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Por Palabra Clave

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Una visión de una sociedad libre
por Jacob G. Hornberger, abril 1997

Primera Parte

Si suprimièsemos la educación pública, entonces ¿cómo se educarìa la gente pobre? Si las leyes anti-drogas fuesen abolidas, ¿no empezarìa a drogarse todo el mundo? Si no hubiese tìtulos oficiales, ¿no se lanzarìan los curanderos a practicar cirugìas de corazón? Si no hubiese un ente burocrático que controle los alimentos, ¿no se estarìan vendiendo cosas podridas?

¿Què pasarìa si todas las operaciones del gobierno a travès de las que se quita dinero a algunos para dárselo a otros y que regulan comportamientos pacìficos fuesen abolidos?

¿Cómo serìa una sociedad asì?

En esta serie de ensayos -Una visión de una sociedad libre- se examinará cómo funciona una economìa libre, en la cual los individuos son libres de acumular riqueza ilimitadamente, son libres de vivir su vida como quieran hacerlo, y son libres de disponer de su dinero.

¿Habrìa caos o armonìa en una sociedad completamente libre? ¿Habrìa prosperidad o pobreza? ¿Serìa una sociedad moral o inmoral? ¿Egoìsta o pródiga? ¿Cómo serìa si el gobierno no estuviera dirigiendo y regulando la vida y la riqueza de las personas?

Antes de empezar, es interesante analizar cuán dependientes somos hoy del moderno estado de bienestar. Sólo la idea de abolir, más que de reformar, el sistema de seguridad social o la educación pública, o de tomar medidas parecidas, simplemente eriza la piel de cualquiera. Nuestra dependencia del sistema de bienestar estatal es tan grande como en Cuba o en Corea del Norte, y tal vez su arraigo sea aun más fuerte, ya que vemos al estatismo benefactor como "capitalismo", mientras la gente de los paìses comunistas lo ve como lo que realmente es: socialismo.

No es sorprendente que, si se le diera a elegir, la gente en Corea del Norte nunca resignarìa la seguridad social. Tampoco es sorprendente que, en tèrminos generales, nuestros conciudadanos tampoco lo harìan.

El status quo parece seguro y estable. La libertad se muestra como algo riesgoso e impredecible, y esto asusta a la gente. Honestamente sienten más seguridad sabiendo que el gobierno está ahì "haciendo algo" a diferencia que en una economìa libre.

El problema que enfrentan los liberales es multifacètico. Es un problema económico porque la regulación de la economìa es sumamente nociva para el crecimiento económico de cualquier sociedad. Es polìtico porque hoy en dìa, el estado socialista benefactor y el control gubernamental de la economìa no puede ser rechazado si no es con el apoyo de una mayorìa de ciudadanos. Es moral debido a la estafa polìtica que subyace al estado benefactor y a las interferencias con la libertad que subyacen a una sociedad regulada.Y tambièn es psicológico. Mientras quienes proponen la planificación centralizada y los controles deben debatir sin fin los mèritos de los sistemas de seguridad social, de educación pública y de los gravámenes sobre los ingresos, hay una verdad que es irrefutable: estamos atrapados en este embuste y lo peor es que detrás de todo esto hay una enorme falta de confianza en uno mismo y en los demás.

Miren la fe que la gente tiene en los burócratas y en los entes gubernamentales. Honestamente creen que su comida está a salvo porque el gobierno la cuida. Y que los aviones son seguros gracias al gobierno y que los mèdicos y los abogados son competentes gracias al gobierno. Y que sus hijos son educados gracias al gobierno. Su fe en el estado -en los burócratas y en la burocracia- es total y constante.

Pregúntenle a cualquiera sobre abolir las Fuerzas Armadas, los tìtulos oficiales, la educación pública o la seguridad social. La falta de confianza en sì mismos, en sus amigos y en sus vecinos se hará inmediatamente manifiesta. En palabras de un ciudadano tipo: "Los privados son egoìstas y maliciosos, y si fuese por ellos dejarìan a los demás morir de hambre en las calles, especialmente a sus propios padres. Inyectarìan drogas a sus hijos y con seguridad no les darìan educación. Se dejarìan operar por curanderos. Nooo...no se puede confiar en los privados, simplemente porque no son como nuestros burócratas. Ellos sólo piensan en sì mismos y odian a todos los demás."

