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Por Palabra Clave

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Reflexiones sobre un siglo atroz de Robert Conquest
por Richard M. Ebeling, septiembre 2001

Cuando finalizaba el siglo XIX, había un gran sentimiento de optimismo y confianza. El número del 31 de diciembre de 1899 del New York Times había dedicado casi enteramente la página editorial a un resumen de los magnificentes logros del siglo XIX: el motor a vapor, el ferrocarril, el telégrafo y el teléfono, y la lamparita eléctrica. ¡Hasta la caja registradora! El editor del Times concluía: “Damos el paso hacia el 1900 que lleva al nuevo siglo que enfrentará una civilización aún más brillante”.

También existía la creencia de que las guerras ­al menos las grandes guerras- eran algo del pasado. Libros como el de Gustav de Molinari, “La Sociedad del Mañana” y el de Norman Agnell, “La Gran Ilusión” sostenían que las guerras y las competencias por las armas se habían transformado en algo demasiado costoso como para que las personas del mundo quisieran seguir en ellas. Además, el aumento del comercio internacional y la inversión hacían rápidamente que el mundo fuera globalmente una comunidad económica interdependiente. Los hombres racionales no amenazarían romperla y dividirla utilizando la sangre de los hombres que podrían estar trabajando para mejorar su situación material mediante el trabajo industrial pacífico y el comercio.

Como dijo el historiador inglés G.P. Gooch en la década del 30: “Sólo los hombres y mujeres que, como yo, eran ciudadanos adultos al comienzo del siglo pueden darse cuenta del gran contraste entre los años precedentes y los siguientes a la Primera Guerra Mundial... La civilización se estaba expandiendo en todo el mundo a pasos agigantados; la ciencia nos daba milagros tras milagros; la riqueza se acumulaba a un ritmo poco soñado en otras generaciones; las comodidades de la vida eran llevadas al alcance de un cada vez mayor número de nuestros prójimos.... Las naciones estaban en dirección hacia mayor libertad y una más completa humanidad.... Nadie hablaba de un posible regreso a la Era Oscura ni se preguntaba si podríamos mantener la civilización a flote.”

La Realidad del Siglo XX. ¡Cuán diferente resultó ser este siglo que acaba de terminar para cientos de millones de personas en el mundo! Si bien el progreso científico ha continuado y varios millones de nosotros han aumentado su calidad de vida de manera que era inimaginable a comienzos de siglo, también ha sido un tiempo de guerras y guerras civiles, tiranías comunistas y fascistas brutales, dos devastadoras guerras mundiales, cerca de medio siglo de Guerra Fría, y el crecimiento de un estado benefactor intervencionista sofocante.

¿Por qué ha resultado ser así y cuáles han sido sus efectos? ¿Cuáles son las esperanzas para el futuro? Estas son las preguntas profundamente analizadas por Robert Conquest en su reciente libro, “Reflexiones sobre un siglo atroz”. Conquest ha sido una de las autoridades máximas en el tema de las realidades del comunismo en la Unión Soviética, especialmente durante el período de Stalin. Ahora ofrece una interpretación de las razones de estas tragedias globales de nuestros tiempos.

La Batalla de las Ideas. El aumento de la libertad de los siglos XVIII y XIX, según Conquest, requirió de la asunción de que ninguna sociedad humana podía ser construida sobre la base de un dogma absolutista. Una pacífica sociedad civil de tolerancia, diversidad y respeto por los individuos y la economía de mercado se basaba en la premisa de que mientras haya muchas ideas diferentes acerca de la verdad, bondad, virtud y valor, no habrá una idea a la cual todo puede ser reducido y con la cual todos tienen que estar de acuerdo.

