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¿Deben los medios de prensa ser enemigos de la libertad?
por Sheldon Richman, abril 2001
Serìa muy fácil llegar a la conclusión de que hay un conflicto
intrìnseco de intereses entre los medios de prensa y la libertad. Ya sea intencionado
o no, la cobertura de las noticias parece minar consistentemente la clásica
premisa liberal de que la sociedad esencialmente se maneja a sì misma sin
una dirección central. Hay múltiples explicaciones para ese fenómeno.
Desde hace mucho tiempo se ha obervado que la gente a la
que le gusta los negocios se dedica a los negocios y la gente que no gusta
de los negocios de dedica entre otras profesiones formadoras de opinión-
al periodismo. Eso genera un problema para aquellos interesados en darle un
sustento intelectual a la empresa libre. Las personas que proveen a los ciudadanos
su dieta diaria de noticias sobre economìa y polìtica tienden a ser prejuiciosos
contra las empresas. Hay excepciones notables pero la palabra clave aquì es
excepciones.
Hay otra razón por la cual la cobertura de las noticias predispone
contra el proceso de mercado. La razón se encuentra retrocediendo a una observación
astuta de Frederic Bastiat en su famoso ensayo Lo que se ve y lo que no
se ve. La esencia del mercado es invisible. Como la justicia, usted no
puede verla. Si Smith le da un reloj a Jones, usted no puede decir mediante
la simple observación que lo que está pasando es justo. Tal vez Smith le está
devolviendo a Jones su reloj. Pero tal vez Jones le dijo a Smith que si no
le entregaba el reloj, matarìa a su esposa e hijos. Es necesario algo más
que una observación grosera para comprender toda la historia. Comprender el
mercado es similar. Cuando usted camina por el interior de la Bolsa de Comercio
de Nueva York puede ver bastante acción. La gente está moviendo sus brazos
y gritando. Las luces están centelleando con letras misteriosas y números.
¿Què significa todo eso? Usted no puede contar lo que está pasando simplemente
mediante la observación, a pesar de la máxima del Yogi Berra que dice que
usted puede observar mucho simplemente mirando. En la Bolsa la gente está
comerciando cosas que ellos poseen. Usted no puede ver al propietario o al
tìtulo. Y ellos no están intercambiando sillas o relojes o aun tìtulos de
cosas fìsicas. Ellos están intercambiando tìtulos de acciones no especìficas
de compañìas.
Los medios de prensa, de todos modos, son orientados visualmente
y eso es una verdad de radios y diarios, asì como tambièn, de la televisión.
Lo que cuenta no es el medio sino la gente que cubre las noticias. Ellos tienen
tendencia a ser atraìdos por los hechos salientes porque son más fáciles de
describir. Cuando agregamos a ese factor la ignorancia general sobre el proceso
de mercado, no deberìamos estar sorprendidos que la noticia estè dominada
por historias que en el mejor de los casos- ignoran las contribuciones
del mercado y en el peor de los casos- menosprecian a las empresas.
La sutileza del mercado. El común
de la gente tropieza donde la mayorìa de la gente lo hace. El proceso de mercado
está basado en un fenómeno que no es obvio: un orden no planificado. Aun cuando
se lo explica, mucha gente se resiste a la idea de que puede haber orden sin
planificación. La idea viola sus experiencias diarias. Los ejemplos de orden
en los que ellos probablemente pensarán son el resultado de alguna planificación:
sus familias, sus lugares de trabajo y asì sucesivamente. Pedirles que acepten
la existencia de un orden no planificado es como pedirles que crean que un
vaso permanecerá en el aire cuando la mesa que lo sostiene sea removida.
Si los reporteros ven orden, o coordinación, ellos presumen
que estaba planificado, ya sea por el gobierno o por alguien más, pero planificado
al fin. Y si ellos ven lo que parece ser desorden, concluyen que es por falta
de planificación. Finalmente sacarán la conclusión de que la planificación
es necesaria, usualmente para los funcionarios del gobierno. En ese sentido,
los reporteros son como los mismos funcionarios del gobierno. Veamos algunos
ejemplos comunes.
Cuando los periodistas ven una planta cerrada y mucha gente
expulsada de sus trabajos, ellos saltan dado que tienen todos los elementos
de una buena historia. Es algo muy visual y que se presta a una descripción
viva aun para los diarios. Si el producto que solìa fabricarse en la planta
cerrada está ahora siendo vendido en Estados Unidos por fabicantes japoneses,
la historia se pone mejor. Escenas de barcos dirigièndose hacia puertos de
los Estados Unidos y norteameicanos comprando el producto japonès, pueden
ser mostradas o descriptas claramente. Esas escenas son fácilmente yuxtapuestas
con escenas de trabajadores despedidos en la oficina de desempleados o entrevistas
con familiares de esos trabajadores hablando sobre la lucha para mantenerse
a flote. La moral implìcita o explìcita de la historia es que los extranjeros
y el libre comercio causan privaciones a los norteamericanos.
