Globalización se transformó en la palabra de moda para un proceso que se
ha venido desarrollando con una creciente intensidad por más de 200
años la internacionalización de la división del trabajo.
Por supuesto, en cierto sentido, el comercio internacional es tan viejo como
la historia escrita. Desde Herodoto hasta Marco Polo, viajantes, aventureros
y mercaderes hicieron su camino hasta lugares distantes y regresaron a sus
hogares con historias exóticas de extrañas costumbres, como también,
generalmente, llenos de productos suntuosos para iniciar demandas en sus
compatriotas.
Fueran donde fueran, contaban acerca de puertos y ciudades vivas con
comercio e intercambio, habitadas y visitadas por mercaderes y viajantes
como ellos. Especias y joyas, telas y tapices, cueros y pieles de animales,
ornamentos y utensilios domésticos, eran algunos, dentro de la extensa gama
de bienes que pasaban de un lugar a otro del mundo mucho antes de los
tiempos modernos. Caravanas de comercio trajeron un cierto grado de unidad a
la raza humana mucho antes de que el hombre le diera un análisis serio a las
posibilidades de la comunidad global del hombre.
Pero fue sólo luego de las grandes exploraciones de los siglos XV y XVI, con
la apertura de nuevas rutas de comercio desde Europa hacia Africa y Asia y
el descubrimiento del Nuevo Mundo, que la era moderna de comercio
internacional comenzó su desarrollo. Ha seguido una trayectoria en aumento
desde el siglo XVIII, a medida que tanto los medios tecnológicos como el
orden institucional permitían la potencialidad del comercio global para
expandirse en forma increíble.
La maravilla del siglo XIX fue el transporte terrestre, más que la máquina a
vapor, fue el tren. La primera línea de tren se abrió hacia 1829 entre
Liverpool y Manchester en Gran Bretaña. Permitía a los viajantes llegar a
destino a una velocidad impresionante de 25 kilómetros por hora. Hacia
finales del siglo XIX, las vías de tren cruzaban gran parte de la Europa
Occidental y Central, y se estaban extendiendo en Europa Oriental.
En 1869 el mismo año en el que se abrió el Canal de Suez se unió el
primer tren transcontinental cruzando Estados Unidos fuera de Ogden, Utah. Y
la inversión de capital extranjero en Europa estaba construyendo redes
ferroviarias en Sudamérica, Asia, y Australia.
Hoy, a principios del siglo XXI, un viaje de un día y medio en avión puede
llevar a una persona hacia casi cualquier gran ciudad del otro lado del
mundo desde cualquier punto. El tiempo de viaje en avión a través del
Atlántico o cruzando Estados Unidos continental es ahora cuestión de horas,
más que de días o semanas.
El desarrollo de la radio y luego de la televisión en el siglo XX permitió
la transmisión de información de voz e imágenes vivas de cualquier parte del
globo en cualquier momento a tiempo. Y ahora Internet permite enviar
mensajes personales y documentos en forma virtual hacia cualquier punto del
planeta en segundos. El tiempo y el espacio se han comprimido en forma
impresionante, especialmente durante los últimos 100 años.
Pero, a pesar de lo chico que se está volviendo el mundo, hay fuertes
intereses que intentan impedir una mayor integración global entre los
hombres en sus propósitos comunes de comercio e intercambio. La carrera
hacia la cima: la verdadera historia de la globalización de Tomas Larsson,
intenta explicar los beneficios y potencialidades de la economía global como
así también su resistencia desde varios puntos.
Larsson es un periodista sueco que pasó más de 10 años entrevistando desde
Tailandia. Viajó ampliamente a través de Asia y trae su gran cúmulo de
conocimiento y experiencia para dramatizar y dar vida a la realidad del
proceso de la globalización.
Un punto central para su análisis es la cuestión de que la globalización
ofrece uno de las más importantes fuentes de escape a la pobreza para
multitudes pobres en lo que generalmente se conoce como el Tercer Mundo. La
continuidad de la pobreza en esos países, sostiene Larsson, se ha basado en
principio en los usos y abusos del poder político por una elite privilegiada
que ha manipulado las políticas de gobierno en sus propios intereses.
