Qué gran ironía! Al mismo tiempo que va arrogándose poderes cada vez más
extensos, el Estado rechoncho ha decidido animarnos a bajar de peso. No
obstante, eso es precisamente por lo que aboga el Cirujano General, David
Satcher. En un informe nuevo, con el título en español de, Exhortación a
Evitar o a Disminuir el Sobrepeso y la Obesidad, dice Satcher que, Nuestro
objetivo final consiste en establecer prioridades y en seleccionar las
estrategias y las acciones que son necesarias para poder disminuir el
sobrepeso y la obesidad.
Steven Malloy, el gran desenmascarador de la ciencia inepta, ha señalado que
las estadísticas que presenta el Estado con respecto a la prevalencia de
gordos, se basan en investigaciones dudosas, como por ejemplo en encuestas
telefónicas carentes de verificación y en una definición arbitraria del
sobrepeso, basada en el llamado índice de la masa corpórea. Malloy
agrega que también la revista científica, New England Journal of Medicine,
considera los datos poco fiables. Además critica el informe de Satcher
porque éste hace caso omiso de la gran diferencia entre el exceso de peso y
la obesidad. La obesidad no es algo saludable, dice Malloy, pero la
evidencia que dizque sirve para asociar el sobrepeso de grado ligero a
moderado, con el deterioro de la salud, es turbia y se basa en estadísticas
locas. Malloy logra hasta refutar el supuesto enlace entre los problemas
relacionados con el peso en la niñez y los problemas del peso en la madurez:
no existe evidencia alguna para ello.
Aun si hubiera justificación para todo este alarmismo médico, ¿qué le
importa al Estado? Admitimos que, a estas alturas, tal pregunta suena extrañ
a, ya que nos han acostumbrado a pensar que al Estado todo le concierne.
Pero al recordar la declaración atribuida a Jorge Washington, de que, el
Estado no se funda en la razón ni en la elocuencia, sino en la fuerza,
deberíamos pensarlo antes de aceptar este grandioso programa para hacernos
bajar de peso. Esta política comprende un menú interminable de
actividades e intervenciones en cinco marcos clave: la familia y la
comunidad, la escuela, el cuidado médico, los medios de comunicación y los
sitios de trabajo. ¿En qué parte de la Constitución se otorgan tales
poderes al Estado central?
El menú de actividades contiene varios artículos sospechosos. Unos ejemplos:
Facultar a las familias para controlar el peso y la salud mediante la
capacitación en los ámbitos de la crianza de los niños, de la planificación
de las comidas y del manejo del comportamiento.
Instruir a los padres con respecto a la necesidad de servir de modelos para
sus hijos, mediante la práctica de buenos hábitos de alimentación y la
actividad física periódica, a modo de inculcar las costumbres saludables en
sus hijos para toda la vida.
Establecer instalaciones de ejercicio en los sitios de trabajo o crear
alicientes para que los empleados se inscriban en los centros locales de
salud.
Entablar un diálogo con el fin de discutir la posibilidad de clasificar la
obesidad como categoría de enfermedad, con miras a las listas de reembolso
de seguro médico.
Es fácil burlarse del estilo de dirigencia Jack LaLanne, pero también hay
un aspecto serio. Como vimos en el último artículo citado, el plan de
Satcher resulta ser otro paso en la dirección de medicalizar las
dificultades de la vida cotidiana, contra lo cual el famoso psiquiatra
Thomas Szasz nos viene advirtiendo desde hace tiempo. El consumir alimentos
en exceso no es una enfermedad, es una decisión que cada uno toma.
Fijémosnos en la referencia a, las listas de reembolso. Es un indicio de
que todo esto tiene que ver con el objetivo de lograr que otros paguen por
los servicios relacionados con la pérdida de peso, por medio de las pólizas
de seguro médico. Se trata de finanzas y no de medicina. En el proceso la
medicina se desvaloriza.
Por último, el interés que muestra el Estado en nuestra salud emite un mal
olor, con la insinuación que las decisiones respecto a la alimentación no
nos conciernen, porque somos propiedad del Estado. El plan que propone
Satcher dice que, La Nación ha de tomar medidas para ayudar a los
norteamericanos a combinar los hábitos sanos de alimentación con el
ejercicio físico. Pero, ¿en qué consiste la Nación, si no en los propios
norteamericanos? La elevación de la Nación por el ministro de higiene física
y mental, ha de alarmar a todo el que estima la libertad.
No fue por casualidad que, tanto los fascistas como los nazis y los
comunistas, todos vieron como un deber esencial del Estado totalitario, el
mantenimiento de la salud del pueblo.