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Por Palabra Clave

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El mito del servicio publico
por Sheldon Richman, enero 1999

El accidente aèreo de John F. Kennedy Jr. colmó las noticias con historias de "servicio público". No importa que el joven Kennedy no se dedicó a la polìtica sino que fundó una empresa con fines de lucro, la revista "George". Eso no evitó que los comentaristas se deshicieran en alabanzas de los Kennedy, como lo dijo el vicepresidente Gore, "por darle tanto al paìs".

Lo que aquì escribo no se refiere especìficamente a la familia Kennedy. Quiero indicar las falsas ideas acerca de lo que se suele llamar servicio público. Es extraño que el dedicar la vida a obtener poder sea visto como más noble que dedicar la vida a hacer dinero. Eso se ve claramente cuando comparamos los dos oficios.

Uno hace dinero al ofrecer cosas de valor a clientes que están dispuestos a pagar voluntariamente por ello. Los hombres de negocios que consideramos poderosos, en realidad gozan de poco poder. Tanto Bill Gates como el presidente de la General Motors tienen que suplicarle a usted, el consumidor, para obtener un centavo de sus ingresos. En realidad ellos dicen: "por favor vea mis mercaderìas; creo que le serán útiles y de ser asì, por favor cómpremelas". El poder está en las manos del consumidor. Es usted quien decide si quiere comprar. Nadie lo puede obligar.

Es sorprendente lo poco consciente que la gente está de este factor fundamental del mercado. Utilizamos tèrminos tales como "poder de mercado" y pareciera que el empresario puede enviarle a usted una cuenta y obligarlo a pagar antes de que usted decida hacer la compra. La raìz de este error es que la gente sì quiere obtener diferentes productos y servicios. Tales cosas son escasas. Para obtener algo tenemos que dar otra cosa a cambio. Serìa lindo que no fuese asì, pero es asì como funciona el mundo. Los empresarios no son responsables de la escasez. Por el contrario, se esfuerzan en reducirla, produciendo. Si cobran por sus productos es porque, primero, no son nuestros esclavos y, segundo, tienen que obtener recursos escasos que transforman en bienes. Como afirmó Samuel Johnson: "hay pocas cosas en que un hombre pueda estar más inocentemente ocupado que haciendo dinero".

Sin embargo, a los empresarios -a lo contrario de los servidores públicos- poco se les admira. Contrastemos al que hace dinero (tèrmino apropiado porque crean cosas) con el servidor público. De inmediato reconocemos que el servidor público no hace dinero. Pero eso, lejos de indicar nobleza, debe incitar nuestra desconfianza. ¿Què hacen, entonces? De verdad que distribuyen mucho dinero, pero no lo producen. Se lo quitan a quienes lo producen. Si usted o yo tratamos de hacer lo mismo, nos llaman ladrones.

Mientras que Bill Gates no puede obtener un dólar suyo sin su previo consentimiento, Bill Clinton y su pandilla lo hacen todo el tiempo, más de un trillón de dólares. El sistema impositivo es una máquina para transferir masivamente la riqueza de quienes la producen a quienes no hacen eso. Y eso no implica que transfieren riqueza sólo a los pobres. Muchos ricachones obtienen inmensos subsidios del gobierno. Trate de decirle a la oficina del Impuesto que no le gustó el servicio que recibió del gobierno este año y que por lo tanto no va a pagar nada este año. Buena suerte.

El "servicio público", por lo tanto, consiste en quitarle a los productores para darle a los que no producen. "Pero su motivación es buena", dirán algunos. Aun si eso es verdad, ¿no nos enseñaron que los fines no justifican los medios? "Pero es que votamos en las elecciones" dirán otros. ¿Y què? ¿Puede acaso una mayorìa convertir en moral la inmoralidad? Y, además, el voto de uno no hace ninguna diferencia.

No hay nada noble en el servicio público. Se trata de control y expropiación. Cuando los servidores públicos no nos están quitando nuestro dinero, nos están diciendo cómo debemos vivir: no fumes, no uses drogas, no juegues, no converses con tu competidor en los negocios, no pienses sobre una mejor manera de educar a tus hijos. Quieren controlar nuestras vidas. Y cada vez es peor.

Ya basta de adular a los servidores públicos. Lo que ellos hacen nada tiene que ver con nobles propósitos. No son servidores, son patrones. Los sirvientes somos nosotros y yo ya estoy cansado.

Sheldon Richman es acadèmico de The Future of Freedom Foundation y director de la revista The Freeman .

Artìculo traducido al español por la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) para distribución en diarios de America Latina. Carlos Ball, director: Ball.AIPE@worldnet.att.net. © Copyright 1999 AIPE.

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