Los intelectuales que sienten desdén por la libertad del hombre común nunca
se quedan sin racionalizaciones para el control gubernamental. En un
editorial reciente de New York Times pregonando su libro The Parados of
Choice: Why More Is Less, el profesor de psicología Barry Schwartz criticó
las reformas políticas orientadas a aumentar la elección. Argumentó que
"para mucha gente, el aumento de la elección puede llevar a una reducción de
la satisfacción. Demasiadas opciones pueden resultar en parálisis, no en
liberación."
Ofreció evidencia empírica de que un amplio rango de alternativas hace que
la gente sea menos feliz, no más. Por ejemplo, cita una investigación que
muestra que "a medida que los sabores del jamón o las variedades de
chocolate a disposición de los consumidores aumenta, la probabilidad de que
se vayan del negocio sin comprar ni jamón ni chocolate aumenta." Schwartz
agrega: "En casos como estos, el aumento de las alternativas generalmente le
permite a las personas mejorar su vidas en proporciones objetivas – la
calidad del jamón, tasa de retorno de la inversión, conveniencia de un
empleo para los objetivos de carrera personales, y demás. Pero también hace
que las personas se sientan peor."
Lo cual lleva a Schwartz a la pregunta, "¿Nos interesan los resultados
objetivos o subjetivos cuando queremos mejorar el bienestar general?
Considero que una vez que el estándar de vida de la gente está por encima de
los niveles de subsistencia, es generalmente la calidad subjetiva de la
experiencia lo que realmente importa. Y aumentar las alternativas de
elección no parece mejorar la calidad subjetiva de la experiencia."
Por lo tanto, sostiene Schwartz, el gobierno no nos hace verdaderamente
ningún favor cuando nos da más opciones de planes de retiro, escuelas, o
seguro médico. No podemos controlarlo.
Hay mucho que decir en contra de esta tesis. Primero, si la elección nos
hace infelices, ¿por qué tantos de nosotros dejan de ir a tiendas
mom-and-pop y corremos a Wal-Mart en cuanto tenemos la oportunidad? Los
opositores de la libertad realmente deben ajustar sus cuentos. Critican que
las pequeñas tiendas minoristas son eliminadas del negocio cuando una gran
tienda abre en las cercanías. Pero aquí está Schwartz diciéndonos que muchas
opciones nos hacen infelices. ¿Decídanse, muchachos?
Además, la gente común entiende que cada uno de nosotros tiene formas de
ocuparse de un abrumador número de elecciones. La revista Consumer Reports
es un método. Una recomendación de un amigo es otro.
Pero hay una objeción más fundamental al argumento de Schwartz. La cantidad
de elecciones que tenemos no debería ser asunto del gobierno. El gobierno no
nos da opciones. Interfiere con la libertad de elección o se mantiene a
parte. Hablar en términos de que el gobierno "tira un menú de opciones cada
vez más grande al pueblo estadounidense" es suplicar la pregunta: ¿Debería
el gobierno tener el poder de restringir las actividades pacíficas en primer
término? El gobierno puede aumentar nuestras opciones sólo si previamente
las ha limitado mediante la fuerza física.
La elección en el mercado surge de la libertad individual. Quiero zapatos.
Muchas personas son libres de venderme zapatos. Eso me presenta
alternativas, llevándome a prestar atención y discriminar. ¿Cuál es la
alternativa? El control gubernamental destinado a limitar las opciones.
¿Dónde está la evidencia de que eso hace feliz a la gente?
Schwartz es un profesor. Si alguien sugiriese que demasiados libros,
periódicos y revistas atestan los estantes, que todas estas opciones hacen
que la gente sea infeliz, y que el gobierno no ayudaría mucho más
restringiendo el número de opciones, Scwartz y su pandilla gritarían como
desaforados.
Así que hagamos un trato. El gobierno no interferirá ni en la libertad de
elección que le gusta a Schwartz ni la que no le interesa, como la elección
en los productos de consumo, los planes de retiro, el seguro médico y las
escuelas.
Schwartz puede creer que "puede haber un punto en el cual las elecciones
tiranizan al pueblo en lugar de liberarlo." Pero preferiré la tiranía
metafórica por sobre la verdadera siempre.