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La propiedad como clave para la autodeterminación
por Sheldon Richman, julio 2000
No existe, en el campo de la filosofìa polìtica, un concepto más controvertido que la propiedad. Entusiasma a los liberales, provoca repulsión en los socialistas, y deja a los estatistas inconsistentes ("progresistas" y conservadores) confundidos. Pero, ¿què tiene la propiedad que le otorga ese poder?
Para responder a esta pregunta, es importante notar que una filosofìa polìtica errónea lleva ineludiblemente a una nocièn errónea de la propiedad. Los socialistas de buena fe (aquellos que no están simplemente motivados por envidia) creen que la propiedad limita la libertad y origina peligrosas concentraciones de poder. Si se parte de premisas erróneas con respecto a la naturaleza de la libertad, se llega a la conclusión de que la propiedad es una herramienta de opresión. Si no puedo atravesar su propiedad, entonces existen lìmites a mis acciones. Es una limitación a mi libertad de movimiento. Si los medios de producción son de propiedad privada, se me puede privar de ellos, en principio, y limitar mi capacidad de trabajar y sobrevivir. Alguien fuertemente comprometido con una idea confusa de la libertad puede criticar la propiedad privada por considerarla una institución que le impide a la gente alcanzar sus objetivos.
Es importante comprender este punto, porque la habilidad de los liberales de convencer a los socialistas acerca de la virtud de la propiedad puede depender de ello. Los socialistas se equivocan en el momento en que reflexionan acerca de la libertad y la propiedad fuera de contexto o en un contexto inapropiado, desligado de las ideas más fundamentales. Los conceptos existen en una jerarquìa; o sea, consituye bloques de construcción, cada uno de ellos basado lógicamente en conceptos anteriores que le dan validez. Reflexiones acerca de un concepto que no toman en cuenta el contexto en el cual existe dicho concepto tienden a llevar a errores.
Tomemos, por ejemplo, el famoso dictado de Proudhon, "La propiedad es robo." Si esto intenta ser una proposición general, entonces es un absurdo. El robo en sì mismo requiere de la legitimidad de la propiedad. Es ilegìtimo tomar para sì la propiedad ajena. No se puede entender el significado de "robo" sin antes haber comprendido el significado, y la legitimidad, de "propiedad". Utilizar el concepto de "robo" al mismo tiempo que se niega la legitimidad de la propiedad subvierte la idea de robo y desmorona toda la proposición. Tal mal uso de un concepto es lo que Ayn Rand y Nathaniel Branden llamaron "concepto robado". Si se niega la propiedad, entonces se pierde el derecho a utilizar el concepto de "robo".
La noción de propiedad, asì como la de robo, tambièn existe en un contexto. Si malinterpretamos el contexto, o lo ignoramos, estamos en problemas. Los socialistas lo ilustran cuando afirman que la propiedad viola la libertad y los derechos. Los liberales, sin embargo, la ven como un elemento esencial necesario para que existan la libertad y los derechos.
¿Cómo puede existir un desacuerso tan profundo? Probablemente provenga de diferentes nociones de lo que significan la libertad y el derecho. Si se cree que significan libertad de desear, o el derecho a actuar sin respetar los "arbitrarios" lìmites de la propiedad, entonces no se estará de acuerdo con alguien que defina la libertad y los derechos como lo hacen los liberales. Los socialistas pueden decir que la propiedad les impide hacer cosas que deberìan poder hacer. Los liberales responderìan que el socialista no deberìa poder hacer esas cosas. La discusión, entonces, se centra en la definición de libertad. Pero la libertad solo existe en un contexto. Por ello, el proceso intelectual es llevado a una etapa lógica anterior.
Hace algunos años, David Kelley analizó este tema en un artìculo fascinante titulado "Life, Liberty and Property" ( Social Philosophy & Policy, vol. 1, no. 2, Primavera 1984). A Kelley le molestaba que los liberales frecuentemente intentaban defender la propiedad haciendo referencia a la libertad y a la ausencia de coerción. Pero èl no cree que esto funcione.
Como indicado anteriormente, el oponente a la propiedad puede afirmar que su libertad de caminar por donde se le plazca es violada por la existencia de derechos de propiedad. Puede afirmar que cuando es forzado a abandonar la propiedad ajena, es forzado injustamente. ¿Cómo sabemos que está equivocado? No podemos meramente afirmar que no tiene derecho a caminar por donde quiera porque estarìa violando un derecho de propiedad. Esto constituye una petición de principio. ¿Porquè es más relevante el derecho de propiedad al estilo de Locke que el derecho de caminar por donde se quiera? (el derecho a caminar no es equivalente a un derecho de propiedad, pues no implica control y posesión continuos.)