Cada uno deberìa hacer una introspección para resolver las dudas sobre sì. Sólo con una mayor autoestima, los individuos comenzarán a tener mayor confianza en los demás.

Y sólo a travès de este proceso llegaremos a aquella pregunta que los liberales nos hemos hecho por dècadas: ¿Cómo serìa una sociedad totalmente libre? ¿Cómo funcionarìa? ¿Cómo se llevarìa a cabo el proceso del mercado? ¿Quiènes se beneficiarìan? ¿Serìan los pobres dejados a un lado? ¿Podrìa realmente ser exitoso el mercado?

La siguiente serie de ensayos tratarán de dar respuesta a estas preguntas.

Segunda Parte

¿Cómo serìa una sociedad libre? Esto quiere decir: ¿Cómo serìa si cada uno fuese libre de vivir del modo que quiere en tanto su conducta sea pacìfica, y libre de entrar en cualquier acuerdo de intercambio beneficioso con cualquier otro en el mundo -es decir- una economìa totalmente libre?

La respuesta es que no hay forma de predecir cómo serìa una sociedad asì. Nadie puede realmente adivinar el resultado de la decisión de millones y millones de personas. Pero mientras nadie puede predecir esto, los resultados económicos de una economìa libre son notables: lo que usualmente se llama "el milagro del mercado".

Leonard E. Read, fundador de The Foundation for Economic Education (FEE), una vez escribió un ensayo titulado Yo, el lápiz en el que hizo la siguiente observación: nadie en el mundo sabe cómo hacer un lápiz. Imaginen que el mundo está lleno de lápices, pero que nadie sabe cómo hacerlos.

¿Cuál era el punto al que iba Read? Si ustedes le preguntaran al gerente de la empresa productora de lápices más grande del mundo cómo hacer un lápiz, dirìa que primero obtienen la "mina" (el grafito, en realidad) de Sri Lanka. Esta es mezclada con arcilla de Mississippi, usando sebo sulfúrico. Luego les hablarìa sobre cómo se produce la parte de madera del lápiz, incluyendo las operaciones en diferentes partes del mundo. Y de la producción del esmalte que cubre la parte de madera. ¿Y què pasa con la parte de latón? Bueno, les hablarìa de las minas de zinc y nìquel en diferentes partes del mundo y tratarìa de explicar sus operaciones. ¿Y què pasa con la goma? Explicarìa que se hace a partir de una reacción de un aceite y sulfuro clorìdrico de Indonesia. ¿Y què pasa con el equipo que es necesario para todas esas operaciones? ¿Cómo se hace? Probablemente no sepa contestar a eso.

El punto al que iba Read es que nadie puede realmente responder a todas estas preguntas. Y si nadie sabe cómo hacer un lápiz, por supuesto que nadie sabrá cómo hacer autos, aviones, computadoras o lo que sea.

¡Si! ¡El mundo está lleno de estas maravillosas divisiones!

¿Cómo es que sucede? Sucede con gente en diferentes partes del mundo, cada uno actuando a favor de su propio interès y coordinando sus planes con los de los demás.

Cada uno en el proceso de producción trata de mejorar su beneficio económico. No se dice a sì mismo: "Ramón, el mundo necesita lápices, mejor sos un buen ser humano y hacès lo que te corresponde". Por ejemplo, tomemos a alguien que está buscando un trabajo en Sri Lanka porque su familia necesita comer. Va a la empresa de producción de grafito local y pregunta si hay algún puesto disponible. Si lo hay, pregunta cuál es el sueldo. La empresa le ofrece un trabajo, el acepta, y ayuda a producir el grafito que finalmente será transportado a Estados Unidos, donde será utilizado para producir lápices.

Tal vez el trabajador ni sepa que su trabajo resultó en la producción de millones de lápices. Lo que debe importarle a èl es si ha hecho un buen trabajo en la producción de grafito. En otras palabras, mientras su trabajo en última instancia beneficia a gran parte de la humanidad a travès de la ulterior producción de lápices, ese no es el objetivo final del trabajador. El simplemente está tratando de hacer más próspera su vida y la de su familia. Y fìjense que millones de lápices se producen sin necesidad de un decreto del gobierno de los Estados Unidos estableciendo que deben ser producidos.