Pero comenzado en la segunda mitad del siglo XIX, aparecieron hombres y movimientos que reclamaban haber descubierto la única, sola verdad, la gran idea que explicaba todo y según la cual un mundo nuevo y mejor se podía construir. El socialismo, especialmente en su forma marxista, representaba esa idea nuclear. Su único rival en el siglo XX fue la idea unificadora de nacionalismo y las mitologías de identidad nacional y racial. Estas ideas crearon los estados monstruosos de comunismo soviético y nazismo alemán. En lugar del mundo de paz y armonía internacional que era el resultado del liberalismo clásico y el capitalismo, el comunismo y el nazismo dividió al mundo en términos de clases y conflictos nacionales. Millones y millones de personas fueron separadas y asesinadas en nombre de la Idea.

Explicando el Comunismo. Lo que hizo que el comunismo fuera tal amenaza en el siglo XX, según explica Conquest, no fue meramente ninguna posible amenaza militar de la Unión Soviética, sino el entusiasmo con el cual tantos intelectuales en el Oeste abrazaron esta visión de la utopía socialista e inocentemente aceptaron la propaganda y la desinformación del gobierno soviético. Una “nueva civilización” de paz, prosperidad y hermandad se estaba construyendo en la Rusia soviética y sólo el ignorante o el apologista de un capitalismo injusto podría negar o poner una duda sobre esto. Y cuando las “imperfecciones” de la experiencia soviética ya no podían negarse, entonces el alegato siempre podía transferirse a una nueva esperanza para el futuro, ya fuera la China de Mao, o la Cuba de Castro, o la Nicaragua sandinista.

Mirando Hacia Delante. Ahora, frente a la reducción del comunismo, el siglo XX finalizó con sólo una parcial vuelta a la libertad. La comunidad intelectual y el establishment educativo, advierte Conquest, siguen dominados por la misma búsqueda de un mundo renovado según un gran diseño. Aún persiste el desgano de aceptar que el hombre es un ser imperfecto, que la sabiduría reside no en una mente ni en una generación, y que intentar reducir al hombre y la sociedad a fórmulas ideológicas estilizadas y modelos cuantitativos sólo pueden llevar al desastre. Estos perpetuos seguidores de la gran Idea no aceptan la realidad de que la sociedad moderna es demasiado compleja para que cualquier ingeniero social pueda manipularla y rehacerla en forma exitosa según su diseño.

Conquest sostiene que un ejemplo de esta pretensión es la idea de Europa, en lugar de la pluralidad de la distinción histórica de personas, culturas y tradiciones. Lo que está siendo políticamente impuesto es una “federalización terrible de Europa” bajo la cual la burocracia de la Unión Europea “ahora tiene o reclama mayores poderes sobre sus miembros en algunos asuntos (como la ley laboral) que el gobierno federal de Washington tiene sobre los estados”. Y él advierte que “la Unión Europea... constituye un bloqueo del desarrollo del libre comercio mundial, ya que se trata desde el punto de vista global de un interés especial de gran escala (o un grupo de intereses especiales)”. Y “su burocracia debe seguramente ser confrontada lo mejor que podamos”.

El ideal político de Conquest es a favor de un estado moderado, en el cual pueda haber debates acerca de las funciones legítimas y límites del poder y las intromisiones del gobierno, pero donde el principio detrás de todo esto tiene que ser fundamental es el respeto a la dignidad y la libertad individual, una apreciación de la superioridad del orden del libre mercado, y un respeto hacia las tradiciones e instituciones evolucionadas de la sociedad libre. Si estas fueran a convertirse en las bases sobre las cuales se basara el discurso político, entonces el siglo XXI tendría mayores chances de escapar a la experiencia atroz del siglo que acaba de finalizar.

 

Richard Ebeling es profesor de Economía y titular de la cátedra Ludwig von Mises en la Hillsdale College, Hillsdale, Michigan, y también es vicepresidente de asuntos académicos de The Future of Freedom Foundation.  
Este comentario fue originalmente publicado en Freedom Daily. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Future of Freedom Foundationa la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.

Traducción: Hernán Alberro

 

 

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