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Por Palabra Clave

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Los derechos equivocados
por Sheldon Richman, junio 2002

Agárrense. Estamos a punto de ser testigos del desembarco de un movimiento global para establecer “derechos económicos y sociales” junto con los “derechos humanos”. En otras palabras, dicen los organizadores de este movimiento, el derecho a la comida y al cuidado de la salud es tan legítimo como el derecho a no ser torturado por ningún gobierno (The Economist, 16 de agosto).

Una señal de este cambio en la cruzada por los derechos humanos se puede ver en Amnistía Internacional (AI) que se ha venido planteando si ampliar su misión para incluir estos derechos alegados. Hasta ahora AI se ha concentrado en la defensa del individuo de la violencia gubernamental, como la prisión de periodistas y la ejecución de criminales. Las violaciones del gobierno al derecho de propiedad, sin embargo, nunca fue un tema interesante para los directores de AI.

The Economist menciona que la Ford Foundation y la británica Osfam también están dando mayor atención a las cuestiones económicas y sociales. Y también están las Naciones Unidas (ONU). Su revista semanal sostiene: “Desde 1998, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha venido solicitando a la comunidad internacional, que reconozca a la salud como un derecho humano. En A Human Rights Approach to TB, un documento publicado en marzo, la OMS en forma desprolija destaca la obligación de los estados de “proveer algún tipo de solución que la gente conozca y a la que pueda acceder si sienten que sus derechos relacionados con la salud han sido afectados”.

La agenda de replanteos de los derechos humanos, dice The Economist, se debe a la creencia de que los derechos políticos y sociales son prácticamente inútiles cuando un país es asediado por la pobreza y las enfermedades. Africa está en la mente de todos los que opinan de esta forma. Pero hay una razón más cínica, tal como lo sostiene The Economist. El interés por los derechos puede estar donde está el dinero: “Además, los grupos de defensa de los derechos humanos se preocupan por que los gobiernos del mundo rico no responden a esta catástrofe (SIDA) con el vigor suficiente y utilizar el discurso de los derechos los puede sacar de su letargo”. “Hacer algo con respecto al SIDA en Africa no se trata de caridad o de prevención de la salud pública. Es una cuestión de obligación”, manifiesta Michael Ignatieff, del Carr Centre of Human Rights Policy, de Harvard. “El argumento de los derechos es una manera de enviar dinero para sanar esta obligación”. En tanto, los pedidos de generosidad sólo pueden pesar poco en las manos de los gobiernos ricos, quizás reclamos de obligaciones legales les hará torcer el brazo.”

No hay nada sutil en eso. Es una trampa. Si los pedidos de caridad no funcionan, hagan que los occidentales piensen que tienen la obligación legal de dar vuelta sus reservas a un continente de personas que han demostrado pocos signos de querer ayudarse a sí mismos.

Luego de ser liberada del colonialismo, gran parte de los países de Africa han estado sujetos a una forma de estatismo local virulento. Los derechos de propiedad prácticamente son inexistentes. El socialismo y las guerras civiles brutales han sido desenfrenados. Prácticamente no se conoce el capitalismo, y — sin sorprender — el crecimiento económico es una fantasía, si es que acaso alguien sabe qué significa.

No cabe duda de que la pobreza y las enfermedades prevalecen. Los administradores no tienen interés en desplazar el socialismo con libres mercados. ¿Por qué dejar de lado el poder? Es fácil culpar al colonialismo, que finalizó décadas atrás (La última colonia occidental, Hong Kong, no se parece en nada a Africa).

La filosofía de los derechos económicos y sociales no sólo proveerá la excusa para expropiar a los contribuyentes de Occidente, será utilizado por las fuerzas del poder político para condenar a los países con relativa libertad en el mundo. Por ejemplo, el derecho al cuidado de la salud será interpretado como el derecho al acceso igualitario a servicios médicos. Una nación con un sistema decrépito en el que todos, en teoría, tienen el mismo acceso al mismo bajo nivel de servicios estaría en una mejor posición que Estados Unidos, donde hay un acceso desigual a mucho mejores servicios.

A pesar de que el más pobre de los estadounidenses pueda tener un mejor cuidado que la gente en países primitivos e igualitarios, Estados Unidos está siendo acusado de no honrar el derecho al cuidado médico (muchas veces llamado el derecho a la salud). La OMS, recientemente colocó al sistema médico de Estados Unidos en el puesto número 37 de 191. ¿Cuál fue el primero? ¡Francia!. ¿El segundo? ¡Italia! Como escribió Twila Brase: “¿Cuándo fue la última vez que alguien eligió a Francia o Italia por sobre Estados Unidos para asistencia médica?” (La Agenda oculta de la OMS, Ideas on Liberty, Diciembre 2000, p. 8).