Lo que raramente se muestra son los nuevos empleos que surgieron
o se generaron por obra del proceso de mercado y del comercio exterior. Por
ejemplo, los medios tenderán a ignorar el hecho de que si los japoneses están
vendiendo bienes en los Estados Unidos, ellos tienen dólares con los cuales
comprar productos americanos o para invertir en empresas americanas. Por otra
parte, si los japoneses están vendiendo ahora una versión más económica de
un producto que estaba siendo fabricado por una fábrica americana recientemente
cerrada, a la mayorìa de los reporteros no se le ocurrirìa entrevistar a los
fabicantes americanos y trabajadores que son más eficientes porque utilizan
máquinas japonesas. Menos probable aún es que entrevisten a los consumidores
que están disfrutando de un más elevado estandar de vida porque los productos
son más baratos (los propios consumidores no conocerán la razón).
LA HISTORIA REAL EST° AUSENTE. Este
problema de lo que no se ve, está bien ilustrado por un caso del mundo real.
Hay un fabricante de productos textiles en el sur que es un gran defensor
de las restricciones a los productos textiles y ropa provenientes del exterior.
Al mismo tiempo, se opone a las restricciones a las importaciones de las máquinas
usadas para hacer los productos textiles y la ropa. Naturalmente èl quiere
mantener bajos sus costos de producción. Por lo tanto comprará una máquina
extranjera más barata en vez de una máquina americana más cara.
De esta manera, èl puede ser más competitivo con sus competidores
del exterior. Si no puede conseguir máquinas más baratas, perderá ventas frente
a firmas extranjeras que sì pueden conseguirlas.
La mayorìa de los reporteros no pensarán que esos hechos
o factores son dignos de mención (a lo sumo, ellos dirán que el fabricante
textil es un hipócrita). Sin embargo, esos hechos revelan la historia real
que subyace en el tema del comercio.
Los norteamericanos que fabrican máquinas para la industria
textil estarán en desacuerdo con ese fabricante textil en lo que respecta
a la necesidad de no imponer restricciones a las máquinas extranjeras. Si
ellos se salen con la suya, el fabricante textil y sus empleados serán perjudicados.
Si el fabricante textil se sale con la suya, el fabricante local de máquinas
deberá buscar otro trabajo.
La historia muestra que la pelea por las restricciones al
comercio entre norteamericanos y extranjeros no es como usualmente se la pinta,
entre norteamericanos y extranjeros. Es entre dos o más grupos de norteamericanos.
Todas las restricciones al comercio son de esa naturaleza.
¿Aprenderá usted eso de los medios de prensa? Es improbable
porque lo que no es obvio no es noticia. No obstante, es la clave de toda
la historia.
El comercio no es el único tema en el que vemos este problema.
La conexión entre las regulaciones gubernamentales a la industria y salarios
estancados o la lenta innovación están bien establecidas en la teorìa económica.
Pero usted no lo encontrará como tema de muchas historias de noticias. ¿Por
què? Porque las conexiones no son palpables y los reporteros responden en
su mayorìa a lo que salta y los muerde. Usted podrá ver una historia sobre
como los robots están desplazando a los trabajadores. Pero usted probablemente
no verá a un periodista explicando que el resultado de la fabricación de productos
más baratos (por el uso de robots en vez de mano de obra) le deja mas dinero
disponible en el bolsillo a los consumidores que entonces les permite comprar
cosas (bienes o servicios) que antes no podìan, creando flamantes empleos
posiblemente mejor remunerados que los anteriores. Se trata de una historia
que nos es visible.
De manera similar, la conexión entre la ley de salarios mìnimos
y los trabajadores sin experiencia que se quedan fuera del mercado laboral
no es retenida visualmente. Se requiere una comprensión de las cosas que están
por debajo de la superficie, asì como de las leyes de la acción humana, especìficamente,
la ley de la demanda. Los periodistas que actúan a nivel puramente visual
solamente verán a polìticos bien intencionados votando por la elevación del
salario mìnimo y a la gente desempleada siendo vìctima de los crueles capitalistas
que se rehusan a pagarles un salario que les permita vivir. ¿Què otra explicación
puede haber allì? ¿Què es lo que está ausente en la pelìcula? Oferta y demanda,
trabajadores sindicalizados bien pagos que temen la competencia de los trabajadores
inexpertos y la demagogia polìtica.
