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El control de la inmigración: Causa de la Explotación
por Sheldon Richman, septiembre 1998
Es casi imposible no sentirse conmovido por la noticia de hace algunos meses, acerca de los inmigrantes mexicanos sordomudos que, según los informes, fueron obligados a trabajar en las calles de Nueva York. No cabe duda alguna que hubieron de sufrir condiciones horribles de explotación.
No obstante, si les preguntáramos si prefieren esa vida a la que dejaron en Mèxico, la respuesta podrìa sorprendernos. Deben de haber visto la posibilidad de obtener una vida mejor en Estados Unidos, de otro modo no habrìan emprendido un viaje tan peligroso. Además, eventualmente podrìan haber logrado superarse. Los inmigrantes anteriores todos tambièn se enfrentaron con dificultades al llegar a este paìs, pero vinieron por su propia voluntad, y tarde o temprano ellos o sus hijos pudieron prosperar.
Con todo y eso, no puede negarse que estos pobres seres humanos quedaron a merced de los "coyotes" que los pasaron clandestinamente a Estados Unidos, asì como de los que les dieron empleo una vez aquì.
Asimismo, hasta ahora se ha hecho caso omiso de que los coyotes y los explotadores tienen ciertos cómplices, sin cuya ayuda nunca podrìan haber realizado sus nefastos planes: el Congreso, el presidente, y el Servicio de Inmigración y Naturalización (siglas en inglès: INS). La asistencia indispensable que estos funcionarios proporcionan consiste en el obstáculo legal que erigen contra el libre movimiento de las personas a Estados Unidos, en contra del derecho de emigrar a este paìs.
Hay muchos casos de lo que pudiera llamarse la Ley del Mercado Negro. Cuando el Estado intenta prohibir cierta actividad pacìfica que el público desea practicar, la actividad continúa, pero en condiciones peores que antes. Ejemplo clásico es la Prohibición de las bebidas alcohólicas durante la dècada de los 20: el público no dejó de beber, pero la industria de la bebida quedó enredada en el bajo mundo. La violencia en relación con este mercado creció astronómicamente. La policìa se vio corrompida por las tentaciones del enorme lucro que en el mercado negro implica el riesgo de elaborar la bebida y distribuirla. Lo mismo puede decirse con respecto a la prohibición de los narcóticos y demás drogas.
¿Què tiene que ver todo esto con la inmigración? Aunque la inmigración no está prohibida, sì se encuentra limitada por la ley. Muchos que desean venir a Estados Unidos, no pueden hacerlo legalmente. Sin embargo, la naturaleza del ser humano lo empuja a buscar una vida mejor, y no desiste de ello sencillamente porque el Estado dice que no. Hallará otros modos de entrar. El resultado es que surge el coyote para proporcionar el servicio de contrabando, por el cual muchos están dispuestos a pagar cantidades enormes. Una vez llegados a Estados Unidos, los patrones ofrecen plazas de baja categorìa y escaso sueldo. Se trata sencillamente de una cuestión de oferta y demanda.
Lo que sucede es que, como esta actividad es ilegal, tanto los coyotes como los patrones tienen a la mano un medio fácil de explotar al inmigrante: pueden amenazarlo con reportarlo al INS, o con regresarlo a su paìs con las condiciones de vida que habìa dejado. Sin dinero en un paìs extraño de habla distinta: en tal situación es difìcil resistir las exigencias explotadoras de alguien con tanto poder. El inmigrante tiene pocas alternativas en lo que respecta a las condiciones de empleo y de vivienda. Las promesas se rompen impunemente. A no ser que quiera ser deportado, el ilegal no tiene recurso alguno en el sistema jurìdico.
Pero estemos bien claros acerca de la fuente de ese gran poder para explotar a estos seres vulnerables: son las leyes de inmigración aprobadas por el Congreso y aplicadas por el INS. Son cómplices instigadores en la explotación de los mexicanos en Nueva York, asì como en la muerte de los ilegales que, entre otros horrores, fallecen de asfixia metidos en vagones de ganado para esconderse de la Inmigración. Sin las leyes de inmigración, hoy dìa estas vìctimas de la polìtica del Estado vivirìan todavìa.
El debate sobre la inmigración se ha sostenido apasionadamente durante muchos años. Los que están en contra tratan de asustar a los americanos con cuentos de inmigrantes que cometen crìmenes y viven de la asistencia social. Dicen que la cultura de los inmigrantes es una amenaza a la cultura norteamericana. Son todos pretextos. De no extraer fondos de los contribuyentes para la asistencia social, el Estado no tendrìa dinero para el mantengo. El crimen que cometen los inmigrantes deberìa tratarse del mismo modo que el que cometen los naturales. En cuanto a nuestra cultura, èsta es robusta precisamente porque es una mezcla abierta de tantos elementos diversos. Los inmigrantes enriquecen la cultura americana.
Atascado en la ciènaga de las estadìsticas, el debate sobre la inmigración elude los fundamentos, que son: Primero, la libertad de circular pacìficamente es un derecho natural del ser humano. Segundo, es propio de la naturaleza humana, el esforzarse por mejorar la vida. Mientras el Estado intente frustrar esta tendencia natural mediante el control de la inmigración, seguiremos presenciando la degradación, la explotación, y la muerte que tan a menudo resultan de ello. Y el gobierno federal seguirá siendo cómplice en estos delitos.
Sheldon Richman es el vicepresidente de economìa polìtica en la Fundación El Porvenir de la Libertad (The Future of Freedom Foundation), ubicada en Fairfax, estado de Virginia.
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