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Por Palabra Clave

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Censura en el ciberespacio
por Sheldon Richman, febrero 1996

A menos que algún imprevisto ataque de buen tino haya golpeado a Washington por estos dìas, el Congreso de los Estados Unidos tiene la intención de penalizar la instalación de material considerado "indecente" en la exitosa y floreciente red mundial de computadoras conocida como Internet. La idea, que forma parte de un gigantesco y dudoso proyecto de ley tendiente a realizar una reforma en materia de telecomunicaciones, sofocarìa a esta excitante era de la electrónica al introducir en ella la pesada mano del censor gubernamental.

Durante el pasado año, los medios de comunicación nos han prácticamente bombardeado con exagerados relatos de horror acerca de los peligros ocultos, especialmente para los niños, que yacen en el ciberspacio. A decir verdad, si uno lo busca, puede encontrar toda clase de material en las carteleras de boletines electrónicos, en grupos de discusión sobre Internet y en el Worldwide Web, la parte gráfica de la red.

Nadie deberìa sorprenderse por esto. A travès de la historia, los individuos han utilizado cada nuevo medio, comenzando con los muros de las cavernas, para gratificar su interès en asuntos sexuales, siendo el Ciberespacio simplemente el más reciente de los ejemplos. Ninguna duda nos cabe que, cuando Gutemberg inventó la imprenta de tipos móviles en el siglo XV, los puritanos de entonces advirtieron acerca de que la novedosa invención facilitarìa la publicación de narraciones pornográficas. Y por supuesto, asì lo hizo. Ella tambièn facilitó la publicación de la Biblia y de todos los otros grandes trabajos de la civilización. Quienes se oponen a la pornografìa debieran verla como un pequeño precio que pagar por los Grandes Libros, los cuales, en razón de los avances de la tecnologìa en materia de impresión, rápidamente fueron accesibles para todos.

Los que auspician la censura afirman que la protección a los menores debe primar por sobre la libertad de expresión en la Internet. Cometen varios errores. En primer lugar, el tèrmino "indecencia" es de una vaguedad tal que se convierte en un cheque en blanco en favor del gobierno, que le permite controlar el contenido de la expresión por vìa electrónica. Como se ha sostenido, la Biblia contiene varios pasajes que podrìan llegar a calificar como indecentes. Lo mismo sucede con parte de la más grande literatura secular de todos los tiempos. A comienzos de este siglo, las obras de Theodore Dreiser, Sinclair Lewis, y otros fueron objeto de sanciones gubernamentales a raìz de la presión ejercida por distintas agrupaciones privadas, como por ejemplo la Sociedad Anthony Comstock para la Supresión del Vicio. El correo oficial de los Estados Unidos puede eliminar a una revista con sólo declararla indecente e impedir asì su remisión por vìa postal. Una franca exploración de la condición humana ha estado siempre sujeta a ser acusada de indecencia.

Además, el Congreso no solamente considera como un crimen al hecho de enviar mensajes indecentes a menores (Lo que que ya de por sì serìa lo suficientemente problemático). Tambièn califica como criminal a la alocación de material indecente allì dónde los menores podrìan llegar a acceder a èl. Esto implica cualquier lugar en la Internet! Una vez que alguien se vuelve familiar con el Ciberespacio, puede ir a cualquier parte y encontrar cualquier cosa. Un remitente no puede resguardar al mensaje que envìa a un grupo de discusión. Aquellos que poseen lugares en la Web destinados a "adultos" pueden, y usualmente lo hacen, advertir a los visitantes de abandonarlo si son menores de 18 años de edad o personas que se ofenden ante escenas de desnudos. Pero lo que no pueden es evitar que un menor los visite si esa es su intención. (Por su puesto, que tales advertencias tienen precisamente el efecto contrario. Los chicos siempre han deseado ir hacìa aquellos lugares que les estaban vedados.)

El resultado de este proyecto anti-indecencia será el de permitirle al gobierno establecer un cerco policial en el ciberespecio e imponer la ley ex post facto, en el sentido de que con frecuencia no sabremos cuándo un texto es indecente hasta que las autoridades nos lo digan. Esta es una situación monstruosa en una sociedad que se enorgullece de su libertad.

Lo más desorientador de todo esto es que numerosas organizaciones de derecha "pro-familia", como por ejemplo el Family Research Council, apoyen al gobierno en sus campañas por la supresión de la indecencia. Uno pensarìa que quienes auspician un núcleo familiar sólido, no mirarìan al gobierno en busca de protección. El Paternalismo es el beso de la muerte. Significa que la familia no puede sostenerse sin la intromisión del estado. Sabemos bien que es lo que viene junto con esa protección: esclavitud. Pìdale al gobierno que lo proteja de la indecencia y èl encontará indecentes a todo tipo de cosas. Una vez que el estado pone el pie en la puerta, es demasiado tarde. ¿Por què los conservadores no advierten esto desde ahora?.