Esto quiere decir que no hay una planificación centralizada para la producción de lápices. No hay en Washington ningún burócrata diseñando ningún complejo sistema para asegurar la producción continua de lápices. Como Friedrich A. Hayek señaló, la economìa libre produce resultados que son la consecuencia de la acción humana pero no de la planificación humana.

Uno de los principios más enseñados en los colegios públicos hoy es que el libre mercado es bueno para las sociedades simples y pobres, pero que cuando las cosas se hacen más complejas es necesaria la planificación gubernamental. Pero este principio es falso. Cuanto más compleja y próspera se vuelve una sociedad, más necesario es que el gobierno no pueda entrometerse.

La pregunta es: ¿Harìa el gobierno un mejor trabajo que el mercado? El resultado serìa simplemente una catástrofe. El resultado serìa lo que Ludwig von Mises llamo "el caos planificado". ¿Por què? Porque, como Hayek señaló, los planificadores centrales nunca podrán -ni siquiera con millones de computadoras a su servicio- poseer el mismo grado de conocimiento e información que existe en las cabezas de millones de individuos en todo el mundo.

En su gran ensayo El uso del conocimiento en la sociedad , Hayek señaló que la economìa de libre mercado tiene ventaja sobre el conocimiento que la gente posee dentro de sus particulares circunstancias. Y dado que la vida cambia constantemente para todos, cada uno está mejor preparado para adaptarse a los cambios utilizando su propio nivel de experiencia.

Por ejemplo, supongamos que una aparte de la maquinaria que hace la goma de los lápices se descompone. El capataz conoce a un tipo a la vuelta que sabe perfectamente cómo resolver el problema. Cuando el tipo llega, pide $50 en efectivo para resolver el problema. El capataz sabrá evaluar si el precio es razonable a la luz del problema inmediato.

Multipliquen esto por los millones de este tipo de eventualidades en todo el mundo. ¿Cómo pueden saber los planificadores la mejor solución para cada situación en un mundo en constante cambio? Los planificadores sólo tienen el conocimiento que hay en sus propias cabezas más el conocimiento "congelado" que hay en las computadoras. No hay manera de que puedan poseer aquel que se encuentra en las cabezas de millones y millones de personas, cada una de las cuales debe estar constantemente adaptándose a las siempre dinámicas y cambiantes circunstancias.

Los resultados de la centralización planificada en cualquier área, pongamos como ejemplo la distribución de alimentos, serìan los mismos para cualquier otra: educación, servicio postal, regulación monetaria, etc. Y de hecho, asì es en Cuba, Corea del Norte y China, donde el gobierno planifica la producción y distribución de comida para todo el paìs. En general, la gente tiene confianza en el mercado cuando pueden verlo funcionar. Pero el problema es que a la gente le cuesta muchìsimo tener esta confianza cuando se trata de funciones que son monopolizadas por el Estado.

Esto pasa usualmente en relación al tema de la educación: "Si, el mercado funciona bien para la producción y distribución de alimentos, pero no para algo fundamental como la educación. ¿Cómo podemos saber si va a ser construida suficiente cantidad de escuelas, si van a ser lo suficientemente buenas y si tendrán cuotas accesibles? La educación es demasiado importante para ser librada al mercado".

Lo más triste de todo es que hay demasiada gente alrededor del mundo que no tiene suficiente confianza en el mercado, lo cual significa no tener demasiada confianza ni en sì mismos ni en los demás.

Y los defensores de la planificación gubernamental siempre plantean la cuestión en tèrminos de "planificación versus no planificación". Lo que se da a entender es que si el gobierno no planificara importantes áreas de la actividad humana, entonces habrìa caos.

Pero los partidarios de la planificación centralizada están equivocados principalmente en dos puntos: primero, es la intervención del gobierno la que crea caos en la vida de la gente porque interviene en aquello que la gente desea hacer. Segundo, mientras la economìa de mercado no es el resultado de la planificación o diseño humanos, eso no quiere decir que el mercado en sì sea azaroso. Al contrario, la economìa de mercado consiste en los planes individuales de millones de personas, cada una de las cuales coordinan sus propios planes con los de los demás, resultando de ello un fenómeno que nunca nadie pudo haber ideado.

¿Cómo hacen estos millones de personas para coordinar sus planes en una economìa libre? ¿Es que todas las miles de personas relacionadas de alguna manera a la producción de lápices se reúnen en convenciones anuales para planear sus respectivos roles? No. La respuesta está en el simple y complejo sistema de comunicación de la economìa de mercado.