La naturaleza de los derechos

La decisión de presionar por derechos económicos y sociales retoma la eterna controversia concerniente a los llamados derechos positivos y negativos. “Derechos negativos” es el término que se ha aplicado a los derechos lockeanos occidentales. Se resumen en una simple negativa: el derecho a no ser molestado siempre y cuando uno no inicie el acto de violencia. Ese concepto de derechos protege el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la felicidad. Si uno está libre de interferencia forzada, puede, en tanto y en cuanto no moleste a otro, actuar para alcanzar objetivos, apropiarse de tierras y objetos sin dueño, asociarse en el comercio y demás. Los demás están obligados solamente a abstenerse de usar la fuerza en su contra.

Esa es la concepción de los derechos que Adam Smith tenía en mente cuando escribió “Podemos cumplir todas las reglas de la justicia sentándonos y no haciendo nada”. (La teoría de los sentimientos morales).

Los derechos positivos son radicalmente diferentes. Significan un derecho a algo, que crea más que una obligación negativa en los demás. Cuando los defensores de los derechos sociales y económicos hablan del derecho a la comida y al cuidado médico, no se refieren a que la gente tiene el derecho a actuar para adquirir esas necesidades de la naturaleza o de proveedores dadivosos. Quieren decir, en realidad, que los demás tienen una obligación para proveer esas cosas (o el dinero equivalente) quieran o no. Por consiguiente, negarse a proveerlos, constituye una violación de derechos.

Bajo esta concepción de derechos, el principio de Smith se queda corto, porque uno no estaría siendo justo meramente con sentarse quieto y no haciendo nada. No hacer nada implicaría no pagar impuestos, y no pagar impuestos, bajo la filosofía de los derechos positivos, violaría los derechos de los demás a esas cosas que los impuestos financiarían, como la comida o el cuidado médico.

Los derechos positivos y los derechos negativos son mutuamente excluyentes. Si uno prevalece, el otro desaparece. No puede haber un derecho a la comida en sí, junto con el derecho a no ser molestado. Si Jones se niega a proveer con comida a Smith (o dinero para la comida) los derechos de uno u otro serán violados. O se respeta la decisión de Jones en cuyo caso el derecho a la comida de Smith quedará anulado, o Jones será forzado a proveer comida o dinero, en cuyo caso su derecho de no ser molestado será ignorado. No hay término medio.

Desafortunadamente, The Economist no dio esta distinción entre lo que llamamos derechos humanos por un lado y derechos económicos y sociales por otro. Primero, hay que destacar que los derechos humanos si bien se juntan a los tradicionales negativos, naturales o lockeanos, no corresponden exactamente a lo mismo. Mientras que “los derechos humanos” incluyen la libertad de tortura y asesinato, no incluyen a los derechos de propiedad per se. También incluyen el derecho a votar, que es un derecho natural, pero — como mucho — un derivado de los derechos naturales. (Se puede sostener que en realidad no es un derecho derivado, porque implica la elección de los funcionarios que regularán sobre los demás y no meramente sobre uno. Más allá del consenso específico de todos los partidos, nadie tiene el derecho de imponer una regla sobre los demás).

Pero dejando de lado ese detalle, vale la pena destacar que The Economist, una voz prominente del establishment, no tiene una línea clara entre los derechos positivos y negativos. Ambos pueden ser codificados y forzados, según el editor, y la obligación de ambos requiere gastos, y por consiguiente elecciones, del Estado.

“Y argumentos que consideran cualquier libertad positiva, demasiado cara para ser protegida en realidad están diciendo, en parte, que los derechos de propiedad reconocidos en la distribución de ingresos existente debe darle prioridad a cualquier otro derecho nuevo. Quizás deban tener prioridad — pero los defensores de los nuevos derechos son los menos indicados para señalar en qué casos.”

Esto se equivoca. La distinción no es concerniente a si los derechos positivos pueden ser codificados, si se necesitan recursos para forzarlos o si son muy caros de defender. La diferencia es esta: los derechos negativos en su mismísima concepción requieren la no iniciación de la fuerza. Los derechos positivos sí. Los derechos son principios para evitar conflictos para que los individuos puedan vivir vidas productivas. Los derechos positivos por naturaleza crean conflicto. Los derechos negativos no. Por ese motivo, los derechos positivos no son derechos. En realidad son poderes que asumen los gobiernos.

Mucha gente atraída por los programas de derechos positivos pueden estar motivados por su preocupación por la gente que vive en condiciones terribles. Si entendieran que esas condiciones se deben a la ausencia de derechos negativos — específicamente, derechos de propiedad — pueden ver el error en su esquema de pensamiento.

 

Sheldon Richman es Investigador Senior de The Future of Freedom Foundation y editor de la revista Ideas on Liberty. Este artículo fue originalmente publicado por Freedom Daily.  


Traducción: Hernán Alberro.

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