Abrir los mercados tanto domésticos y entre países crea oportunidades para
individuos para encontrar nichos de potencial prosperidad para ellos.
Supuestas empresas textiles en Tailandia o Indonesia proveen trabajo a niños
y jóvenes que de otra forma morirían de hambre o vivirían de actividades
como la prostitución.
Los mercados abiertos dan acceso a mercados de capital locales e
internacionales para que emprendedores pobres en estas tierras puedan tener
acceso a los recursos financieros para iniciar y operar empresas en el
mercado global. Y los mercados abiertos proveen más y más baratos bienes de
todo el mundo, permitiendo que aquellos con salarios inferiores en los
países pobres puedan utilizar mejor sus modestos ingresos.
Los argumentos en contra de la globalización
Al presentar su defensa del mercado abierto y global, Larsson también refuta
muchos de los argumentos que se hacen en contra de la globalización. Por
ejemplo, responde a la acusación de que la globalización significa el fin de
la cultura local y nacional, las tradiciones y costumbres, a medida que el
mundo se vuelve comercialmente americanizado.
Sólo consideremos el menú de McDonald´s en el mundo, sostiene: En Filipinas
se puede pedir McSpaghetti, en Tailandia una hamburguesa de cerdo con chile
y jengibre, en India una hamburguesa Maharaja McMutton, en Japón una
hamburguesa teriyaki, en Noruega una hamburguesa de salmón, en Uruguay una
hamburguesa de huevo. La cola se endulza según las preferencias
locales...Los bienes pueden ser globales, pero su significado es siempre
local. Entonces los chinos no dejan de ser chinos en el momento en que
hincan sus dientes en una hamburguesa estadounidense...La diversidad
cultural no está amenazada por el comercio global. Nadie necesita vender su
alma por una papa frita.
La mayoría de los peligros en los países pobres de Asia, Africa y
Sudamérica, enfatiza Larsson, no provienen del imperialismo del comercio
global. Vienen de los gobiernos y los intereses especiales dentro de sus
propios países. En países como Malasia y Singapur, las autoridades políticas
intentan limitar el acceso a Internet y a la información como una forma de
controlar los pensamientos y las ideas de sus propios ciudadanos.
Su temido peligro de las influencias de la cultura occidental es en
realidad los temores de la elite política local de que las masas de personas
descubrirán los medios de utilizar su poder contra los privilegios y la
corrupción. Y su rechazo hacia el individualismo y la democracia
occidental como algo inconsistente con las tradiciones y costumbres del
orden asiático no es más que un intento de prevenir la aparición de
partidos políticos de oposición y centros alternativos de influencia
económica que pondrían en peligro su control de los gobiernos en estos
países.
En este contexto, Larsson también demuestra que todo lo que se habla acerca
de alguna tercera vía entre el capitalismo extremo y la planificación
del socialismo soviético no es más que una pantalla de humo para aquellos en
el poder político o que desean ese poder para mantener el sistema existente
y desastroso de regulaciones, controles e intervenciones. El sistema
neomercantilista y proteccionista impide que la gente utilice su propio
talento y habilidades para salir de la pobreza e ingresar en el mundo
moderno de la prosperidad y la bonanza.
Larsson también explica que continuar la globalización no debería ser un
rehén de las negociaciones internacionales o los acuerdos multilaterales.
Los mercados abiertos y el libre comercio deberían ser buscados en forma
unilateral siempre que sea posible y no quedar retardados por los largos y
agotadores procesos de tratados y acuerdos intergubernamentales.
La gente verdaderamente progresista y preocupada no luchará contra la
globalización, concluye Larsson. En su lugar, lucharán para sobreponerse a
las tantas barreras locales y externas, para difundir la
globalización...Nuestro trabajo es crear una sociedad dinámica, abierta y
tolerante. Una sociedad para maestros en el arte de la vida.