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Un libertariano visita a Cuba, Parte 1
por Jacob G. Hornberger, mayo 1999
La primavera pasada, pasè una semana fascinante en uno de los últimos baluartes del comunismo - la isla de Cuba. Solicitè una licencia de la Oficina para el Control de los Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro de EE.UU., para poder viajar a Cuba a realizar un estudio informal del sistema económico socialista de ese paìs. (La Corte Suprema ha opinado que los ciudadanos norteamericanos tienen el derecho fundamental de viajar, pero bajo el embargo estadounidense los norteamericanos no pueden gastar dinero en Cuba legalmente, lo cual en efecto nos niega el llamado derecho fundamental de viajar.) Una vez emitida la licencia, me puse en contacto con la Sección de Intereses Cubanos en Washington, para pedir una visa especial de "investigación," con la explicación que deseaba estudiar los efectos del embargo estadounidense con respecto al modo de vida en Cuba. Las autoridades cubanas me dieron la visa, me autorizaron para conversar con la gente en la calle, y a petición mìa, concertaron entrevistas con varios "centros de investigación" en la Universidad de La Habana.
Volè a La Habana desde Miami en un avión fletado. La mayorìa de los que iban en el vuelo eran cubanos residentes en Estados Unidos que querìan visitar a sus familiares en Cuba. Me explicaron la situación económica desesperada de los cubanos, y me mostraron cómo llevaban puestas varias capas de ropa, lo cual les permitìa llevar más ropa para la familia sin tener que pagar cuotas por exceso de equipaje.
Durante el corto vuelo a La Habana (de 45 minutos), pensè en la historia de Cuba. A fines del Siglo XIX, el pueblo cubano se levanta contra el dominio español y durante muchos años sostuvo una guerra encarnizada por la independencia. En el 1898, el gobierno norteamericano interviene en la guerra, dizque para ayudar a los cubanos a ganarse la independencia. El apóstol de la independencia de Cuba, Josè Martì, que cayó en la guerra,
habìa advertido a los cubanos a sospechar de la "asistencia" del gobierno estadounidense, porque iba a emplearse como pretexto para controlar y dominar a Cuba.
Martì tuvo razón. Al final de la guerra hispanoamericana, las tropas norteamericanas permanecen en Cuba (hasta 1902), y las autoridades estadounidenses obligan a los cubanos a agregar una enmienda a la constitución que da carta blanca al gobierno de EE.UU. para intervenir en los asuntos de Cuba cuando aquèl lo considerara necesario. Es durante este perìodo que Estados Unidos obtiene la base en la Bahìa de Guantánamo. (Posiblemente los cubanos hayan tenido suerte en no resistir el imperialismo norteamericano con mayor energìa. Las Filipinas, que tambièn se habìan alzado contra España, despuès de la derrota española tuvieron que librar otra guerra brutal de independencia contra los "salvadores" norteamericanos - guerra que resultó en decenas de miles de filipinos muertos y en más bajas estadounidenses que durante la guerra contra España.)
En el 1940, el general Fulgencio Batista gana las elecciones presidenciales, y al vencerse su mandato en 1944 se retira, ya multimillonario, a la Florida. Ocho años más tarde, Batista vuelve a Cuba a aspirar a la presidencia. Pero, sabiendo que va a perder las elecciones, Batista se hace del poder en un golpe de estado, disuelve el congreso, y cancela los comicios. Uno de los que habìa querido postularse para el congreso como reformador es un joven de 25 años, Fidel Castro. Castro se habìa hecho famoso como crìtico ìntegro de la corrupción del gobierno.
Entre los secuaces preferidos de Batista se contaban los jefes mafiosos, que mudaron sus operaciones a La Habana cuando se les clausuraron los casinos en la Florida. Con la ayuda de Batista, la Mafia establece su base de operaciones en Cuba, no solamente para el juego, sino tambièn para la distribución de heroìna y cocaìna a Estados Unidos. Desde luego, los jefes mafiosos a su vez rinden grandes comisiones a Batista.
