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Un libertariano visita a Cuba, Parte 2
por Jacob G. Hornberger, julio 1999
Aunque Castro no perteneció al Partido Comunista durante la revolución, rápidamente comienza a convertir a Cuba en un "paraìso" económico marxista-leninista, y obtiene la asistencia de la Unión Soviètica. Como parte del proceso de la socialización de la economìa cubana, el gobierno castrista se apodera de casi todas las propiedades, tanto de las de los nacionales como de las de los extranjeros, incluso los negocios y las propiedades de los norteamericanos. (Tambièn expulsa a la Mafia.) Los comerciantes y propietarios cubanos se ven obligados a ceder sus negocios al Estado y volverse empleados leales del Estado. Finalmente el Estado se hace el dueño y patrón único.
Al principio, Castro y sus socios se divierten con todas las riquezas que confiscaron, prometièndoselo todo al pueblo - enseñanza, viviendas, cuidado mèdico y por el estilo. "La igualdad" es el lema bajo el cual el Estado se hace de las casas preciosas y los negocios prósperos en nombre del "pueblo." El centro de mesa de la revolución castrista son dos programas socialistas: la enseñanza pública y el cuidado mèdico estatal, ambos gratuitos. Pero además habrìan viviendas públicas, bibliotecas públicas, un sistema nacional de carreteras, controles sobre los alquileres, controles sobre las armas de fuego, leyes antidrogas, estatización de las fincas, y otras medidas que al fin comprenden el sistema cubano del control estatal total sobre la vida y la suerte de cada persona.
Con su programa socialista, Castro y sus seguidores hacen caso omiso del hecho de que, al consumir la base de capital privado para subvencionar los grandiosos planes de servicios "gratuitos," a la larga condenan al pueblo de Cuba a la pobreza. Sintièndose traicionados por la marcha de Fidel Castro hacia el comunismo, muchos de los revolucionarios, que habìan luchado por principios más nobles, huyen del paìs y se van para Miami.
En 1962, la crisis de los cohetes lleva al mundo al borde del holocausto nuclear. Desde entonces, con el embargo económico y, más recientemente, la ley Helms-Burton, el gobierno de EE.UU. nunca ha perdido de vista el objetivo de derrocar a Fidel Castro y de poner a su propio "hombre en La Habana" en su lugar. No obstante, Castro se ha conservado en el poder durante los mandatos presidenciales de ocho dirigentes estadounidenses.
Mi viaje a Cuba consistió principalmente en hablar con dos grupos de personas - con los que trabajan en los centros de investigación en la Universidad de La Habana, concertados por la Sección de Intereses Cubanos en Washington, y con la gente que me encontrè por la calle. Los de los centros de investigación pueden dividirse en dos grupos adicionales: los de la "lìnea dura" y los "reformistas." Los de lìnea dura son aquellos que con pasión y determinación todavìa defienden el socialismo, y el socialismo cubano en particular. Al preguntarles por què todavìa hay tanta pobreza y sufrimiento en Cuba, la respuesta siempre es igual - es por el embargo de EE.UU. y la ley Helms-Burton. Si no fuera por estas causas, me dijeron, el socialismo cubano serìa un gran èxito. Pese a que siempre puse en claro mi oposición al embargo y a Helms-Burton, no pude resistir la tentación de romper el globo que racionaliza los fracasos del socialismo cubano. Le dije a uno de la lìnea dura, "¿No significa eso, que el socialismo en Cuba depende de la libertad económica en Estados Unidos? Eso es, si el mundo entero fuera tan socialista como Cuba, ¿entonces no sufrirìa el mundo entero?" Le resultó muy difìcil contestarme.