Tercera Parte

Karl Marx escribió que el valor de un producto (item) es determinado por la cantidad de trabajo que se necesitó para producirlo. Un diamante posee un determinado valor de acuerdo a cúanto trabajo fue necesario para extraerlo de la tierra. De ahì que, según Marx, dado que el valor es creado por el trabajador, cualquier beneficio que el capitalista reciba constituye un robo a quien aportó su trabajo.

En 1871, Carl Menger, fundador de la Escuela Austrìaca de Economìa, refutó la teorìa del valor de Marx, demostrando que el valor de cualquier producto no tiene relación con la cantidad de trabajo que conlleva producirlo. El valor es como la belleza, está en los ojos de quien la contempla. Todo depende de quièn haga la valoración. La teorìa subjetiva del valor se ha convertido en uno de los principios más importantes de la economìa de libre mercado. Diferentes valoraciones permiten a la gente mejorar su standard de vida a travès del simple intercambio. Supongamos que yo tengo diez manzanas y que usted tiene 10 naranjas. Yo valoro mis 10 manzanas en forma distinta a si yo tuviera 1 sola. Lo mismo corre con usted y sus naranjas. Cambiamos 1 manzana por 1 naranja porque ambos valoramos lo que estamos obteniendo más que lo que estamos dando a cambio. De otra forma, no harìamos el intercambio. Asì, los dos mejoramos nuestro bienestar a travès de una transacción beneficiosa con el otro.

La gente comenzó a especializarse en la producción de bienes y servicios para los que poseìa mayor talento relativo. Luego podrìan intercambiar lo que producìan con otra gente que hacìa lo mismo. Un criador de pollos intercambiarìa con un productor de algodón.

Pero las cosas pronto se volvieron más complicadas. Supongamos que el granjero A querìa algo que el granjero B producìa y supongamos que el granjero B querìa algo que el granjero C producìa pero no lo que producìa A. O supongamos que un hacendado querìa una cantidad de algodón a la que le asigna un valor de sólo 1/2 vaca. ¿Cómo se verìa afectado el intercambio?

Lentamente, la gente empezó a recurrir a productos comerciales y fácilmente divisibles. Por ejemplo, el tabaco. El granjero A comerciarìa sus manzanas a cambio de tabaco aún no teniendo previsto su uso inmediato. El sabìa que podrìa tomar el tabaco y usarlo como un medio de intercambio para comprar cualquier otra cosa que quisiera y sabìa además que podrìa dividir el tabaco en pequeñas partes para poder comprar productos de menor valor. Finalmente, la gente optó por los metales preciosos para usarlos como moneda. El oro y la plata fueron rápidamente aceptados en el mercado, retenìan relativamente su valor y eran fácilmente divisibles.

Entonces, el precio de un producto serìa determinado por cuanto valor le atribuìa el dueño con relación a otras cosas que deseaba.

Gradualmente, la gente empezó a sentir la complicación de tener que pesar el oro y la plata cada vez que tenìan que hacer una transacción, y es más, existìa tambièn la posibilidad de que las balanzas fueran arregladas para la estafa. Entonces, los privados aparecieron y comenzaron a certificar de manera privada el peso y la calidad de los metales. Vendìan las monedas por un poco más que su peso en oro y la gente pagarìa gustosa a fin de facilitar sus operaciones comerciales. Si el acuñador tenìa una buena reputación, sus monedas circularìan tan libremente como el dinero.

En su libro El hombre, la economìa y el Estado , Murray Rothhard se refiere a un acuñador privado de gran reputación que residìa en Joachim's Valley, en Bohemia en el Siglo XVI. Sus monedas de plata de una onza fueron conocidas como "Joachinsthalers", luego llamadas "Thalers". Este es el origen de la palabra "Dólar".

Desafortunadamente, los reyes y las reinas encontraron en esto una oportunidad para el saqueo. Dejaron fuera del negocio a los acuñadores privados y monopolizaron la acuñación de monedas, todo por el bien público, por supuesto. Las monedas de una onza de oro, por ejemplo, llegarìan a las manos del rey a travès del pago de impuestos. El rey cercenaba la moneda limando oro de los bordes de las mismas. Con lo que sacaba de oro de todas podrìa comprar cosas para sì y para la corte. Fue el más temprano sistema inflacionario, el proceso a travès del cual el gobierno roba a la gente a travès de la destrucción de su medio de intercambio, es decir, su medio de comunicación en el mercado.