El tema de la restructuración o redimensionamiento de las
corporaciones ha proporcionado muchos ejemplos sobre la superficialidad o
frivolidad de los medios. Un ejemplo tìpico de ello fue una serie de siete
artìculos publicados en el New York Times en marzo de 1996 bajo el
tìtulo El redimensionamiento de Amèrica. Los artìculos se concentraban
casi exclusivamente en el desplazamiento y la adaptación de los trabajadores,
pero hablaban muy poco sobre los beneficios para los consumidores y otros
trabajadores. Tambièn predecìan que los negocios quedarìan con empleados sin
espìritu y desleales que serìan menos productivos.
USA Today publicó tambièn una serie de artìculos
en el mes de abril. Mientras hacìa referencia a la creación de nuevos empleos,
la relativamente baja tasa de desempleo y las ganancias en la productividad;
el tema todo se referìa a que el convenio implìcito entre los trabajadores
norteamericanos y los empleadores que habìa existido desde la finalización
de la Segunda Guerra Mundial, habìa llegado a su fin.
El área de las noticias económicas no es la única donde la
historia verdadera está usualmente ausente, o en el mejor de los casos menos
preciada. La predisposición que tienen los medios hacia el pronóstico de calamidades,
particularmente en los temas de tecnologìa y de medio ambiente, se ha notado
frecuentemente. Un rápido ejemplo será suficiente. El dìa 11 de abril de 1996,
el diario New York Times informó que no hay evidencias de que los telèfonos
celulares son insalubres (Estudio: Los telèfonos celulares no elevan la tasa
de mortalidad). La historia no fue publicada en la página uno. ¿Dónde creen
ustedes que el Times hubiera publicado una historia sobre un estudio que indicara
que los telèfonos celulares son peligrosos?
LA OBJETIVIDAD Y LAS NOTICIAS. El
prolongado debate sobre la cobertura objetiva de las noticias inevitablemente
se introduce en esta discusión. He argumentado que la causa del problema con
la cobertura de los temas económicos y sociales es que las cosas importantes
son invisibles. ¿Pero es la falta de objetividad el problema actual? Opino
que èstos son elementos de un solo problema. El fracaso en atrapar lo esencial,
los hechos de una situación que no son obvios, es una falta de objetividad.
Ese fracaso y esa falta de objetividad pueden no ser intencionales (en la
mayorìa de los casos probablemente no lo son) pero eso no altera las consecuencias.
¿Què es la objetividad? Es a la vez un compromiso y un estado
de las cosas. Es el compromiso por comprender algo sobre el mundo y la comprensión
resultante. Podemos sintetizar este compromiso diciendo que es un esfuerzo
por no confundir nunca el pensamiento y el deseo. El querer que algo sea verdad
no lo convierte en verdad.
Dos importantes conceptos en el tema de la objetividad que
Ayn Rand enseñó: hay esencia y contexto. Hay un número infinito de factores
sobre cualquier fenómeno. Pero no todos ellos son esenciales en un contexto
particular. Entonces el relato o la narración de una noticia no necesitan
convertirse en una lista sin fin de hechos. En la cobertura de una campaña
presidencial, el color de ojos de los candidatos no es esencial, mientras
que su posición con respecto al envìo de soldados americanos a la guerra en
suelos extranjeros sì lo es.
Relatar lo esencial de lo que no es esencial no es siempre
fácil. Los desacuerdos son inevitables. Pero en principio, la investigación
y la discusión racional pueden resolver estos desacuerdos. Señalo esto porque
la gente que discute la objetividad de las noticias generalmente asume que
la verdad objetiva es imposible porque significa informar acerca de todos
los hechos.
Otro supuesto cargo contra la posibilidad de la objetividad
es que, siendo humanos, los reporteros no pueden realmente separar sus valores
y opiniones de su percepción de los hechos. Aquì la confusión filosófica se
incrementa.
