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Por Palabra Clave

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La Guerra del gobierno contra los chicos
por Sheldon Richman , diciembre 2003

Goose Creek, S.C., fue recientemente la escena de un suceso horrible destacando a dos instituciones de gobierno: las escuelas y la guerra contra los consumidores de droga.

Un día tranquilo a comienzos de noviembre un escuadrón de policías cayó como un relámpago sobre Stratford High School, con armas automáticas y ametralladas en sus manos. Les ordenaron a los estudiantes a arrojarse al suelo e incluso tiraron a unos cuantos a la fuerza. Luego la policía registró en busca de drogas.

No encontraron ninguna. (Si hubiesen encontrado Ritalin no habría importado. Esa es una droga permitida, administrada compulsivamente cuando es "necesario".)

La policía y funcionarios del colegio luego explicaron que realizaron este operativo, que fue registrado por una cámara de seguridad, porque anteriormente los estudiantes habían alegado comprar y vender marihuana y píldoras.

¿Esto justificó una invasión armada? El director de la escuela, George McCrackin dijo que utilizaría "cualquier medio" para mantener "limpia" a su escuela.

En entrevistas televisivas varios padres destacaron verdaderamente enojados, que podría haber ocurrido, muy fácilmente, una tragedia. La imagen de policías beligerantes apuntando sus armas cargadas a chicos no era lo que tenían en mente cuando enviaron a sus hijos a la escuela ese día.

Sin embargo, realmente no debería sorprendernos. La preocupación respecto a la incapacidad que tienen las escuelas de enseñar a lengua y aritmética ensombreció el hecho de queseas escuelas no fueron hechas con ese propósito. Antes de que hubiese "escuelas públicas", el alfabetismo y el conocimiento de matemática estaba en un fuerte aumento. El gobierno estableció escuelas para lograr algo que el floreciente mercado de escuelas privadas no haría: adoctrinar chicos para que se conviertan en sujetos flexibles del estado. Tal como el historiador de la educación, Ellwood Cubberly, escribió positivamente en 1919, "sólo un sistema con escuelas controladas por el estado puede ser libre de enseñar lo que el estado de bienestar pueda demandar." O como dijo el sociólogo del siglo XIX, Edward Ross, el trabajo de las escuelas es juntar "pequeños trozos de masa humana de hogares privados y darles forma en un bloque de masa social". O como lo sostuvo la Oficina de Educación de Estados Unidos en 1914, "las escuelas públicas existen principalmente en beneficio del estado más que en beneficio del individuo".

Por esta razón, la "socialización" siempre fue el primer objetivo de los sistemas gubernamentales de escuelas. Las cuestiones académicas estaban en un distante segundo lugar. La "socialización" tiene dos significados. El sentido benigno implica enseñar habilidades sociales a los chicos para que puedan relacionarse con otros en el trabajo y el juego. El sentido maligno significa inspirar colectivismo en los niños para que no se vean a sí mismos como individuos autónomos, sino más o menos como idénticas abejas trabajadoras que sirven a la Nación. Este último sentido, expuesto durante el siglo pasado por el filósofo de la educación, John Dewey, entra directamente en conflicto con la tradición de individualismo y libertad que fundó a Estados Unidos. Ese colectivismo a veces se convierte en el tema principal de las campañas presidenciales, tal como la de John McCain en 2000 y la de Wesley Clark en 2003.

Dada esta misión – el condicionamiento de cada chico para que crea que su propia vida es menos importante que la Nación – el operativo en Goose Creek no es ninguna sorpresa. Durante décadas el gobierno ha dirigido una cruel guerra contra los distribuidores y consumidores de ciertas drogas (pero no de otras). Al igual que la prohibición del alcohol en la década de 1920, esta guerra no tiene ningún fundamento farmacológico; las drogas proscritas no son menos capaces que el bourbon o el whisky de un consumo moderado y responsable. Incluso el ex zar de la droga William Bennett admite que la mayoría de los consumidores de drogas no son adictos. (Esta cita se encuentra en el libro de Jacob Sullum, Saying Yes). Lo que tiene importancia para cualquier sustancia es el sentido de responsabilidad del individuo que la consume. No necesitamos una prohibición dirigida a los adultos para que eviten que los menores consuman drogas, de la misma forma que no la necesitamos para que prevengan que los menores beban. En realidad, la prohibición incentiva el consumo de drogas porque la fruta prohibida es la más tentadora.

Así, la "guerra contra las drogas" es un ejercicio de autoritarismo que no tiene nada que ver con el bienestar del pueblo estadounidense. Claro que es una parte importante del currículo escolar: el principal propósito del sistema educativo es moldear a los chicos en Buenos Ciudadanos que obedecerán al estado sin cuestionamientos. ¿Qué mejor manera para enseñar esa lección que hacer que policías apuntando con armas caigan en las escuelas de vez en cuando?

 

Sheldon Richman miembro senior de The Future of Freedom Foundation, autor de Tethered Citizens: Time to Repeal the Welfare State, y editor de la revista Ideas on Liberty.  


Traducción: Hernán Alberro.

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