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Por Palabra Clave

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La repatriación: aspecto desagradable de las leyes de inmigración
por Jacob G. Hornberger, octubre 1999

Recientemente, cerca de la costa de la ciudad de Miami, el pueblo norteamericano tuvo la oportunidad de presenciar el lado desagradable de las leyes de inmigración - la repatriación forzosa de inmigrantes ilegales a su paìs de origen. Los televidentes vieron horrorizados el ataque, con cañones de agua, de la Guardia Costera estadounidense contra los balseros cubanos que se habìan escapado de la isla para emigrar a Estados Unidos. El objetivo de la Guardia Costera era capturar a los refugiados para devolverlos a Cuba antes de que pudieran pisar el suelo estadounidense.

La comunidad cubanoamericana en Miami se escandalizó en torno al maltrato que nuestro gobierno propinó a los refugiados. Sin embargo, de lo que muchos no se dan cuenta, es que la captura y repatriación de los refugiados cubanos es parte ìntegra, desagradable y atroz pero necesaria, de las leyes que rigen la inmigración.

Las leyes en torno a la inmigración esencialmente declaran que ningún extranjero puede entrar en Estados Unidos sin el permiso del gobierno federal. La aplicación de la ley necesariamente implica el uso de la violencia (o de la amenaza de recurrir a la violencia) en contra de aquellos que le hagan caso omiso. La primera opción en aplicar la ley consiste en emplear la fuerza para impedirles entrar en el paìs. Tal es el objetivo de las murallas reforzadas que han construido por la frontera.

Pero, ¿què pasa si uno circunvala los obstáculos, logra entrar en el paìs ilegalmente, y luego es capturado? ¿Què se hace con èl? El permitirle quedarse en Estados Unidos constituirìa una violación de las provisiones de la ley de inmigración. Por lo tanto, la repatriación al paìs de origen es la única alternativa factible.

Desde luego, esta polìtica produce consecuencias perversas e inmorales, como lo son la cooperación de nuestro gobierno con los tiranos comunistas y la repatriación de seres humanos a la tiranìa comunista, o sea precisamente lo que sucede en el caso cubano. La reciente agresión contra los indefensos refugiados cubanos, asì como su repatriación a la tiranìa comunista, nos enseña cuán profundamente nos ha sumido en la inmoralidad y la depravación el deseo de controlar la inmigración. ¿Cómo es aun remotamente posible conciliar tal conducta con los principios judeocristianos?

Por supuesto, no es la primera vez que se hayan empleado los controles sobre la inmigración para repatriar a alguien. En los años 30, el presidente Franklin D. Roosevelt, que a menudo se presenta como gran amigo de los pobres y de los indigentes, causó gran sufrimiento al recurrir a los controles sobre la inmigración para repatriar a Mèxico a muchos ciudadanos mexicanos que vivìan en Estados Unidos. Poco despuès, en lo que ha venido a conocerse como "el viaje de los condenados," el gobierno de Roosevelt, valièndose nuevamente de las leyes de inmigración, no permitió a los pasajeros judìos del barco San Luis desembarcar en el puerto de Miami, bien sabiendo que probablemente fueran a tener que volver a su paìs de origen - la Alemania nazi.

¿Es èsto lo que en verdad queremos para Estados Unidos, un paìs cuya tradición de mantener las fronteras abiertas inspiró al mundo a lo largo del siglo XIX? Al meditar sobre el episodio en Miami y la repatriación de los refugiados al infierno comunista, cabe examinar ciertas preguntas morales fundamentales. ¿Por què no ha de tener el ser humano, el derecho de cruzar las fronteras en búsqueda de trabajo, bien sea para subsistir o bien para mejorarse, o sencillamente para visitar a su familia y a las amistades? ¿Por cuál motivo no puede permitìrsele la libertad de entablar relaciones económicas con otros para el beneficio mutuo? ¿Què derecho tiene el Estado de impedir este tipo de actividad pacìfica?

En vìsperas de un nuevo siglo, ¿por què no volver a ser los lìderes del mundo en que respecta a los principios de la libertad, de la moralidad y de la buena conducta para con los demás? ¿Por què no poner punto final a la tiranìa que representan la repatriación y los controles sobre la inmigración, y abrir las fronteras al libre movimiento de bienes y personas? ¿Por què no dejar que corra la voz de la esperanza a todos los pueblos del mundo, que el pueblo americano ha vuelto a encender la antorcha de la Estatua de la Libertad? ¿Por què no volver a declamar las lìneas que sobre ese majestuoso monumento anuncian a los pueblos del mundo: "Dènme los agotados, los pobres, las masas apiñadas que ansìan respirar libremente, Los desperdicios de sus atestadas costas. Mándenme a èstos, a los que carecen de hogar, a los que las tormentas sacuden. ¡Alzo mi luz junto a la puerta de oro!"

Jacob Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia, y corredactor de la obra, El Caso a Favor del Librecambio y la Libre Inmigración.

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