A medida que la gente se fue dando cuenta de que las monedas de 1 onza de oro del Rey contenìan menos de 1 onza de oro, estas comenzarìan a perder valor. Esto enfurecerìa al rey porque atentaba contra la integridad de su gobierno y culparìa de la devastación de su moneda a aquellos "bárbaros, egoìstas burgueses capitalistas" que aumentaban los precios. Luego emitirìa decretos que obligarìan a la gente a aceptar el valor nominal de la moneda.

La invención de Guttenberg de la imprenta empeoró la situación monetaria. El rey comenzó a imprimir promesas de pagos o notas de intercambio en lugar de dejar circular el oro o la plata. Este proceso inflacionario serìa el mètodo que utilizarìan más tarde los gobiernos modernos.

El sistema de precios es simplemente el intrincado sistema mediante el cual la gente se comunica en el mercado a travès de todo el mundo. Por eso, cuando un polìtico condena "la búsqueda de beneficio", por ejemplo, durante un desastre natural, lo único que hace es agravar el problema. Interviene en este delicado e intrincado sistema de comunicación sobre el cual funciona el mercado. El resultado es, por ejemplo, el desabastecimiento de aquello que se necesita.

El empresario o capitalista, es quien en una economìa libre arriesga su dinero a fin de capitalizar una oportunidad. En vez de condenarlo, deberìamos exaltarlo. El beneficio que el recibe no es un robo al trabajador, como Marx sostenìa, sino su recompensa por afrontar un riesgo que a la larga beneficiará a otros.

Las ganancias son una parte del intrincado sistema de comunicación en la economìa libre. Son una forma de decir al capitalista: "Buen trabajo. Has producido los bienes y servicios que otra gente necesitaba y por lo que querìa pagar dentro de las condiciones existentes."

Las pèrdidas son lo contrario. Estas están diciendo: "Has hecho un mal trabajo en satisfacer a los consumidores."

El hecho es que cualquier regulación gubernamental que interfiera con el intercambio y el comercio está interfiriendo en la capacidad de la gente para lograr su bienestar. La gente comercia para mejorar su standard de vida. Los polìticos y burócratas, al intervenir, frustran la búsqueda de felicidad de la gente. Nunca deberìa permitìrseles intervenir en los precios y en la moneda. El bienestar de la gente -e incluso a veces su supervivencia- depende del complejo sistema de comunicación del mercado libre.

Cuarta Parte

En una sociedad pobre, primitiva económicamente, un individuo tiene que hacer un montón de trabajos básicos para poder sobrevivir. Tiene que ser independiente en muchos campos. Pero a medida que la sociedad se vuelve más rica y compleja, la gente se va especializando cada vez más en aquello en lo que es comparativamente más talentosa. Luego intercambian con aquellos que hacen a su vez lo mismo.

En una sociedad libre, la gente deberìa poder encarar cualquier emprendimiento sin necesidad de un permiso o interferencia del gobierno; entrar en cualquier intercambio beneficioso con los demás y acumular riqueza ilimitadamente en ese proceso.

¿Querrá decir esto que todos se volverìan ricos? Por supuesto que no. Las personas tienen diferentes habilidades y talentos. La acumulación de riqueza en una sociedad libre va a depender no tanto de la valoración que cada persona haga de sus propios atributos, sino de la valoración que los demás hagan de ella en el mercado.

En una economìa libre, el consumidor, y no el productor, es el soberano. El consumidor gastando -y abstenièndose de gastar- decide quièn se volverá rico y quièn será pobre.

Los partidarios del Estado socialista benefactor, sostienen que una sociedad libre producirìa un pequeño grupo de ricos que controlarìan nuestras vidas. Con este criterio se apoyan las leyes antitrust, pues sin ellas "el hombre común serìa oprimido por los grandes hombres de negocios".

¡Què error! Tomemos el caso de Bill Gates. Este hombre es rico en billones de dólares, algo más de lo que usted y yo tenemos juntos. Esto debe sorprenderlo, pero Bill Gates jamás me ha oprimido. En realidad, he entrado muchas veces a los negocios donde venden productos Microsoft y me han dejado salir sin ni siquiera comprar nada.

