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Por Palabra Clave

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Brasil y la crisis del paternalismo
por Jacob G. Hornberger, abril 1999

Cuando el gobierno en Brasil anunció que habìa devaluado el real brasileño, acto que hizo perder a los brasileños más del 40 por ciento de sus ahorros, las autoridades dieron la explicación que suele darse cuando devalúan la moneda. Le echaron la culpa a factores externos, en este caso al "colapso económico en Asia."

Sin embargo, los verdaderos responsables de la devaluación en Brasil son los funcionarios brasileños, e indirectamente, el mismo pueblo de Brasil.

El Artìculo 6 del Capìtulo 2 de la constitución de Brasil declara que, "la enseñanza, la salud, el trabajo, el ocio, la seguridad, el seguro social, la protección de la maternidad y de la niñez, la asistencia a los pobres, son derechos sociales, según los establece esta Constitución." En otras palabras, la ley orgánica del Estado brasileño establece el cuidado paternalista de los ciudadanos.

Pero el Estado brasileño no es una fuente de riquezas con el poder de otorgar beneficios al pueblo gratuitamente. La única manera de proporcionar estos "derechos" al pueblo, es emplear la fuerza del Estado para quitarle al mismo pueblo los fondos que se necesitan para darle todos estos beneficios.

Por ejemplo, supóngase que el Estado haya prometido proporcionar la enseñanza pública, que ha de costar $100 millones. Para realizar el proyecto, primero los funcionarios del Estado tienen que extraer $110 millones del pueblo en impuestos. (Por este servicio, hay que pagar a los polìticos y a los funcionarios - por eso los $10 millones de más.)

Desde luego, el asunto es que, mientras el público gusta de recibir la enseñanza "gratuita", no le gusta pagar los impuestos necesarios para cubrir los gastos de la enseñanza "gratuita." La exigencia de mayores "derechos" a recibir el cuidado paternalista, choca irremediablemente con la resistencia popular a aumentar los impuestos. Como ya lo dijo en el siglo pasado el economista y legislador francès Federico Bastiat, el Estado se vuelve en aquella gran ficción mediante la cual cada uno intenta vivir a expensas de todos los demás, mientras trata de proteger su propio bolsillo.

Si el pueblo se niega a pagar más impuestos pero al mismo tiempo exige "derechos" al cuidado mèdico, a la enseñanza, al alimento y a otras formas de asistencia pública, ¿què puede hacer el Estado? Históricamente, cuando los impuestos son muy altos, los gobiernos acuden a la imprenta para crear más dinero - lo cual es una forma indirecta de impuesto, mediante la desvalorización de la moneda. Imprimen cantidades más y más grandes de papel moneda para costear los programas, siempre crecientes, de asistencia pública que los ciudadanos exigen.

Ello resulta en que, por algún tiempo, todos estèn satisfechos. El pueblo está satisfecho porque han cuidado de ellos sin tener que pagar más impuestos. Tanto los polìticos como los funcionarios están satisfechos porque pueden distribuir beneficios (y comprar votos) sin tener que aumentar los impuestos.

Sin embargo, paulatinamente el mercado comienza a darse cuenta que hay muchos más reales en circulación que antes. Al haber incrementado la oferta de reales en el mercado, el valor de la moneda inflada comienza a disminuir en relación con las demás monedas. Los especuladores y otros empiezan a cambiar reales por dólares y otras monedas. Finalmente, incapaz de contener la salida, el banco central devalúa el real para reflejar su valorización verdadera en el mercado. Eventualmente el pueblo paga por el cuidado paternalista "gratuito" mediante enormes pèrdidas en el valor de sus ahorros.

Por supuesto, los funcionarios del Estado siempre achacan la debacle monetaria a otros: a los especuladores, a los capitalistas, a los comerciantes, hasta a las crisis económicas extranjeras.

El resultado es una sociedad má pobre que antes de comenzar el proceso. Gracias a los impuestos, a la inflación y a la devaluación, el pueblo goza de menores medios para comprar su propia enseñanza, el cuidado mèdico, y las necesidades de la vida. Desgraciadamente, en este momento el proceso vuelve a repetirse, con el lamento del pueblo: "Estamos sufriendo por la crisis monetaria. Necesitamos que nos ayude el Estado."

Para todo esto hay una solución solamente, para los brasileños y para los demás pueblos del mundo: que, en la misma constitución, quede prohibido al Estado proporcionar la enseñanza, el cuidado mèdico, asistencia a los ancianos y todas las demás formas de asistencia pública, y al mismo tiempo que queden prohibidos los impuestos masivos y la desvalorización monetaria que se precisan para pagarlas.

Como escribió Adán Smith en el tratado, "Investigación de la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones," suena paradójico el requisito fundamental de una sociedad próspera y estable: prohibir al Estado combatir la pobreza. La libertad económica y los lìmites constitucionales al poder estatal, son la clave de la prosperidad y la estabilidad venideras, no sólo del Brasil, sino del mundo entero.

Jacob Hornberger es presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia, y co-editor de The Case for Free Trade and Open Immigration. Recientemente dirigió un cursillo de dìa y medio sobre la Constitución de Estados Unidos en el Instituto de Estudios de Empresa en Porto Alegre, Brasil.

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