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Por Palabra Clave

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Que horror, las escuelas publicas si logran sus fines
por Sheldon Richman, enero 1999

La mayorìa de la gente está hoy en dìa convencida del fracaso de las escuelas del gobierno. El descontento con la educación pública es mayor que nunca antes. Pero, ¿han en realidad fracasado las escuelas públicas? Eso depende de cuál era su fin.

En realidad, las escuelas del gobierno no son una institución americana. Se copiaron el modelo de sistema autoritario de Prusia de comienzos del siglo XIX. Luego de que Prusia fue derrotada por Napoleón en 1807, el rey Federico Guillermo III reforzó el sistema nacional de educación establecido en 1717. Los niños entre 7 y 14 años tenìan que ir a la escuela y a los padres que no cumplieran con esa disposición real, le podìan quitar a sus hijos.

Las escuelas privadas podìan existir, siempre y cuando cumplieran con las normas gubernamentales. Los maestros requerìan una certificación estatal y se requerìa ser graduado de bachillerato para acceder a las profesiones cultas y al servicio público. Las escuelas impusieron un lenguaje oficial, en perjuicio de las minorìas ètnicas de Prusia. El propósito del sistema era fomentar el nacionalismo en una Prusia desmoralizada, a la vez que entrenar a los jóvenes para el servicio militar y para la burocracia. Como lo mantenìa el filósofo alemán Johann Fichte, quien tuvo gran influencia en el sistema: "las escuelas deben amoldar a la gente, de tal manera que no aspiren a más nada que lo que usted quiera que deseen".

Al comienzo de nuestra historia, la educación era principalmente una actividad privada y de mercado, sin obligatoriedad ni impuestos. Ese sistema privado produjo en Estados Unidos a la gente más culta, con más confianza en sì misma y de pensamiento más independiente del mundo.

Pero no todos estaban satisfechos con tal estado de cosas. Según John Taylor Gatto, el profesor del año 1991 del Estado de Nueva York: "Un pequeño grupo de lìderes ideológicos americanos visitó Prusia a comienzos del siglo XIX y se enamoraron del sistema de orden, obediencia y eficiencia de aquel sistema educacional, procediendo desde entonces a hacer campaña hasta traer a nuestras costas esa visión prusiana". Lograron èxito en este siglo.

De igual forma como el sistema en Prusia estaba diseñado para unificar a Alemania, el objetivo de nuestros educadores era crear una cultura nacional entre variadas subculturas esparcidas por toda la nación. Los inmigrantes católicos eran un objetivo importante. Para lograrlo, habìa que quitarles los niños a los padres y "apartarlos de influencias culturales no apropiadas", dice Gatto.

El moderno programa de las escuelas gubernamentales fue copiado del sistema prusiano. Primero, el principal objetivo de las escuelas públicas no era entrenamiento intelectual sino acondicionar a los niños a "la obediencia, subordinación y a la vida colectiva". Segundo, el mundo del conocimiento fue dividido en "materias" y el dìa escolar en múltiples perìodos, de manera que la motivación en el aprendizaje fuera controlada a travès continuas interrupciones. Y, tercero, el estado fue colocado como el verdadero padre de los niños.

A travès de los años han imperado diferentes modas en la burocracia educacional, pero todas han sido variaciones del mismo tema: las escuelas públicas son para crear "buenos y complacidos ciudadanos", no pensadores originales, porque a los polìticos no les gusta que les sacudan la mata. Prefieren ciudadanos que paguen sus impuestos a tiempo y los dejen tranquilos en la responsabilidad de fijar el rumbo de la nación. Es imposible dejar de notar el crecimiento del estado desde que comenzó la educación gubernamental.

Juzgando a la educación pública bajo este lente, ¿cómo ha funcionado? No del todo mal. A lo contrario de las escuelas privadas de nuestros antepasados, el producto de las escuelas públicas prefiere que sea el gobierno quien tome todas las decisiones importantes, sea para ayudar a los pobres, què medicinas tomar, què tipo de educación recibir y cómo resolver los problemas de la sociedad.

En ese sentido, las escuelas públicas han logrado su fin. Y si eso no nos gusta, reformarlas es insuficiente. Tenemos que desbaratar el sistema prusiano y proceder hacia una educación basada en los principios del libre mercado y la libertad individual. Tenemos que separar al estado de la educación. Esa es la única manera de revitalizar a la educación, a las familias y al espìritu americano.

Sheldon Richman es acadèmico del The Future of Freedom Foundation, autor del libro Separando las escuelas del estado: Cómo liberar a las familias , y director de la revista The Freeman .

Artìculo traducido al español por la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) para distribución en diarios de America Latina. Carlos Ball, director: Ball.AIPE@worldnet.att.net. © Copyright 1999 AIPE.

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