Gates tiene un determinado talento, y lo ha capitalizado. Pero la razón por la que se ha vuelto fenomenalmente rico es que el ha sido tremendamente exitoso en servir a otras personas. Ha producido cosas por las que la gente está deseosa de pagar pues pueden mejorar enormemente sus vidas.

Es importante destacar que su riqueza no lo habilita para oprimirme. Si yo elijo comprar o no productos Microsoft depende de mì, no de èl. Repito: en una sociedad libre los consumidores son soberanos. Son quienes deciden quièn se vuelve rico y quièn pobre. Los defensores del estatismo dicen: "Si, pero las grandes empresas cada vez crecen más bajo la ausencia de regulaciones. Necesitamos un gobierno que confisque una gran proporción de sus ingresos para no dejar que se vuelvan tan grandes".

¡Què disparate! El libre mercado consiste en un proceso que constantemente redistribuye la riqueza. Una compañìa que ha tenido èxito en el pasado en satisfacer a los consumidores estará bajo constante presión para seguir hacièndolo. Si fracasa, los consumidores se irán a otra parte y la empresa quedará fuera del mercado. Nuevamente, los consumidores deciden en la redistribución de la riqueza a travès de sus decisiones de comprar o no comprar.

Por ejemplo, tomemos la lista de las 500 empresas más importantes de los últimos 50 años de la revista Fortune. ¿Cuántas empresas persisten desde hace 50 o incluso 10 años? Difìcilmente alguna.

Hace 20 años, recuerdo cómo hablaban los estatistas de la industria automotriz. Decìan "Estas empresas son diferentes, son oligopolios y pueden imponer el precio que quieran en el mercado. Tienen que ser controladas por el gobierno."

Despuès de estos años las empresas del acero y las automotrices luchan por sobrevivir. Pero los estatistas dicen: "En ausencia de leyes antitrust, las empresas se unirìan para cooperar" Sì, ¿Y què? Es su propiedad privada, ¿o no? Si el consumidor no está satisfecho con los resultados, es libre de no consumir o de comprarle a otras empresas.

Y además hay beneficios que se derivan de esa cooperación. Por ejemplo, supongamos que empresas automotrices se unen en un joint venture para encarar procesos de investigación que redunda en una mayor eficiencia para mejorar la calidad de los productos. Y luego podrìan competir en otras áreas (el modelo, los accesorios, etc.).

"¿Y què pasa con los trabajadores?" preguntan los estatistas. No siempre el poder lo tienen los empleadores. Supongamos que sube la demanda a favor de un nuevo tipo de software. Los empresarios tienen que buscar programadores competentes que tendrán una fuerte posición para determinar sus ingresos, por más que se trate de una empresa billonaria.Y el empleador no paga salarios más altos porque es un buen tipo, lo hace porque sabe que si no el programador puede ofrecer sus servicios a algún competidor.

Los estatistas siempre dicen "hay un conflicto inherente entre trabajadores y empleadores". ¡Todo lo contrario! Es exactamente al revès. Tanto unos como otros tienen un fuerte interès en común: el èxito de la compañìa, que será aquella que satisfaga mejor a los consumidores. Si no es asì y la empresa queda fuera del mercado, los empleados se quedan sin trabajo. Si le va bien, tienen mayor seguridad en su empleo.

Y si a la empresa le va bien, ¿Cuál es la garantìa de que se aumenten los salarios? Eso depende de cuánto se estè pagando en el mercado. Si otras empresas están pagando significativamente más, entonces atraerán a los mejores trabajadores. Las mejores empresas comenzarán a decaer si empiezaran a perder a sus mejores empleados. El interès de las empresas las llevará a querer mantener a sus mejores empleados y pagar mejor.

En última instancia, la única manera de que los salarios tiendan a subir en una sociedad es a travès de la acumulación de capital. El capital proviene del ahorro y èste de la acumulación de riqueza en el mercado. Cuando la gente es libre para acumular riquezas, los salarios tienden a subir.

"Pero necesitamos que el gobierno establezca un mìnimo para los salarios", dicen los estatistas. ¡Què error! Una relación de trabajo es como cualquier otra transacción. Alguien va a contratar a un trabajador si considera que lo que da por ello vale la pena según lo que va a obtener a cambio.

