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El desastre de Clinton en Colombia
por James Bovard, junio 2000
El Senado de Estados Unidos pronto habrá de discutir la propuesta del presidente Clinton, de enviar 1,6 mil millones de dólares en asistencia para el gobierno de Colombia en su guerra contra la guerrilla izquierdista. La asistencia dizque es para ayudar a detener el torrente de drogas que sale de Colombia. Pero no hay ninguna razón de creer que esta asistencia contra la droga vaya a ser más exitosa que toda la asistencia que ya se le ha dado a ese paìs suramericano. Y, lo que es peor, existe la creciente posibilidad de que Estados Unidos caiga en una guerra civil.
Colombia ha recibido casi mil millones de dólares de ayuda contra la droga desde el año 1990. El dinero del contribuyente norteamericano es un fertilizante maravilloso: la producción de la coca ha crecido astronómicamente, en razón del 100 por ciento desde 1996, y se calcula que èsta vaya a aumentar en otro 50 por ciento durante los próximos dos años. Actualmente Colombia proporciona unas tres cuartas partes de la heroìna, y casi toda la cocaìna, que se consume en Estados Unidos.
La mayor parte de la ayuda antidrogas estadounidense ha sido para pagar por la guerra quìmica: la fumigación aèrea con herbicidas sobre las regiones con plantaciones de coca, una estrategia a la cual el ministro de salud de Colombia se opuso fuertemente en el 1992. Sin embargo, pese a la intensificación continua de las fumigaciones, la zona por donde se cultiva la coca se ha cuadruplicado desde 1994 y ya abarca más de 300 millas cuadradas.
Algunos de los pilotos antidrogas no parecen preocuparse mucho por la precisión de sus bombardeos. El dìa primero de mayo, el periódico New York Times reportó acusaciones de que los aviones pagados por EE.UU. rociaron a escolares con herbicidas en una aldea colombiana. Según los informes, muchos de los niños se enfermaron; la fumigación además destruyó los cultivos y mató pollos y 25.000 peces de las piscifactorìas.
Muchos agricultores que se dedicaban a otros cultivos han quedado arruinados por las fumigaciones indiscriminadas de sus terrenos, mientras que los cocaleros han respondido profundizándose en la selva y abriendo nuevas tierras para la cultivación. Según los defensores del medio ambiente, los ataques con compuestos herbicidas son una de las mayores causas de la despoblación forestal. El ministro colombiano del medio ambiente, Juan Mayr, declaró en público el año pasado que el programa de fumigación de los cultivos ha sido todo un fracaso y advirtió que, "No podemos fumigar el paìs de manera permanente."
La administración de Clinton ha aplicado grandes presiones para que el gobierno colombiano permita la descarga de un compuesto quìmico mucho más venenoso (el tebutiurono, que tambièn se denomina SPIKE 20), lo cual permitirìa que los aviones volaran a mayor altura, al estilo de Kósovo. Los defensores del medio ambiente advierten que el SPIKE 20 envenenarìa las fuentes de agua y arruinarìa esos campos para siempre para los propósitos de agricultura. Al mismo tiempo que la administración de Clinton decreta normas para el aire limpio en Estados Unidos, que controlan estrictamente el uso de compuestos quìmicos que apenas amenazan la salud de nadie, la misma trata de inundar una nación extranjera con compuestos quìmicos tóxicos que aquì están prohibidos.
Estados Unidos va involucrándose cada vez más en una guerra civil en Colombia que ya ha durado varios decenios. Actualmente se encuentran unos 200 asesores militares norteamericanos en Colombia, y hay soldados estadounidenses para entrenar al ejèrcito colombiano. El periódico Dallas Morning News recientemente reportó que, "se han invertido decenas de millones de dólares de los contribuyentes en el sur de Colombia para las operaciones encubiertas, empleando las Fuerzas Especiales, antiguos Boinas Verdes, veteranos de la Guerra del Golfo y hasta personajes de las operaciones encubiertas de la CIA en la Amèrica Central durante los años 80". Estados Unidos tambièn proporciona a las fuerzas armadas colombianas datos esenciales de inteligencia, tomados de las comunicaciones por radio interceptadas de la guerrilla.
Ningún aumento en la ayuda norteamericana podrá producir una victoria decisiva del gobierno colombiano sobre la guerrilla. Las fuerzas armadas de Colombia se han ganado la fama de perder casi todas las batallas que han librado con los guerrilleros. La congresista Nancy Pelosi (D-Cal.) advirtó no hace mucho que, de aprobarse el plan de asistencia de Clinton, que alcanza los $1,6 mil millones, Estados Unidos se verìa metido en "un compromiso de 5 a 10 años de duración, que finalmente costará más de $5 mil millones en el dinero de los contribuyentes."
Aunque se derrotara a los guerrilleros, es ridìculo pretender que los colombianos dejaran de tener aliciente para producir la coca, siempre y cuando las leyes norteamericanas vuelvan ese cultivo 20 veces más rentable que cualquier otro. Es como un globo: mientras más se trata de controlar la producción en una zona, más aumenta èsta en otras partes. Ya es hora de reconocer la inutilidad de tratar de controlar en detalle la producción de los agricultores extranjeros.
James Bovard es autor del libro, Freedom in Chains (La Libertad En Cadenas) (St. Martin's Press, 1999). Artìculo adaptado de un ensayo editado por The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia (www.fff.org).
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