Si el gobierno va a proteger a los niños de imágenes sexuales en la Internet, ¿por què no deberìa tambièn protegerlos de imágenes violentas, como lo desean los izquierdistas? ¿Y què ocurre con aquel material polìtico de corte "extremista"? Toda clase de grupos polìticos -neo-Nazis, fascistas, etc.- tienen un lugar en la Internet. ¿Deberìan los niños ser protegidos de ellos? Una vez que hacemos extensivo el principio al plano de las ideas polìticas, podemos despedirnos del libre debate. ¿Confiarìa Ud. en aquellas personas polìticamente correctas para que decidan què ideas son peligrosas para sus hijos? Yo no lo harìa.

Lo irónico de todo esto es que, como suele ocurrir, el mercado está en la actualidad proveyendo asistencia a aquellos progenitores que desean razonablemente tener cierto manejo de lo que sus chicos pueden llegar a encontrar en el ciberespacio. Varios productos de software, tales como el SurfWatch, permiten a los padres prohibir el acceso a aquellas áreas donde haya escenas de sexo explìcito. Los partidarios de la intervención del gobierno afirman que tales productos no son perfectos. Eso es correcto. Nuevos mensajes aparecen cada dìa y mantenerse al frente de un mercado cibernètico libre y desregulado como lo es hasta hoy la Internet es francamente imposible. Obviamente, que no hay ningún sustituto para una estrecha relación entre padres e hijos, lo que implica que aquellos deberìan de interiorizarse acerca de la Internet y pasar algún tiempo online con los pequeños. Pero de todos modos, el nuevo software puede ser de gran ayuda.

La promesa de una protección gubernamental es seductora para aquellos padres que se encuentran muy atareados como para involucrarse con lo que sus hijos hacen. Pueden decirse a sì mismos "No tengo tiempo de ver què es lo que mis chicos están haciendo, por lo tanto es bueno que el gobierno vele por ellos" A lo largo de nuestra historia, los distintos gobiernos han ido usurpado la autoridad de la familia. Desafortunadamente, las más de las veces ello ha ocurrido con la aquiescencia, cuando no con el apoyo entusiasta, de muchos padres.

Esta idea de proteger a los niños trae aparejada tambièn la circunstancia de que, por lo general, los mismos individuos que desean mantener a la indecencia alejada de los chicos, tambièn anhelan ponerla fuera del alcance de los adultos. Siempre aparece algún grupo que se auto adjudica el conocer què literatura, o imágenes, o pelìculas son perjudiciales para nosotros y que no vacilan acerca de emplear la ley a efectos de imponernos sus preferencias. Como se ha vuelto dificultoso establecer què es lo que los adultos podemos o no leer, los neo-Puritanos retoman su vieja cruzada, pero ahora lo hacen con la misión de proteger a los menores. En la era de la imprenta, el estado podìa poner cierto material a resguardo de las criaturas, sin interferir con los adultos. La Internet vuelve eso imposible. Al no haber lìmites en el ciberespacio, cualquiera puede ir a cualquier parte en todo momento. El copiado y la transmisión de información carece prácticamente de costos. La única manera de mantener material "indecente" lejos de los niños es haciendo que los adultos tampoco puedan acceder a èl. O al menos intentarlo. No hay realmente una forma de suprimir por completo algún material. Todo lo que el gobierno puede llegar a hacer es, en última instancia, incrementar los costos de encontrarlo.

Hay varias lecciones que se hacen evidentes aquì. Primero, que los supresores del vicio deberán atacar cada nuevo descubrimiento tecnológico a fin de revigorizar su cruzada. Si Ud les responde que la vieja tecnologìa no condujo a la difusión de la corrupción de los niños, ellos le responderán que las actuales innovaciones son completamente diferentes y que necesitamos de nuevas regulaciones. Segundo, que en razón de que los Americanos instintivamente son renuentes aceptar que se les diga què pueden leer o mirar, los escuadrones anti vicio intentarán desarmarlos dicièndoles que la censura es necesaria para proteger a sus hijos. La gente decente que no se ponga a reflexionar lo suficiente sobre la cuestión, terminará aceptando este punto.

Tercero, el ciberespacio es una extensión del mercado. Es libre y abierto. Es ordenado y desregulado al mismo tiempo. Es intrìnsecamente libertario. Como afirma Vic Sussman de la publicación U.S. News & World Report si Ud no era un libertario la primera vez que navegó por la red, pronto se convertirá en uno de ellos. Nadie controla a la Internet, ni puede llegar a controlarla. Esto provoca que ciertas personas se sientan incomodas, y sostengan que si la gente es asì de libre, pueden llegar a terminar mal. Por eso es que vemos numerosas propuestas de control, censura gubernamental y ninguna duda cabe de que en el futuro aparecerán más restricciones.

Los partidarios de la libertad debemos tener bien en claro que un ataque a la libre y espontánea revolución electrónica implica un ataque a la libertad individual. No es sólo una barrera para hackers (piratas informáticos) o pornógrafos. Es un avasallamiento a todos nosotros.

El Sr. Richman es editor senior en el Cato Institute de Washington D.C., y autor de Separando Escuela & Estado: Cómo Liberar a las Familias de Amèrica . Publicada por The Future of Freedom Foundation.

Traducción de Gabriel Gasave.

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