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Por Palabra Clave

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Guerra quimica de E.U. en Colombia
por Jacob G. Hornberger, enero 1999

No ha sido un buen verano en la guerra contra las drogas de Estados Unidos en Colombia. El 23 de julio murieron cinco oficiales estadounidenses cuando un avión espìa de alta tecnologìa cayó en la zona sur. El Pentágono dio su explicación de siempre: mapas viejos. Otros especulan que fue derribado por los guerrilleros. La administración Clinton logró barrerlo bajo la alfombra y Robert Novak reportó que los cadáveres llegarona a media noche a la base Dover en Delaware.

El prestigio de Washington sufrió otro revès cuando Laurie Hiett, la esposa del comandante de las operaciones militares estadounidenses en Colombia, fue encausada el 4 de agosto por enviar kilos de cocaìna a travès del correo de la embajada a contactos en Nueva York.

Colombia ha recibido casi mil millones de dólares de ayuda antinarcóticos desde 1990. Pero la producción de coca se ha doblado desde 1996 y se estima aumentará otro 50% en los próximos dos años. Colombia actualmente suple tres cuartas partes de la heroìna y casi toda la cocaìna consumida en Estados Unidos.

La respuesta inevitable de la administración Clinton es más dinero. El 16 de julio, el general Barry McCaffrey propuso un paquete antidrogas de emergencia de mil millones de dólares para las naciones andinas, incluyendo $600 millones para Colombia. El zar antidrogas quiere darle a Colombia, ya el tercer receptor de ayuda estadounidense -despuès de Israel y Egipto- aún más de lo que el gobierno de ese paìs solicita. Los congresistas republicanos, por su parte, no muestran curiosidad sobre lo que nuestros soldados hacen en Colombia, sino que exigen más equipo y más apoyo para el gobierno colombiano.

Mientras tanto, Estados Unidos se involucra clandestinamente cada vez más en Colombia. Ya hay unos 200 asesores militares estadounidenses y se entrenan a los militares colombianos. Un batallón "antinarcóticos" de 950 hombres está supuesto a entrar en acción antes de fin de año y, según el Dallas Morning News, "decenas de millones de dólares de los contribuyentes están siendo utilizados al sur de Colombia en operaciones secretas, empleando Fuerzas Especiales, antiguos Boìnas Verdes, veteranos de la Guerra del Golfo y hasta agentes pagados por la CIA, con experiencia en Amèrica Central durante los años 80". Estados Unidos tambièn provèe a los colombianos con inteligencia clave, de la intercepción de los mensajes por radio de la guerrilla.

La mayor parte de la ayuda estadounidense ha sido para pagar por la guerra quìmica: la fumigación aèrea con herbicidas sobre las regiones con plantaciones de coca. Tres pilotos civiles estadounidenses han muerto. Sin embargo, a pesar de la intensificación de esas fumigaciones, las áreas donde se cultiva la coca se ha cuadruplicado desde 1994 y ya abarcan más de 775 kilómetros cuadrados. Analistas de la CIA estiman que sólo 25% de las fumigaciones logra matar las plantas

Muchos agricultores dedicados a otros cultivos han sido arruinados por las fumigaciones indiscriminadas de sus campos. El ministro de Salud colombiano se oponìa fuertemente en 1992 al inicio de esas fumigaciones, mientras que los cocaleros han respondido profundizándose en la selva.

La administración Clinton ha venido presionando para que el gobierno colombiano permita la descarga de cada vez mayores cantidades de quìmicos tóxicos, dejando que los aviones vuelen a mayor altura, al estilo de Kosovo. Sólo un reportaje en primera página del New York Times logró detener la utilización de "Spike 20", substancia que los ambientalistas advertìan que envenenarìa las fuentes de agua y arruinarìan permanentemente esos campos cultivables. Mientras el gobierno de Washington controla estrictamente el uso de quìmicos que no amenazan la salud de nadie en Estados Unidos, trata de inundar una nación extranjera con quìmicos tóxicos prohibidos aquì.

Es dudoso que cualquier aumento de ayuda americana conducirìa a una victoria decisiva del gobierno colombiano. Muchos campesinos ven la guerra contra las drogas como una guerra contra ellos y la rociadura de herbicidas daña aún más la legitimidad de un gobierno que ha servido miserablemente a su propia gente.

Aunque se derrotara a los guerrilleros, es risible pretender que los colombianos dejarìan de tener un fuerte incetivo para producir coca, un cultivo que es 20 veces más rentable que cualquier otro y mientras más se controla la producción en cierta área, más aumenta en otras partes.

Si Washington no ha logrado erradicar la marihuana en Estados Unidos, no debe esperar que un gobierno extranjero, con mucho menos recursos, tenga èxito en suprimir la coca. Es hora de reconocer que la ley de la oferta y la demanda es mucho más poderosa que aquellas promulgadas en Washington.©

Autor del libro "Freedom in Chains". Artìculo adaptado de la revista The American Spectator .

Artìculo traducido al español por la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) para distribución en diarios de America Latina. Carlos Ball, director: Ball.AIPE@worldnet.att.net. © Copyright 1999 AIPE.

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