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Por Palabra Clave

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Cuando la competencia no es libertad
por Jacob G. Hornberger, enero 2000

Se oyen rumores de que el Departamento de Justicia podría demandar que Microsoft se separe en tres firmas independientes, como arte de un arreglo en el juicio antimonopolio que el gobierno de Estados Unidos inició contra Microsoft. La idea es que los consumidores estarían mejor si existieran tres empresas compitiendo entre sí que si tuvieran que enfrentarse a una gran empresa "monopolística."

Durante la época anterior a la Revolución Industrial, la Era del Mercantilismo, era costumbre que el rey otorgara a ciertos individuos o compañías privilegios especiales que les permitían proveer determinados bienes y servicios a la ciudadanía. Este privilegio era tan especial porque se prohibía por ley a cualquier otra persona o firma competir con la persona que había obtenido el "monopolio." Si alguien ignoraba la ley y empezaba a competir debía enfrentarse a diversos castigos, no del monopolista, sino del rey.

Por ello, todos entendían la verdadera naturaleza de un monopolio- un privilegio otorgado y protegido por el gobierno que prohibía la competencia con el monopolista a cualquier otra persona, bajo amenaza de multa o prisión.

Uno de los factores que llevó al fin de la Era del Mercantilismo fue el odio que la gente común de Inglaterra y Europa tenía hacia los monopolios. La gente no solamente despreciaba la actitud arrogante que caracterizaba a los monopolistas, sino que también odiaban los productos y servicios de mala calidad que les ofrecían los mismos. Como los monopolistas estaban protegidos legalmente de la amenaza de competencia, no tenían ningún incentivo para satisfacer las demandas de los consumidores. Sabían que si la gente quería el producto o servicio que él proveía, tendrían que comprárselo a él.

La publicación, en 1776, de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith planteó a los ingleses la idea revolucionaria de la libertad económica. Smith sugirió que los consumidores estarían económicamente mejor si se rechazaban los monopolios y todos tenían la libertad de competir en el mercado en la provisión de bienes y servicios. En las décadas siguientes las ideas de Adam Smith triunfaron, y la Revolución Industrial dejó atrás a la Era del Mercantilismo y las prácticas monopolísticas.

Más adelante, los economistas explicaron la dinámica de la libertad económica. En una economía de libre mercado el soberano es el consumidor, no el productor. Esto significa que, para poder tener éxito, un empresario, enfrentándose con la amenaza de competencia, debe satisfacer a los consumidores constantemente. Por ello, cuanto mejor pueda satisfacer a los consumidores, tanto más rico será.

øQué ocurre si una empresa no satisface adecuadamente a los consumidores? Pierde participación en el mercado, y puede incluso verse eliminada del negocio, por sí misma, sin la asistencia del gobierno. Así, por ejemplo, Swift and Armour (ølos recuerda?), número 5 y 7 respectivamente en la lista original de Fortune en 1954, terminaron desapareciendo de la lista, en gran parte por la feroz competencia de una nuevas empresa denominada Iowa Beef Packers. De hecho, más de 300 empresas de las 500 publicadas en la lista de 1954 habían desaparecido de la lista 40 años más tarde, algunos monopolios entre ellas. Y alrededor de 90 empresas que formaban parte de la lista en 1995, incluyendo Microsoft, FedEx, y Home Depot, ni siquiera habían "nacido" cuando se publicó la lista original, pero finalmente tuvieron éxito en eliminar viejos monopolistas de la lista. ("Forty years of the 500" por Carol J. Loomis, Fortune, vol. 131, No. 9, 15 de Mayo, 1995 [www.northernlight.com/fortune/])

Con el espíritu de La Riqueza de las Naciones y la Declaración de la Independencia, nuestros ancestros norteamericanos rechazaron el uso de monopolios. Los norteamericanos del siglo XIX creían que la vida, la libertad, y la propiedad son derechos fundamentales e inherentes que preceden a cualquier gobierno. Pero también comprendieron algo tan importante como lo anterior: que la "libertad" comprende el derecho a realizar libremente cualquier negocio, sin interferencia o restricciones del gobierno. Por ello, como un monopolio impide a una persona por ley competir libremente en la provisión de bienes y servicios, fue un anatema para nuestros ancestros.

Desgraciadamente, el verdadero significado de la palabra "monopolio" se ha corrompido gradualmente, en gran parte como consecuencia de las enseñanzas en las universidades y colegios públicos. Hoy en día, la gente cree honestamente que una gran empresa que ha hecho riqueza satisfaciendo de mejor manera a los consumidores, como Microsoft, es un "monopolio" y, en consecuencia, es malo. También creen honestamente que los verdaderos monopolios, tales como el Servicio Postal (correo) y el Sistema de Reserva Federal (oferta de dinero) son necesarios y buenos.

Sí, es cierto que separando a Microsoft en varias empresas se logrará una mayor competencia. Pero más competencia no es más libertad. Como comprendieron muy bien nuestros ancestros, la libertad incluye el derecho a entrar a un mercado libremente, ofreciendo bienes y servicios a los consumidores. Implica el derecho a competir libremente, respondiendo constantemente a los cambiantes caprichos y demandas de los consumidores. E implica el derecho a acumular los frutos del éxito sin temor a ser posteriormente castigado por el gobierno. Dividir a Microsoft no solo sería dividir a la empresa más exitosa de la historia. También aceleraría la destrucción de la libertad, y eso es peor.

Jacob G. Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation.

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