamericanos saber que el gobierno de EE.UU. ayudó a financiar los ataques terroristas que a tantos mataron en Nueva York y en Washington.

No es una posibilidad tan remota. Según el presidente de la Cámara de Representantes, Dennis Hastert, las ganancias que provienen del tráfico de drogas sirven para subvencionar en parte las actividades de los terroristas. "El tráfico ilegal en drogas es el motor que hace caminar a muchas organizaciones de terrorismo alrededor del mundo, entre ellas la de Osama bin Laden," dijo Hastert.

Pero, ¿por qué es tan lucrativo el narcotráfico? Por una sola razón: la guerra de EE.UU. contra las drogas. ¡Qué irónico! La guerra contra las drogas ha vuelto necesaria la guerra contra el terrorismo. Es verdad que la guerra engendra la guerra.

Este es un ejemplo especialmente sórdido de lo que la CIA denomina el "contragolpe," o sea cuando le sale el tiro por la culata a una operación oficial.

Las drogas en sí son bien baratas de producir. El cultivo de la marihuana, del opio y de la coca no es difícil. En el mundo entero la gente pobre los cultiva. El procesamiento de estas plantas para convertirlas en drogas también es relativamente poco costoso.

Lo que vuelve tan lucrativa la industria de las drogas, es el intento, dirigido por Estados Unidos, de eliminarla. La prohibición de las drogas acarrea riesgos enormes y motiva grandes esfuerzos en ocultar las actividades relacionadas con ellas - en una frase, el mercado negro. El mercado negro siempre rinde hermosos lucros, los que son necesarios para poder compensar a los que corren el gran riesgo de producir las mercancías prohibidas en desafío de la ley.

Esto no es nada nuevo, es sencillamente la economía, bien fundada, del mercado negro. Desde hace mucho los que se oponen a la prohibición vienen recalcando que la manera de eliminar las enormes ganancias del narcotráfico, consiste en poner fin a la prohibición. Pocos en el mundo de la política les han hecho caso.

Ahora ha quedado bien claro, si ya no lo estaba, que las ganancias del narcotráfico se emplean para financiar operaciones aborrecibles tales como las de los grupos terroristas que quieren matar a gente inocente. Ello no debería sorprender a nadie.

En el mercado negro mandan los elementos más despiadados y detestables. Dado que el mercado negro funciona fuera del marco de la ley, los que en él participan no disponen de los métodos normales para resolver los desacuerdos. Si un negocio de millones de dólares sale mal, la víctima no puede acudir a los tribunales para poner una demanda al que la timó. De ahí que sea probable que el perdedor vaya a ocuparse del problema por su propia cuenta, lo cual implica la violencia.

Por lo tanto es natural que el narcotráfico vaya a atraer a los elementos que menos vacilen en recurrir a la violencia. Efectivamente, mientra mejor sea uno en las técnicas del gangsterismo, más éxito tendrá en ese giro. Ello le abre la puerta a los que quieren cometer actos de terrorismo.

Es bien sabido que muchos grupos que se dedican a la violencia en Latinoamérica han hecho mucha plata protegiendo a los que cultivan la coca de los agentes estatales, tanto de los de EE.UU. como de los del gobierno doméstico. No debería sorprendernos el saber que lo mismo sucede en el Asia y en el Medio Oriente.

Que no quede ninguna duda: la política estadounidense es la que ha creado esta harmonía de intereses entre la guerrilla y los campesinos pobres que tratan de ganarse la vida cultivando las plantas que se necesitan para hacer las drogas. El gobierno de EE.UU., tontamente ha esperado que pudieran convencer a los campesinos a cosechar cultivos legales y hasta ha intentado envenenar los cultivos ilícitos. Dado que la compensación monetaria del narcotráfico es tan grande, todos estos esfuerzos están condenados al fracaso.

De hecho, el grado de compensación es tal que, a menudo, los socios extranjeros de EE.UU. en la campaña antidrogas ellos mismos están involucrados en el mercado negro. Nada sirve mejor para corromper a las autoridades, que la prohibición. No olvidemos nuestros propios antecedentes en ese respecto.

Sin embargo, pese a los fracasos incontables y a los "contragolpes," el gobierno de Estados Unidos insiste en seguir librando la guerra mundial contra los productores y los traficantes de drogas. Hay que hablar con franqueza: los zares antidrogas de EE.UU., todos han servido de financieros inadvertidos para los terroristas.

Nadie pretende decir que el narcotráfico sea la única fuente de fondos para los terroristas. Pero esta industria multimillonaria es, indudablemente, una de las fuentes mayores. Sin el dinero que ellos sacan de las drogas, los terroristas tendrían que funcionar a un nivel mucho más modesto y podrían salvarse las vidas de muchos inocentes.

He aquí una razón más para poner fin a la guerra absurda contra los productores, los vendedores y los usuarios de drogas. Ya había bastantes razones, pero ésta en particular podría servir para convencer al público a volver a examinar esta torpe política.

 

Sheldon Richman es firector de la revista Ideas on Liberty y académico del Future of Freedom Foundation.  


Traducción: Jorge Amador.

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