Tampoco podemos decir que los derechos de propiedad son necesarios para evitar conflictos, ya que existen otras maneras de lograr estos objetivos. (El gobierno pone las reglas acerca del uso de los parques; existe una medida para evitar el conflicto.) El liberal se pone en peligro al intentar definir la propiedad en tèrminos de libertad, y la libertad en tèrminos de propiedad. El argumento se vuelve circular. ¿Cuál viene primero -el huevo de la libertad o la gallina de la propiedad?
Kelley sugiere que esta pregunta está mal enfocada, y que, de hecho, tanto la libertad como la propiedad derivan de otra cosa: el derecho a nuestra vida y el valor de la vida y la producción. Ahora nos encontramos en el campo de la ètica, lo cual es apropiado, ya que es lógicamente anterior al de la teorìa polìtica. Los liberales se perjudican a sì mismos en la medida en que creen que pueden hacer filosofìa polìtica sin primero pasar por la ètica. Un signo inequìvoco de este acercamiento es la referencia común al "axioma de no-agresión". Este axioma es una proposición irreducible. Es válido en sì mismo. ¿Cómo se da el axioma de no agresión validez a sì mismo? Esto no queda claro. No se comete una contradicción al negarlo (Como sì ocurre con el principio de identidad). Por ello, este axioma debe ser derivado de algo anterior, en cuyo caso no se trata ya de un axioma.
La conclusión es que si simplemente afirmamos la validez de los derechos de propiedad , o no los fundamentamos lo suficientemente, no convenceremos a nuestros oponentes. Ellos están trabajando desde un contexto diferente, y están prácticamente hablando otro idioma. De hecho, debemos bajar a niveles más fundamentales de discusión, explicar el contexto competitivo, exponiendo los puntos de desacuerdo básicos, y mostrando dónde nuestro oponente está equivocado.
Tengo una sugerencia acerca de cómo interesar a un socialista de buena fe en la discusión. Empiece con la fuerte proposición de que la propiedad es necesaria para la autodeterminación. Esto llamará su atención. Podemos demostrar fácilmente que, sin derechos de propiedad, todos nosotros, incluidos los no propietarios, estamos a merced del Estado. Esto no da validez a los derecho de propiedad, sino que es la descripción de una de sus funciones. Si no existe el derecho a usar y disoner de aquello adquirido legìtimamente, el Estado tendrá poder sobre todo uso y disposición. Todos seremos arrendatarios y empleados del Estado. Los socialistas responderán que, bajo un sistema de laissez faire, algunas personas serán arrendatarios y empleados de otras. Esto es cierto, pero es muy diferente a ser un súbdito del Estado. Asuma una economìa libre en la que cada persona trabaja para otra y alquila en lugar de poseer una vivienda. No se encuentra sujeto a la piedad de un empleador o arrendador especìficos. El mercado es abierto, y por lo tanto competitivo. Los empresarios intentarán competir por sus servicios y negocios. Tendremos opciones.
Incluso un trabajador poco calificado, si posee ambición, puede encontrar una manera de adquirir más habilidades. Esto puede implicar aceptar un trabajo de bajo salario para aprender acerca de un negocio en particular, pero al menos ninguna ley de salarios mìnimos le impedirìa tomar dicha decisión. Al mismo tiempo, una sociedad cada dìa más rica harìa que su magro salario adquiera más valor.
Compare la situación de esta persona con la de un trabajador poco calificado en una economìa manejada por el Estado. ¿Quièn tiene mayores oportunidades de poder trazar el rumbo de su propia vida?
Si el socialista saca el tema de los monopolios, no deberìa poder llegar muy lejos. ¿Cuál es la lógica de proponer un monopolio estatal para remediar la existencia de uno privado? La única razón que podrìa llevar a esta preferencia es la creencia de que la gente que trabaja para el gobierno es mejor que la gente que trabaja en el sector privado. Esto no es creible hoy en dìa, si es que en algún momento lo fue. Choca con el sentido común.
Además, la historia y la teorìa económica muestran que el monopolio, en el sentido coercitivo, tiene sus raìces en el favoritismo gubernamental. No es un producto del mercado. Mientras no existan barreras legales de entrada, ningún individuo puede acaparar todo el mercado. Lo más que puede hacer es satisfacer tan bien a sus consumidores que nadie desee competir con èl. Pero cuando deje de ser tan bueno, tendrá competidores. De hecho, los competidores potenciales tienen tanta influencia sobre la conducta de una empresa como la competencia actual.
El punto principal es que o los propietarios privados regulan el uso de la tierra y los recursos productivos -en un ambiente caracterizado por la competencia y la cooperación- o lo hará el Estado, la institución más sanguinaria de la historia. Si la autodeterminación es la capacidad de tomar decisiones importantes acerca de nuestra vida, deberìa quedar claro cuál de estos dos arreglos conduce a ella.
Sheldon Richman es editor de la revista Ideas on Liberty y miembro de The Future of Freedom Foundation.
Este artìculo fue originalmente publicado en Freedom Daily.
Traducción de Verena Wachnitz.
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