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Esto es el conservadorismo compasivo
por James Bovard, enero 2001
Durante la controversia en torno a la
selección de Linda Chávez para la secretarìa del trabajo, el nuevo presidente
Bush desperdició una oportunidad maravillosa de mostrar un poco de
conservadorismo compasivo para con los miles y miles de trabajadores
indocumentados que se han arriesgado la vida para poder vivir y trabajar en
Estados Unidos.
En los años 60, me criè en una finca
en las riberas del Rìo Grande, en las afueras de Laredo en el estado de Texas,
donde dábamos casa y empleo a varios ilegales. Estos mexicanos eran la
gente más trabajadora que yo haya tenido el gusto de conocer. Además eran
bien devotos y mantenìan relaciones de familia bien estrechas. Trabajamos,
comimos y jugamos juntos; ellos eran mis amigos. Entre mis más gratos
recuerdos cuento las veces que los ayudè a esconderse de la Patrulla
Fronteriza.
En aquel entonces no era nada raro el
contratar a los ilegales que venìan de Mèxico. Muchas familias de clase media
tenìan criadas que a menudo formaban parte ìntegra de la familia y
desempeñaban un papel importante en la crianza de los niños.
Tanto el patrón como el trabajador se
beneficiaban del trato. El trabajador ganaba más dinero de lo que podìa ganar
en Mèxico, mientras que el patrón gozaba del esmero y la lealtad tìpicas del
trabajador mexicano.
Los únicos casos de explotación eran
resultado de las leyes contra la inmigración. Si una criada no estaba
satisfecha con sus condiciones de trabajo y cambiaba de patrón, corrìa el
riesgo de que el ama de casa que la perdió la reportara al servicio de
inmigración.
Un dìa mi primo y yo pedimos permiso
al jefe de policìa del pueblo para poder montar un programa de Navidades
para los ilegales que estaban presos en el centro de detenciones. El dìa del
programa llegamos al centro, donde ya estaban sentados unos 150
indocumentados frente al escenario improvisado con el micrófono. Mi primo
se puso a tocar la guitarra y a cantar canciones tradicionales mexicanas,
como Cielito Lindo. (Los dos dominábamos bien el español.) Al
cabo de un rato, mi primo tuvo que descansar y me dio el micrófono. Anunciè
a los concurrentes que,
Pese al hecho de que Vds.
estèn aquì metidos en la cárcel, nunca piensen que son criminales, porque no
lo son. Porque no han hecho nada malo moralmente. Lo único que han hecho,
es lo que Dios les pide es decir, ganarse la vida y superarse mediante
el trabajo por su propio bien y por el bien de sus familias. ¿Por què no ha uno
de gozar de la libertad de cruzar las fronteras para ello? Los verdaderos
maleantes son los jueces federales, los alguaciles federales y los
funcionarios de la inmigración que los metieron aquì y los guardias que no los
dejan salir.
No fue difìcil darse cuenta que
habìamos dado cierta alegrìa inesperada a un grupo de hombres que estaban
pasando las Pascuas en la cárcel por el crimen de haber
cruzado la frontera en busca de empleo.
El presidente Bush tuvo razón en
sentirse decepcionado por la falta de franqueza de la Sra. Chávez, pero
tambièn pudo haber hecho caso omiso de ello para aprovecharse de la
oportunidad de declararse en contra de la polìtica de castigar a los
norteamericanos que den empleo o albergue a los ilegales. äl pudo haber
exigido la abrogación de estas leyes inmorales y haber anunciado que iba a
perdonar a todo el que las hubiera quebrantado.
El nuevo presidente pudo haberse
declarado a favor del mercado libre, de la libertad de asociación y de
contrato, de la Estatua de la Libertad, del Sermón de la Montaña y del
segundo mayor mandamiento de Dios.
En vez de todo ello, el presidente Bush
se mantuvo al margen durante la tormenta polìtica. Asì es el
conservadorismo compasivo.
El Sr. Hornberger es fundador y presidente de The
Future of Freedom Foundation (www.fff.org) en Fairfax, estado de Virginia, y
corredactor de la obra, The Case for Free Trade and Open
Immigration (El Caso a Favor del Librecambio y de la Libre
Inmigración). Sus abuelos por parte de madre fueron inmigrantes mexicanos
a los Estados Unidos.
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