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Por Palabra Clave

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La emoción que sienten los Cubanos por Elián
por Jacob G. Hornberger, abril 2000

El año pasado pasè una semana en Cuba con el permiso del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y de la Sección de Intereses Cubanos en Washington, D.C. (la agencia diplomática donde se está quedando el padre de Elián González, Juan Miguel González). Hice el viaje para realizar un estudio informal del sistema económico cubano y de los efectos del embargo estadounidense sobre la vida en Cuba. Las autoridades cubanas concertaron visitas oficiales con varios centros de investigación en la Universidad de La Habana y me dieron permiso para entrevistarme libremente con la gente en la calle. (Domino el idioma español.) El funcionario de la Sección de Intereses Cubanos que preparó mi itinerario oficial hasta me informó que yo hallarìa que, ¡los cubanos son más libres que los norteamericanos!

Durante más de veinte años me he dedicado a estudiar el comunismo y el socialismo. Además he viajado extensamente por Latinoamèrica, donde la ingerencia estatal domina la vida económica de los ciudadanos. Pero nada de ello me habìa preparado para lo que iba a encontrar en Cuba.

En Cuba, el Estado es en efecto el dueño de todas las fuentes de empleo. Todas las estaciones de repartimiento de raciones de comida, todas las emisoras de radio y de televisión, los museos, las escuelas, las farmacias y las clìnicas son propiedad del Estado. Por lo tanto en Cuba el Estado es el patrón de casi todo el mundo. Imagìnese lo que ello significa. Si Vd. le causa un disgusto al jefe y pierde su trabajo, no tiene manera de obtener una plaza nueva en otro lugar, porque prácticamente no hay más de donde escoger.

Esta realidad me la demostró una joven que me enseñó su carnè de identidad y a escondidas se burló de èl. Le preguntè por què no lo hacìa abiertamente, y me respondió que, "Si resisto, el Estado [o sea, el patrón] me traslada a otro pueblo al extremo opuesto de la isla - bien lejos del hombre con quien estoy comprometida."

Otra joven, que es estudiante de derecho en la Universidad de La Habana, declaró que su mayor ilusión en la vida es la de tener su propio negocio. Cuando le hice la observación de que eso es algo ilegal en Cuba, me respondió, "Sì, lo sè, pero siempre existe la esperanza."

En un restaurante al aire libre (propiedad del Estado), un conjunto de músicos (empleados del Estado) estaba tocando para los comensales. Cuando pasaron por mi mesa, les pedì que tocaran la canción, "Abriendo Puertas," de Gloria Estefan, que es cubanoamericana, pero ellos se rehusaron. Posteriormente me enterè que el patrón (o sea, el Estado cubano) no les permite tocar la música de Gloria Estefan.

Mis conversaciones con los cubanos en la calle confirman el hecho que en Cuba existe un gran temor de expresarse independientemente. Es el temor, no sólo de perder el trabajo, sino tambièn de quedar preso. Tèngase en cuenta que en Cuba el criticar o el dudar en público del sistema polìtico y económico del paìs, constituye un delito serio. Durante mi viaje, este hecho lo recalcó el enjuiciamiento de varios disidentes cubanos, que la televisión estatal cubana difundió esa misma semana. (Eventualmente los disidentes recibieron condenas de 3 a 5 años de cárcel.)

Al terminar las subvenciones sovièticas, las autoridades en Cuba a regañadientes comenzaron a permitir que la gente pusiera algunos negocios (despuès de sacar licencia) en que pudieran trabajar por su propia cuenta. Fue muy interesante el poder presenciar cómo brotaron de las tinieblas socialistas el talento emprendedor y el espìritu de independencia del cubano, bien que de un modo tan coartado.

Por ejemplo, le pregunto a uno que vende libros en un mercado al aire libre, ¿Cómo sabes cuánto cobrar por los libros?" y me responde en la mejor manera empresarial, "Es mi giro saberlo." Una señora de unos 80 años de edad, que vende helados por la calle, me dice que al final del año, además de pagar la licencia de $250 al mes, tiene que pagar impuestos sobre sus ingresos. Le pregunto, "¿Cómo van a saber lo que Vd. gana?" Mirando por todas partes para cerciorarse de que nadie pueda oìrla, me da una sonrisa y contesta, "Sì, efectivamente, ¿cómo lo van a saber?"

No es sorprendente que mis entrevistas con los funcionarios en los centros estatales de investigación fueran bastante distintas a las que tuve con la gente en la calle. En los centros de investigación, todavìa (dicen que) siguen creyendo en el sistema socialista cubano. Cada vez que les preguntaba cómo podìan justificar tanta fe en el socialismo en vista de los resultados económicos horrorosos, le echaban la culpa de las dificultades económicas de Cuba al embargo estadounidense.

Despuès de volver a casa y de editar varios artìculos con crìticas del socialismo cubano, el funcionario de la Sección de Intereses Cubanos que me facilitó la visita me envió una carta mordaz, diciendo que lo habìa engañado con respecto al propósito de mi viaje. A lo mejor se sintió decepcionado de que yo no haya descubierto que en Cuba la gente es más libre que en Estados Unidos. Pero por el tono de su carta, no dudo que si yo volviese a Cuba con Castro y sus secuaces todavìa aferrados al poder, mis escritos me ganarìan una nueva residencia en alguna cárcel cubana.

No es difìcil comprender lo que dicen los que quisieran que un padre pudiese volver a reunirse con su hijo. Pero por otra parte, para poder comprender la ardiente oposición de los cubanoamericanos a devolver a un niño de 6 años a una sociedad comunista, hay que tener idea de lo que es vivir en un paìs donde el que no estè de acuerdo, o no come o termina en la cárcel.

Jacob Hornberger es presidente de The Future of Freedom Foundation, en Fairfax, estado de Virginia (www.fff.org). El sitio web de la Fundación contiene un relato detallado, en inglès y en español, de su viaje a Cuba.

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