Al suspenderse las subvenciones sovièticas, se puso en claro que Cuba se enfrentaba con la probabilidad de que resultara un hambre general. Por lo tanto legalizaron el dólar de EE.UU., y hoy en dìa existe un sistema de moneda doble. Los hoteles, los almacenes y demás negocios (que, desde luego, son propiedad del Estado) solamente aceptan dólares norteamericanos. Esta divisa fuerte permite a las autoridades cubanas mantener en pie el endeble sistema socialista (de modo parecido a cómo los cubanos han podido mantener caminando esos miles de automóviles viejos de los años 50). Es difìcil hallar un ejemplo más evidente del abandono de los principios socialistas, que la dependencia tan abierta del dólar americano. Por lo tanto, para mì, como el ideólogo libertario que soy, fue bien divertido ver cómo los ideólogos socialistas defendìan este evidente abandono de los principios socialistas como si fuera una especie menor de reforma socialista.
Los reformistas en los centros de investigación parecen poder comprender los beneficios del mercado libre y desear grados mayores de apertura, de competencia y de cooperación en Cuba dentro del marco del mercado. (Por supuesto, todas las peticiones reformistas se expresan en tèrminos de apoyar la revolución y no de criticarla.) Muchos de ellos se mantienen al tanto de los acontecimientos intelectuales en Estados Unidos. Por ejemplo, en los estantes vi revistas de economìa, obras de Milton Friedman y Ludwig von Mises, y libros de texto keynesianos.
Una reforma que no se preconiza abiertamente es la privatización. En todos los centros de investigación que visitè, hice la misma pregunta: "¿Es tema de discusión la privatización?" La respuesta siempre fue igual: "No." Y en ninguna ocasión se habló más del asunto.
Me reunì con un funcionario del Grupo de Desarrollo de La Habana, la agencia que se encarga de la planificación y el desarrollo de esa ciudad. Es un arquitecto amable, de mediana edad, que me explicó con mucho afán el plan maestro de la ciudad, con un modelo de La Habana que llena todo un recinto enorme. Pero al cabo de 40 años de la planificación central socialista y el dominio estatal, y pese a las mejores intenciones y a la indudable dedicación del arquitecto y de sus colegas planificadores, La Habana, antaño una de las ciudades más bellas del mundo, hoy dìa parece una ciudad asolada por la guerra. Como me dijo un taxista, "Cuando uno es dueño de algo, uno lo cuida. Cuando la sociedad es el dueño, nadie lo cuida."
Le preguntè a una acadèmica, que apoya la lìnea dura, si alguna vez habìa viajado a Estados Unidos. Me respondió que, "Sì. El año que viene, voy a asistir a una conferencia en Harvard." No pude suprimir la sonrisa y exclamè, "Ah, te vas a sentir como en casa. ¡En Harvard son bien socialistas!"
Hice una visita extraoficial a una sucursal del servicio de rentas públicas, con el propósito de obtener copia de una declaración de impuestos cubana. Un funcionario me informó que no habrìa ninguna dificultad, pero que primero tenìa que recibir el permiso de los superiores. De momento se me olvidó dónde estaba, y dije, "La muerte y el Estado - en todas partes es imposible evitarlos." Evidentemente los funcionarios de recaudación de impuestos son iguales en todas partes, porque el señor me miró de reojo, entró en una oficina, y volvió para informarme que habìan acabado de agotarse los formularios.
Todas las personas que visitè en los centros de investigación me recibieron con amabilidad y cortesìa, pero obviamente seleccionaban sus palabras con mucho cuidado. En la calle fue algo totalmente distinto. Me fue bien fácil tratar con el cubano promiedio, con el resultado que muchos se expresaron en torno a su patria con una franqueza sorprendente. Efectivamente, si las autoridades en Cuba insisten en meter a la gente en la cárcel por criticar el socialismo cubano abiertamente, van a tener que formular un plan quinquenal para expandir las cárceles.
Jacob Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia, y corredactor de la obra, The Case for Free Trade and Open Immigration.
Lea: Un Libertariano Visita a Cuba, 3ªParte (de 3)
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