Pese a que las autoridades estadounidenses saben que se trata de un tirano corrompido y antidemocrático, en plena sociedad con los asesinos y narcotraficantes de la Mafia, Batista es el "hombre en La Habana" del gobierno norteamericano. Nada de ello le importa a los funcionarios en Washington. Lo que sì importa es que, como tìtere de Washington, Batista obedece las órdenes de los dirigentes norteamericanos.
En julio de 1953, Castro lanza la revolución cubana con un ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, pero es capturado y enjuiciado. Castro emplea el proceso, que se transmite por la radio nacional, para exponer la corrupción y la brutalidad del règimen batistiano. Al final del juicio, Castro emite su más famosa declaración: "Condènenme, no me importa. La historia me absolverá."
Castro recibe una sentencia de 15 años en prisión, pero es liberado en 1955, despuès que Batista gana la presidencia en elecciones amañadas. Se muda a Mèxico, donde comienza la próxima etapa de la revolución. En 1956, sale de Mèxico con 81 revolucionarios en el Granma, un bote de 38 pies, para enfrentarse a los 40.000 efectivos del ejèrcito de Batista. Al desembarcar en Cuba, son atacados por las fuerzas de Batista y pierden más de 50 hombres. Castro apenas se escapa con otros 28, entre ellos Ernesto "Chè" Guevara.
Con el apoyo pleno del gobierno estadounidense, que envìa armas, bombarderos y aviones de combate, las fuerzas de Batista intentan suprimir la revolución y matan a más de 20.000 cubanos durante la guerra. Pero el pueblo de Cuba ya está harto de Batista, de la Mafia, de la corrupción polìtica, de la tortura y los asesinatos - asì como del apoyo norteamericano de todo esto. Los pobres de Cuba se une a las fuerzas castristas. Más adelante, el ejèrcito de Batista comienza a desertar a las fuerzas revolucionarias. El dìa 1† de enero de 1959, Batista huye del paìs y se retira en esplendor en España con los millones que recibió de sus cómplices mafiosos. El 3 de enero de 1959, Castro entra triunfalmente en La Habana, vitoreado por miles de cubanos.
Desde luego, los funcionarios estadounidenses saben que Fidel Castro no es "su hombre en La Habana" y que no va a ponerse a su disposición, y máxime porque EE.UU. habìa apoyado indirectamente la corrupción polìtica, el narcotráfico, las torturas y los asesinatos, por no decir de que ayudó a matar a miles de revolucionarios cubanos. El Presidente Eisenhower ordena a la CIA a destituir a Castro y a instalar a un presidente nuevo más ameno a los diseños de Washington. (Eisenhower y la CIA todavìa estaban seguros de poder hacerlo, dado lo que habìan logrado unos pocos años atrás. En 1954, la CIA derrocó a Jacobo Arbenz, el presidente debidamente electo de Guatemala, acto que sumió a ese paìs en una guerra civil violenta que duró varias dècadas y resultó en la muerte de cientos de miles de guatemaltecos.)
En 1960, John F. Kennedy gana la presidencia, y el próximo año autoriza a la CIA y a los exiliados cubanos a invadir a Cuba en Bahìa de Cochinos, con el propósito de derrocar a Fidel Castro. El ataque fracasa por tres motivos principales: la CIA traiciona a la fuerza invasora cubana al aconsejar a Kennedy a negarles el apoyo aèreo; las fuerzas castristas están listas para combatir la invasión; y el pueblo cubano no está de ningún humor para lidiar con otro tirano corrupto y brutal apoyado por Estados Unidos, cuyo salario dependiera de las actividades mafiosas.
A su vez, Castro comienza a traicionar los principios por los cuales habìa luchado. Negándose a permitir elecciones presidenciales abiertas y honestas en Cuba, eventualmente se declara dictador de por vida. Fusila a los que se oponen al nuevo règimen. Nacionaliza los medios de información, suprime brutalmente la disención y hasta declara un crimen grave el criticar el socialismo y la revolución cubana. Por todo ello, Castro justifica su control creciente sobre el pueblo cubano con la amenaza de la intervención estadounidense.
Jacob Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia, y corredactor de la obra, The Case for Free Trade and Open Immigration.
Lea: Un Libertariano Visita a Cuba, 2ª Parte (de 3)
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