La suposición subyacente es que los valores y opiniones no
tienen nada que hacer con la objetividad. ¿Puede ser esto asì? Ultimamente
ha habido historias sobre la existencia de esclavitud en Sudán y en otros
paìses de Africa. Usted no puede leer estas historias sin tener la sensación
de que los periodistas piensan que la esclavitud es algo malo. ¿Hay allì una
falta de objetividad? ¿Han dejado los periodistas que sus opiniones se inmiscuyan
en sus relatos de los hechos? No. Es ciertamente verdad que los periodistas
sostienen la opinión de que la esclavitud es mala. Pero tambièn es un hecho
que la esclavitud es mala. Por lo tanto la opinión, o juicios de valor, de
que la esclavitud es mala es objetiva. Concuerda con los hechos. Los valores
no están fuera del dominio de la objetividad, porque lo bueno y lo malo son
aspectos reales del mundo (El mejor caso para esa posición debe buscarse en
el trabajo de Ayn Rand, particularmente en La ètica objetivista de
su libro La virtud del egoìsmo).
El problema de cómo la noticia es cubierta no es que ella
contenga de manera explìcita o implìcita juicios de valor. Eso es inevitable,
la selección misma de lo que se va a informar involucra juicios de valor.
Por otra parte, el informar sin juicios de valor no serìa de interès (Ayn
Rand dijo que hay dos preguntas fundamentales: ¿Què? ¿y entonces què?) El
problema no es que los juicios de valor se introduzcan en la narración de
las noticias. El problema es que los juicios de valor son usualmente erróneos.
Pero hay otro problema.
OBJETIVIDAD E IMPARCIALIDAD. La objetividad
a menudo se confunde con la imparcialidad. Es una creencia general que los
periodistas deben dejar para otros los juicios de valor explìcitos, al menos
en los temas controvertidos. Cuando un periodista viola esa regla y hace un
juicio de valor explìcito por su cuenta, puede ser acusado de una falta de
objetividad cuando en realidad èl es culpable de una falta de imparcialidad.
De cualquier modo, será criticado sólo si su juicio es disidente. Expresando
la opinión del diario no se meterá en problemas. Ese criterio moral da crèdito
a la acusación común de que los medios de prensa tienen una influencia estatista.
Veámoslo en un ejemplo. Imagìnese que el Congreso incrementa
el salario mìnimo a 5,25 dólares la hora. Dos periodistas de distintos medios
escriben sus primeros párrafos de la siguiente manera: 1) El Congreso elevó
ayer los ingresos de miles de trabajadores de bajos salarios en todo Estados
Unidos; 2) El Congreso elevó ayer el salario mìnimo a 5,25 dólares la hora,
amenazando con el desempleo a miles de trabajadores de bajos ingresos.
¿Què podemos decir nosotros sobre estos comentarios? El primero
contiene una falacia. El segundo es correcto. Pero ambos carecen de imparcialidad.
En cada uno, el periodista saca sus propias conclusiones. Es el modo de comunicar
noticias que la mayorìa de la gente desaprueba (incluyendo los profesores
de periodismo). Se supone que los periodistas tienen cierta autoridad para
sacar las conclusiones. Esa es una de las diferencias que definen el hecho
de informar noticias y comentar noticias. El trabajo de un comentarista es
sacar conclusiones.
Pero aquì es donde el criterio moral hace su aparición. El
periodista que escribió el primer comentario del ejemplo, probablemente recibirá
una pequeña crìtica de los observadores del propio medio de noticias, porque
su conclusión es consistente con la del propio medio.
Un ejemplo reciente de falta de imparcialidad lo tenemos
en una noticia de la Agencia Associated Press, publicado el 27 de marzo
de 1996. La historia era sobre el contrabando de gas freón para el aire acondicionado
de los automóviles en Estados Unidos. A raìz de la presión ejercida por las
instituciones que defienden el medio ambiente, el gas de freón, que es un
clorofluocarbonado, fue prohibido en Estados Unidos pero se lo introduce en
grandes cantidades desde la India, donde todavìa se lo fabrica. El despacho
de la Agencia Associated Press comenzaba de esta forma: Gas clorofuocarbonado
de la India ha sido introducido de contrabando en los Estados Unidos, permitiendo
de esta forma que algunos automóviles pasen un verano fresco de manera económica,
pero prolongando la amenaza sobre la capa de ozono protectora de la tierra.
El periodista hace referencia a la amenaza a la capa de ozono
como si ello fuera un hecho indiscutido. Miren que diferente serìa si èl hubiera
escrito prolongando lo que algunos ven como una amenaza para la capa de ozono
protectora de la tierra. Aunque la diferencia tal vez no parezca muy grande,
al menos le dice a los lectores que la amenaza está en discusión. Hay mucha
literatura que argumenta que la capa de ozono no está desapareciendo, y que
el adelgazamiento en el Polo Sur es caracterìstico de esa región. Usted no
sabrá eso leyendo la noticia de Associated Press. El periodista, finalmente,
le brindó un mal servicio a sus lectores.
