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Por Palabra Clave

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Falsa canonizacion del ministro
por Sheldon Richman, enero 1999

Vamos a no apresurarnos con la canonización del secretario del Tesoro Robert Rubin. Los elogios lanzados sobre Rubin se basan en una premisa falsa. Una economìa exitosa no tiene arquitecto y no requiere de activismo polìtico. Lo que sì necesita es que se hagan respetar los derechos de propiedad y que no se meta la mano, ensuciando la sopa.

Si Rubin tiene mèrito es por haber logrado frenar los instintos intervencionistas del presidente Clinton y de la primera dama. El Wall Street Journal dice que no distrajo la atención de Alan Greenspan de su polìtica de estabilidad monetaria. Dèmosle crèdito por ello.

Pero hay una mancha negra en la hoja de servicio de Rubin. La recaudación de impuestos federales es la más alta de la historia en tiempos de paz. ¿Què razón hay para que el gobierno central le ponga la mano a más del 20% de nuestros ingresos? La administración se jacta que acabó con el dèficit presupuestario, pero eso no es exactamente asì. El presupuesto sin los ingresos del Seguro Social sigue en dèficit. Y el superávit del Seguro Social no se debe a ninguna polìtica gubernamental sino a que se está exprimiendo con impuestos a la clase media y a los trabajadores. La manera razonable de eliminar el dèficit fiscal es eliminando programas y agencias gubernamentales, no aumentando el peso de los impuestos sobre los hombros de la ciudadanìa. Esto último es lo que han hecho Clinton y Rubin.

Y no olvidemos que Rubin ha sido gran defensor de la interferencia económica internacional, tal como el llamado rescate de Mèxico por parte del Fondo Monetario Internacional, el cual perjudicó horriblemente al pueblo mexicano y sólo rescató a los bancos e inversionistas estadounidenses. Tales polìticas han premiado la irresponsabilidad, a la vez que le han cargado de impuestos y de medidas monetarias destructivas a economìas dèbiles.

De verdad que debemos estudiar bien esto de darle crèdito a funcionarios cuando la economìa marcha bien. Eso revela una vergonzosa ignorancia del proceso del mercado. Despuès de todo, los estudios económicos comenzaron sólo despuès que la gente se dio cuenta que el orden económico y la prosperidad general ocurrìan sin que nadie los planeara. "Parìs se alimenta", observaron hace muchos años unos escritores franceses, "sin que nadie controle el proceso de entregas cotidianas de carne, pescado, pan, vino, leche y vegetales". Los estudios de economìa emergieron de las investigaciones respecto a ese orden espontáneo.

No hay nada mìstico en el orden social no-diseñado, aunque algunos ven cierto misticismo en "la mano invisible" de Adam Smith. El mercado logra una tendencia coordinada a travès de cada cual tratando de mejorar su propia situación personal, produciendo e intercambiando. La red de intercambios mutuamente beneficiosos enriquece a todos, a travès de la división del trabajo, y ofrece los incentivos necesarios para nuevas colaboraciones y mejoras que a todos nos benefician. Se trata de un verdadero cìrculo virtuoso.

Esta noción del orden espontáneo ha sido objeto de importantes estudios. Fue el principal interès de F. A. Hayek, ganador del premio Nobel de economìa en 1974. Los gobiernos defienden el mercado haciendo cumplir los contratos y haciendo respetar los derechos de propiedad. Pero si van más lejos, socavan su auto-coordinación. Los impuestos reducen los incentivos para producir. Las regulaciones sustituyen la sabidurìa de los participantes en el mercado por los caprichos de burócratas. El gasto gubernamental transfiere riqueza de aquellos que la producen a manos de quienes quieren vivir del esfuerzo de los demás. La manipulación monetaria distorsiona las señales cruciales del mercado.

Los últimos años han sido de buenas noticias económicas, aunque no debemos estar satisfechos con un crecimiento de 4% anual en Estados Unidos, cuando Chile ha venido creciendo a más de 6%. Pero este ambiente de buenas noticias comenzó antes de que Clinton llegara a la Casa Blanca. Pero eso no quiere decir que el mèrito sea de los republicanos. El verdadero mèrito pertenece a quienes han producido la riqueza y especialmente a quienes lograron hacer más ágiles, delgadas y eficientes las empresas en los años 80, como tambièn a los que encabezaron la revolución de la informática que tan dramáticamente ha aumentado la productividad.

Si vamos a elogiar a determinados individuos por el bienestar económico de la nación, dèmosle el mèrito a innovadores financieros como Michael Milken, Bill Gates de Microsoft y Andrew Grove de Intel.

Sheldon Richman es acadèmico de The Future of Freedom Foundation y director de la revista The Freeman .

Artìculo traducido al español por la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) para distribución en diarios de America Latina. Carlos Ball, director: Ball.AIPE@worldnet.att.net. © Copyright 1999 AIPE.

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