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Humo en tus ojos
por
Sheldon Richman, enero 1999
La economìa es omnipresente. Pero eso frecuentemente se interpreta mal con aquello de que el dinero es lo único que importa.
Decir que la economìa tiene que ver con todo es, simplemente, decir que la vida es un eterno proceso de selección entre alternativas diferentes. Todo lo que hacemos libremente implica escoger algo por encima de otra cosa. Eso es ineludible en un mundo donde todo, incluyendo el tiempo, es limitado.
Lo comprendemos muy bien en cuanto a nuestras propias acciones, pero en el campo de la polìtica supuestamente no hay que escoger entre alternativas porque los recursos son ilimitados.
El mejor ejemplo de esa falsa creencia es el reciente acuerdo efectuado entre las tabacaleras y los fiscales de 46 estados. No se tomó casi en cuenta la economìa en el análisis del acuerdo.
Las tabacaleras, bajo la amenaza de demandas y de nuevas regulaciones, aceptaron pagar a los estados 206.000 millones de dólares en los próximos 25 años para "reembolsar" los gastos mèdicos incurridos por los estados por enfermedades relacionadas al cigarrillo. Los funcionarios estatales estaban salivando ante esa ola de dinero por venir. Ahora se comienzan a dar cuenta que la realidad es diferente.
El estado de Arkansas es un buen ejemplo. "¿Se trata de puro humo?" pregunta el titular del diario Arkansas Democrat-Gazette . El estado esperaba un cheque de 10 millones de dólares a fines de 1998, pero para emitirlo las tabacaleras aumentaron en 60 centavos el precio de los cigarrillos. El departamento de impuestos del estado estima que el aumento de precio significará una reducción de 11% en las ventas de cigarrillos, lo cual reducirá su recaudación de impuestos en 10 millones de dólares. Lo que fácil se consigue, fácil se pierde.
Algunos creen que con el aumento del precio de los cigarrillos, los fumadores pagarán 2,8 centavos más en impuestos. Pero no es asì. Recuerde la falacia de la ventana rota. El director de análisis económicos del estado de Arkansas comprende bien el principio de Bastiat sobre la ventana rota. El dice que "al gastar la gente más en cigarrillos, ese dinero debe venir de algún sitio, por lo que el total de los impuestos recaudados sobre todas las ventas en el estado seguirá siendo el mismo".
Buen punto. Si los fumadores reducen otras compras para seguir fumando lo mismo que antes, simplemente pagarán más impuestos sobre el consumo de cigarrillos y menos impuestos sobre el consumo de otras cosas. La recaudación no aumenta.
Entonces, el dinero caìdo del cielo va a ser bastante menos que el previsto. Y la razón es que al aumentar el precio, baja la demanda de cigarrillos. Y a nadie le debe sorprender que las tabacaleras le van a pagar a los estados con dinero obtenido de sus clientes. ¿Què otra fuente de dinero tienen las empresas?
Es más, como la mayorìa de los fumadores pertenecen a la clase trabajadora, resulta que la gente de bajos ingresos es la que va a reembolsar a los gobiernos estatales por los servicios mèdicos que supuestamente el estado pagó por cuenta de ellos mismos. Es todo un cuento de Alicia en el paìs de las maravillas.
El proceso es el siguiente: el estado pagó por el tratamiento de enfermedades relacionadas al cigarrillo de la gente pobre. El estado exige que las tabacaleras reembolsen ese costo. Las tabacaleras aumentan los precios para pagarle al estado.
Pero eso no es todo. Como los fumadores no cuentan con ingresos adicionales para pagar por cigarrillos más caros, dejarán de comprar otras cosas y la caìda en la demanda de esos otros productos resultará en despidos. Si asumimos que los nuevos desempleados no son fumadores, el resultado es que los no fumadores sufrirán para que los fumadores reciban atención mèdica pagada por el estado. No suena muy justo, ¿verdad?
Podemos concluir que el acuerdo tabacalero es un confuso y deshonesto fiasco. Y no comenzó con las demandas sino cuando la administración Clinton empezó a hablar de aumentar los impuestos federales a los cigarrillos para desalentar el consumo y para financiar campañas contra el cigarrillo. Allì mismo habìa ya un conflicto de objetivos.
Pero los polìticos nunca aprenden. El presidente Clinton quiere que los estados usen parte del dinero del acuerdo tabacalero para campañas contra el cigarrillo. Yo tengo una mejor idea: que el gobierno no imponga impuestos para pagar los gastos mèdicos de nadie ni grave nuestros hábitos ni nos estè diciendo cómo debemos vivir.©
Sheldon Richman es acadèmico de The Future of Freedom Foundation y director de la revista The Freeman .
Artìculo traducido al español por la Agencia Interamericana de Prensa
Económica (AIPE) para distribución en diarios de America Latina. Carlos
Ball, director: Ball.AIPE@worldnet.att.net. © Copyright 1999 AIPE.
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