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Por què no abrir las fronteras?
por Jacob G. Hornberger, junio 1998
Treinta años atrás, los demócratas y los republicanos enviaron a 60.000 hombres de mi generación a sus muertes, en una guerra no declarada en el sureste del Asia. ¿Para què? Para salvar a los pueblos de los horrores del comunismo.
Evidentemente, el comunismo ya no es tan terrible. Hoy dìa, el mayor peligro con que se enfrenta el refugiado cubano al escapar de la tiranìa comunista, es la repatriación forzosa a manos del gobierno de Estados Unidos.
Desde luego, èsta no es más que una de las muchas maneras en que los partidarios tanto del Partido Demócrata como del Republicano maltratan y abusan de los hispanos. Desde hace varias dècadas, miembros de uno y otro partido vienen encarcelando a los inmigrantes ilegales por haber cometido el temible crimen de cruzar la frontera en busca de empleo. Además arrestan a los ciudadanos americanos y los enjuician por dar trabajo a los inmigrantes ilegales. Las redadas de deportación del Servicio de Inmigración en hogares y negocios, no dejan tras de sì más que dolor y lágrimas.
¿Es todo esto necesario, en un paìs que tanto se enorgullece de su Estatua de la Libertad? Nosotros los libertarios, los que preconizamos la libertad, creemos que no. ¿Por què no sencillamente abrir la frontera al librecambio y a la libre inmigración? ¿Por què no dejar en paz al ser humano, libre de viajar, de comerciar, de visitar y de realizar todo tipo de actividad pacìfica?
"Pero entonces todo el mundo vendrìa a este paìs." Es poco probable que asì fuera. Resulta ser muy difìcil -- teniendo en cuenta los factores económicos, emocionales, y culturales -- el desarraigarse, dejando a la familia y a las amistades de toda una vida, para mudarse a un paìs extranjero, y en especial a uno donde se habla una lengua distinta. Es por eso que muchos inmigrantes pronto vuelven a su patria. Los que vienen y se quedan, en general son los que toman riesgos -- los que están dispuestos a prescindir de la seguridad conocida en aras de la oportunidad de superarse. Estos son dignos de celebración y no de castigo, porque traen consigo la vitalidad que da nuevas energìas a un pueblo. Por otra parte, si se quitaran las trabas al comercio con otros paìses -- como por ejemplo el embargo contra Cuba -- ello servirìa para fomentar la prosperidad en esas tierras y asì disminuir el aliciente económico para irse de allá y venir a Estados Unidos.
"Pero van a quitar empleos a los americanos." Al contrario -- ¡los inmigrantes crean más empleos para los americanos! Aunque sì es cierto que a menudo los inmigrantes quitan puestos a los naturales en plazas de nivel inferior, el consumo mayor de alimentos, viviendas, automóviles, equipo electrónico y otros bienes y servicios que su presencia implica, sirve para crear plazas nuevas de nivel superior para los americanos en todos esos sectores de la economìa.
"Pero es que vienen a vivir de la asistencia social." Pues el Congreso deberìa prohibirlo y castigar a todo burócrata que rindiera asistencia pública ilegalmente. No hay ningún requisito en la Constitución que diga que el ciudadano extranjero tenga derecho de utilizar el Estado para quitar las riquezas al ciudadano norteamericano. En todo caso, como ya han descubierto los americanos, la asistencia pública es una droga polìtica que destruye el alma humana. Conviene tanto a los americanos como a los inmigrantes prescindir de ella.
"Pero van a ser una carga sobre los servicios públicos." Pues entonces podemos convertir estos servicios en empresas privadas que compitan en el mercado. Cabe observar que es el sector público -- las escuelas públicas, los hospitales públicos, las carreteras públicas -- el que siempre se queja de que haya demasiados clientes. ¿Cuándo fue la última vez que oìmos a Microsoft, a Sears, a Disney, o a McDonald's quejarse de tener muchos clientes?
"Pero es que van a contaminar la cultura nuestra." La cultura norteamericana deberìa ser una de libertad -- en la cual cada uno queda libre para buscar el interès cultural que quiera. Despuès de todo, fue la cultura norteamericana de la libertad, la que inspiró a los franceses a darnos la Estatua de la Libertad.
La polìtica de la frontera abierta no sólo mejorarìa el nivel de vida tanto de los americanos como de los extranjeros, sino que tambièn ayudarìa a restablecer en la sociedad norteamericana el sentido de moralidad y de respeto. ¿De què modo puede tildarse de acto moral, la repatriación forzosa de seres humanos a la tiranìa comunista? ¿El meter a gente en la cárcel por querer trabajar? ¿El castigar a los patrones por haberlos contratado? ¿Cómo puede todo esto conciliarse con el mandamiento de amar al prójimo tanto como a sì mismo?
En el último decenio cayó una de las murallas más horrorosas en la historia -- la de Berlìn. Ya es hora de hacer caer la nuestra tambièn. No necesitamos barreras que aparten a las familias, a los amigos, a los comercios. Lo que sì necesitamos son abrazos y apretones de manos que reúnan a los pueblos.
El Sr. Hornberger es presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia, y corredactor del libro, The Case for Free Trade and Open Immigration, editado por la Fundación. Sus abuelos maternos fueron inmigrantes mexicanos. Pronunció un discurso acerca de la apertura de las fronteras en la convención nacional del Partido Libertario, que se celebraró en Washington, D.C., en julio.
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