Supongamos que un chico de 17 años busca un empleo sin tener experiencia. El empleador piensa "me va a costar $4 la hora y ni un centavo más". Y el chico piensa: "Me gustarìa ganar $5 la hora, pero por lo menos asì voy aprendiendo el oficio". Una ley que establezca un sueldo mìnimo de $5 la hora resultarìa en un chico de 17 años desempleado. Al contrario de lo que generalmente se enseña en los colegios, un paìs no puede destruir la pobreza a travès de la legislación. Si fuese asì, todos los paìses serìan ricos.

La pobreza es el estado natural de la humanidad. La gente siempre ha sido pobre. La verdadera pregunta es: ¿Cómo hacen los paìses (y las personas dentro de ellos) para volverse ricos? La respuesta es la libertad. Cuando la gente es libre, puede usar sus habilidades y talentos para proveer bienes y servicios a los demás en el mercado. Los que mejor lo hagan se volverán ricos.

A medida que la gente acumula más riqueza, cada vez más dinero es invertido en capital, que asegura a su vez un mejor nivel de vida para todos en la sociedad. No es casual que los pobres en las sociedades ricas vivan significativamente mejor que en las sociedades pobres.

En una sociedad libre la gente podrá coordinar su vida con las de los demás armónicamente. Y serìa una sociedad donde el gobierno no podrìa interferir en la acumulación ilimitada de riqueza. Esta sociedad no sólo proporcionarìa el mayor ámbito de posibilidad de elección, sino que además alcanzarìa el bienestar económico para cada uno en ella.

Quinta Parte

Los liberales, a diferencia de conservadores e izquierdistas, creen que la gente deberìa ser libre para vivir como quieran mientras sus conductas sean pacìficas. Esto es, mientras la gente no cometa asesinatos, robos, violaciones, estafas, etc.; tienen una absoluta libertad para emprender cualquier tipo de actividad pacìfica. Por lo tanto, muchos liberales creen que el gobierno sólo tiene tres funciones legìtimas: arrestar, acusar y castigar a aquellos que inician violencia sobre otros; administrar justicia con el monopolio del poder de enjuiciamiento, lo que permite a la gente resolver pacìficamente sus disputas civiles; y proteger a la nación de las invasiones extranjeras.

Los liberales creen que no deberìa haber leyes anti-droga, ni sobre pornografìa, sodomìa, adulterio, etc. Ninguna Ley que regule las conductas pacìficas.

Obviamente, esta posición es completamente diferente a la de los conservadores. Ellos creen que el gobierno debe regular las decisiones morales y las actividades de los ciudadanos. Su razonamiento es el siguiente: la gente es irresponsable, por lo tanto no puede ser libre para emprender conductas equivocadas pues si se la deja en libertad de elegir, inmediatamente se comprometerá en actividades inmorales. Recièn cuando la gente aprenda a ser responsable, sostienen los conservadores, -y sólo entonces-, será posible suprimir las leyes que regulan comportamientos o actividades pacìficas.

Un ejemplo: Las leyes anti-drogas. Los conservadores dicen: "Si fuesen abolidas las leyes anti-droga, la gente irìa corriendo a consumirlas y habrìa negocios que podrìan venderlas libremente. La gente está desesperada esperando que se legalice la droga para ir a inyectarse heroìna."

Por supuesto, los conservadores son tambièn defensores de la educación pública, otra área donde el Estado regula una actividad pacìfica (Es gracioso preguntarles: ¿Porquè la gente es adicta a las drogas? ¿No pasan una gran parte de su vida en el colegio? ¿Y si esto es lo que producen los colegios, por què hacèrselo a más generaciones? Generalmente, los conservadores fruncen el ceño ante este argumento y se retiran).

Lo que los conservadores no ven es que si la gente es irresponsable, inmoral o incompetente, un sistema de regulación estatal sólo empeorará la situación: Las personas necesitan alcanzar lo que todos más ambicionamos: una sociedad responsable, cuidadosa, completamente moral y ètica. La libertad y sus consecuencias individuales será lo que ayude a elevar la conciencia de la gente.

¿Pero no es peligroso -dicen los conservadores- abolir las leyes anti-drogras sin estar seguros de que la gente será responsable?

Por supuesto. A travès de la historia, la libertad siempre ha sido peligrosa porque es imposible predecir las consecuencias de una sociedad en donde la gente tiene total libertad de elección. Teóricamente, es posible que si las leyes anti-drogas son abolidas hoy, cada uno de nosotros comenzara mañana a inyectarse heroìna en las venas mañana. ¿Pero es realmente asì? Despuès de todo, si alguien desea heroìna hoy, es poco probable que una ley penal lo disuada de hacer lo que quiere para satisfacer ese deseo o necesidad.