¿Què error cometió? El presentó como un hecho incontrovertido
algo que entre los cientìficos está en discusión. Desde que su conclusión
estuvo de acuerdo con las instituciones defensoras del medio ambiente, probablemente
èl ni siquiera se haya enterado de lo que hizo. El periodista tambièn violó
el principio de la imparcialidad, presentando por su propia cuenta la conclusión
cientìfica. Eso reforzó la deducción de que es incontrovertido. Obèrvese que
si èl hubiera cumplido con la regla de imparcialidad, la noticia no hubiera
parecido tan influenciada. Si hubiera citado a alguien diciendo que el gas
freón amenaza a la capa de ozono, tal vez tambièn hubiera pensado en citar
a alguien que estuviera en desacuerdo. Al menos los lectores hubieran tenido
la sensación de que la amenaza es la visión de un cientìfico y no la visión
de todos los cientìficos. Una simple afirmación hecha por un reportero, presentada
como si todos creyeran en ella, significa cargar con una responsabilidad superior
a la de los cientìficos.
¿Es la regla de la imparcialidad una buena regla? Esa es
una pregunta compleja. Antes, los periódicos americanos no aceptaban o no
adoptaban la regla. En los dìas en que la ideologìa separaba severamente a
los partidos polìticos, los periódicos se identificaban abiertamente con uno
u otro partido. En el siglo XIX, un periódico abiertamente demócrata apoyaba
el comercio libre y la libertad personal: se oponìa a los aranceles y a las
prohibiciones. Los periódicos republicanos eran la voz de los grandes negocios,
apoyaban o defendìan los aranceles y las prohibiciones. No habìa nada intrìnsecamente
malo con este arreglo o convenio. Cuando usted compraba un diario en particular,
usted sabìa lo que estaba adquiriendo. Si usted querìa ambos (o más) partidos,
usted compraba dos o más periódicos.
Ahora las cosas son diferentes y no es probable que se vuelva
a la vieja senda. La regla de la imparcialidad es más ventajosa o conveniente.
Si bien no garantiza la información honesta, puede mitigar algunas de las
peores influencias que habitualmente encontramos en la información.
Pero todavìa estamos en falta con la pregunta: ¿son los medios
de prensa un impedimento intrìnseco para lograr una sociedad libre?.
¿PODEMOS TENER UNA SOCIEDAD LIBRE Y UNA PRENSA LIBRE?
Thomas Jefferson señaló una vez que preferìa tener periódicos y ningún
gobierno, que tener gobierno y ningún periódico. Pero esa no es la elección
a la cual nos estamos enfrentando.
La pregunta es: ¿podemos tener libertad y medios de prensa?
Dada la discusión anterior, el motivo para el pesimismo es fuerte. Pero las
cosas no están tan mal como parecen. A pesar de los medios de prensa, la comprensión
de la importancia de la libertad y el peligro del poder ha crecido notablemente
en los últimos treinta años. A veces los medios de prensa han sido útiles.
En los últimos años ha habido más historias como nunca antes
sobre los fracasos del gobierno para solucionar problemas. Hay, probablemente,
más periodistas con una verdadera inclinación liberal que en cualquier otra
època. Esa tendencia deberìa continuar en su trayectoria alcista, porque muchos
jóvenes amantes de la libertad son atraìdos por el periodismo.
Pero al mismo tiempo, deberìamos entender que los medios
de prensa no serán los lìderes de la revolución intelectual de la libertad
ni deberìamos esperar que lo sean.
A pesar de la frecuencia creciente de artìculos periodìsticos
y reportajes televisivos a favor de la libertad, el verdadero trabajo en la
discusión de las ideas de la libertad vendrá a travès de otros canales, como
siempre sucedió. La opinión en los medios es uno de esos canales. Excelente
material pro-libertad aparece casi todos los dìas. Las noticias en la TV tambièn
han mostrado alguna mejora. El trabajo de John Stossel, para la cadena ABC,
demuestra la posibilidad que hay en la TV de presentar un buen y duro análisis
de los errores del gobierno. La cuestión de fondo es que los medios de prensa
hacen difìcil pero no imposible- la venta de la libertad. A medida que
la comprensión del proceso de mercado y el orden no planificado se difunda,
se creará tal vez una nueva generación de periodistas que no serán inducidos
por lo puramente visual. Cuando eso ocurra, los medios podrán ser más útiles
en el sostenimiento de la libertad, aún siendo ellos de poca ayuda en el establecimiento
de la misma.
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