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Por Palabra Clave

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Debe el estado castigar a los que toman drogas?
por Jacob G. Hornberger, agosto 1999

La negativa del aspirante a la candidatura republicana a la presidencia, George W. Bush, a desmentir los rumores de que en alguna ocasión tomó cocaìna, suscita ciertas cuestiones de moral: ¿Por què motivo ha el Estado de castigar a los adultos que usen drogas? ¿Por què no dejar a la gente libre de actuar autodestructivamente, siempre y cuando su conducta sea pacìfica? ¿Por què encarcelar a nadie, multarlo, y confiscarle la propiedad, sencillamente por haber hecho algo que no supone violencia alguna contra los demás?

Las respuestas a estas preguntas, dependen fundamentalmente del significado de la libertad humana. ¿Què queremos decir, cuando decimos que alguien es libre?

Tomemos el ejemplo más sencillo. Un hombre soltero, de 40 años de edad, se encuentra en su sala, donde bebe vodka, fuma cigarrillos, e inhala cocaìna. Reconocemos que su conducta es peligrosa y autodestructiva. Pero, ¿què le importa al Estado? ¿Es aceptable permitir al Estado convertir la conducta en crimen, nada más porque pudiera acarrear riesgos para el que actúa de ese modo?

En una democracia representativa, la cuestión polìtica central es esta: ¿Pueden someterse al deseo de las mayorìas, las decisiones pacìficas que toma una persona en su vida? ¿No serìa mejor dejarlas fuera del alcance de las mayorìas?

La mayor parte de los norteamericanos conceden que todo ser humano posee ciertos derechos inherentes que las mayorìas no han de controlar. Casos tìpicos de ello se hallan en la Primera Enmienda a la Constitución - la libertad de culto, la libertad de expresión, la libertad de prensa, el derecho de reunirse con otros. Por ejemplo, aun si el 95 por ciento del pueblo norteamericano decidiera que todos tenemos que ir a la iglesia los domingos, carecerìan del poder de promulgar leyes con ese propósito, porque la Constitución prohìbe a la mayorìa aprobar tales leyes.

¿Por què no conceder el mismo nivel de protección bajo la Constitución, a lo que ingiere la persona? Es su propia boca. Es su propio cuerpo. Es decisión suya, lo que vaya a meter en èl. Si la mayorìa no tiene el poder de controlar nuestras decisiones religiosas e intelectuales, ¿què justificación hay para darle el poder de controlar esta parte de nuestra vida?

Algunos podrìan responder que, "Si la gente usara drogas, 'la sociedad' se verìa perjudicada." Aun suponiendo que ello fuera verdad, ¿acaso no tenemos el derecho de vivir para nosotros mismos, y no para "la sociedad"? El ser humano verdaderamente libre forma parte de la sociedad, pero no es propiedad de ella. Es dueño de sì mismo y sigue teniendo el derecho de llevar su vida a su propio gusto, libre del control estatal, siempre y cuando se comporte de manera pacìfica.

Esta es la idea central de la Declaración de la Independencia. Cada persona posee derechos naturales y fundamentales que existen antes que el Estado. Entre estos derechos están los de la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad. La idea que, aun en una democracia representativa, estos derechos permanecen fuera del alcance del Estado, fue reconocida posteriormente en la Constitución.

Es cierto que algunos prefieren buscar la felicidad de maneras que otros condenan. Pero, ¿no es èsta la esencia de lo que es la sociedad libre? Si la gente solamente tuviera la "libertad" de comportarse del modo que el Estado considera "responsable," entonces bajo tal norma, ¿no podrìamos decir que los chinos y los norcoreanos son "libres"?

La prueba absoluta de la sociedad libre, no es el grado al cual la gente pueda comportarse de manera "responsable," sino el grado al cual la gente pueda comportarse en maneras que todos los demás consideren "irresponsables" - una vez más, siempre y cuando su conducta sea pacìfica (es decir, sin cometer asesinatos, violaciones, robos, etcètera). En la sociedad libre, el deber del Estado es el de proteger el ejercicio de nuestras preferencias, no de destruirlo.

Por lo tanto, si efectivamente George W. Bush tomó cocaìna alguna vez, tenìa todo el derecho de hacerlo. Bien podrá ser que otros no estèn de acuerdo con su decisión, pero nadie tiene derecho a darle cárcel, a imponerle multas, ni a confiscar su propiedad por haberlo hecho. Es su derecho inalienable de vivir su propia vida como le dè la gana, siempre y cuando su conducta sea pacìfica.

Este principio tiene aplicación al caso de George W. Bush. Igualmente se aplica a todos los demás.

Jacob G. Hornberger es el fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia.

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