De hecho, las leyes anti-drogas hacen de una situación mala, algo peor. La prohibición eleva los precios al cielo y entonces los adictos enfrentan una difìcil elección: pueden abandonar el hábito (cosa no muy fácil) o conseguir el dinero para comprar ls drogas a los increìbles precios del mercado negro. Lamentablemente, la decisión que suele tomarse es la segunda, lo cual deriva en robos, hurtos y asaltos y otros crìmenes violentos para conseguir el dinero.

Irónicamente, los conservadores, que son los grandes defensores de la "responsabilidad individual" nunca se hacen responsables de los crìmenes violentos que se derivan de la existencia de leyes anti-drogas. Como los izquierdistas que defienden el estado benefactor, los conservadores están sosteniendo: "Deberìamos ser juzgados por nuestras buenas intenciones y no por las consecuencias de nuestra creencias y acciones."

¿Derivarìa la despenalización de las drogas en un menor nivel de consumo? Es imposible saberlo. Nuevamente, una sociedad libre es aquella en la que la gente es libre de hacer lo que quiera, mientras sea pacìficamente. El rol del estado es proteger el ejercicio de esa libertad, especialmente cuando se trata de las "equivocadas". Si la gente sólo es "libre" de hacer elecciones "responsables" (como en China, Cuba y Corea del Norte), entonces no pueden ser consideradas libres.

Hay grandes posibilidades, si, de que las adicciones a las drogas disminuyan en una sociedad libre. Por empezar, la mìstica de la ilegalidad va a desaparecer. Pero fundamentalmente la drogadicción es generalmente un problema psicológico. La mejor manera de combatirlo para cualquier persona es hacerlo surgir, hablarlo, y tratar de saber cuales son las causas que lo llevan a la autodestrucción. Pero los adictos están asustados pues han sido relegados a lo marginal por la ilegalidad.

Los conservadores creen que la adicción puede ser combatido con años de prisión. Pero no es asì, ya que las autoridades ni siquiera pueden resguardar de las drogas a las cárceles mejores custodiadas.

Los conservadores dicen que la legalización estarìa dando un mensaje malo a la sociedad. ¿Pero no se estará dando el mensaje de que la libertad es el valor más importante?

Es imposible predecir lo que producirá una sociedad libre, excepto en este sentido; serìa un lugar excitante y dinámico donde vivir. Imaginen: cada uno serìa libre de vivir su vida como quisiera mientras no interfiera en la libertad de los demás para hacer lo mismo. Y la policìa podrìa concentrarse en protegernos de la minorìa de asesinos, ladrones y otros que existiesen.

Algunos dedicarìan su vida a acumular riqueza (sólo podrìan hacerlo proveyendo de bienes y servicios a los demás). Otros serán pobres pero con más altos estándares de vida que aquellos que viven en una sociedad regulada. Algunos gastarán, dándole oportunidades a otros, y otros ahorrarán, dando oportunidades de inversión a travès de los bancos, y otros donarán sus riquezas. La mayorìa seguramente vivirá en una combinación de estas operaciones.

La gente serìa libre para viajar y comerciar sin necesidad de permisos del gobierno y podrìan usar cualquier medio de intercambio: oro, monedas de plata, cheques, lo que sea. La producción de bienes y servicios aumentarìa vertiginosamente. Los consumidores dirigirìan la producción a travès de sus decisiones de comprar o no comprar. Solo ellos redistribuirìan el capital a travès de sus hábitos de consumo. Pero sobre todo, el capital continuarìa acumulándose, resultando en mejores salarios para los trabajadores.

Con la libertad sobrevendrá la responsabilidad de aceptar las consecuencias de las propias acciones y probablemente, un mayor nivel de concientización.

La libertad traerá un entusiasmo tal que aquellos acostumbrados a vivir en el estancamiento del estado socialista y de una sociedad reguladora no se pueden imaginar. Sin dudas traerá mayores niveles de vida, paz, armonìa y valores (responsabilidad, compasión, moralidad) que todos estamos deseando.

Jacob G. Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation. Este artìculo es una sìntesis de los originalmente publicados en Freedom Daily.

Traducción de Natalia Rodrìguez.

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