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Por Palabra Clave

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La locura de invadir Irán
por James Bovard , octubre 2003

Algunos funcionarios y consejeros de la administración Bush están deseando una nueva guerra. A juzgar por la agitación del sable y por el tamborileo proveniente de la Casa Blanca, el próximo objetivo podría ser Irán. Pero invadir Irán sería un acto de locura que haría que la invasión a Irak parezca casi prudente en comparación.

Casi nadie sostiene que Irán posea alguna amenaza a la seguridad de Estados Unidos. No hay ningún alegato de que las fuerzas navales iraníes puedan tomar el puerto de Boston, o que las tropas iraníes puedan descender sobre Miami, o que la armada iraní pueda llegar cruzando el Río Grande. En su lugar, el caso contra Irán se basa casi enteramente en hipótesis distantes – y en la noción de que Estados Unidos necesita dominar completamente a Medio Oriente.

Algunos funcionarios de la administración Bush están clamando por acciones estadounidenses contra Irán. John Bolton, subsecretario de Estado para el control de armas y asuntos de seguridad internacional, declaró el 9 de octubre, refiriéndose a un reactor nuclear iraní, "la amenaza sostenida por Irán... tiene que ser eliminada."

Pero Bolton es un mal guía a favor del ir a la guerra. Durante muchos meses antes de que Estados Unidos invadiera Irak, funcionarios de la administración Bush aseguraron a los estadounidenses que Saddam Hussein tenía grandes cantidades de armas de destrucción masiva que representaban una amenaza inmediata a los estadounidenses. Desde que el ejército estadounidense capturó Bagdad a comienzos de abril, no se encontraron armas de destrucción masiva. Pero Bolton ofreció una extraña defensa a una guerra que mató a miles de civiles iraquíes y que costó las vidas de cientos de soldados estadounidenses. En un discurso auspiciado por la National Defense University Foundation, el 24 de mayo de 2003, Bolton reveló que la guerra estaba justificada por la "capacidad intelectual" iraquí debido a "la continuada existencia de lo que Saddam Hussein llamó la ‘mujahadeen nuclear’ , los cerca de mil científicos, técnicos, personas que tienen en sus propias cabezas y en sus archivos la propiedad intelectual necesaria para en un momento apropiado... reiniciar el programa de armas nucleares." Con este parámetro tan inclusivo de todo, el gobierno de Estados Unidos ahora puede justificarse de atacar a cualquier nación potencialmente hostil que tenga una universidad con un buen departamento de física.

Irán tiene un programa nuclear pero los expertos de la administración Bush estiman que podrían tardar entre seis o siete años hasta ser capaces de tener armas nucleares – si eso es lo que desean. Hay muchos otros países en el mundo que también podrían adquirir armas nucleares en ese período de tiempo. E Israel tiene una gran cantidad de armas nucleares. Este no es un problema para la administración Bush, debido a que los gobierno pro-americanos están aparentemente habilitados a un número ilimitado de armas de destrucción masiva.

Las fuerzas militares estadounidenses pueden ser capaces de derrotar a las fuerzas iraníes sin muchas bajas estadounidenses – al menos inicialmente. Sin embargo, Irán es un país mucho más grande que Irak y mucho más montañoso. Las montañas son el paraíso de las luchas de guerrillas.

Sin embargo si los Estados Unidos pueden detener al actual gobierno iraní, no hay razones para esperar que el paraíso surja después. Antes de la invasión a Irak, se les dijo a los estadounidenses que el pueblo iraquí recibiría a los soldados americanos con abrazos y flores. Más de 300 americanos murieron después, parece que el odio iraquí hacia los americanos se hace cada mes más peligroso.

Uno de los inconvenientes de bombardear a un país extranjero hasta la rendición es que generalmente se espera que Estados Unidos reconstruya lo que destruyó. El senador Richard Lugar (R-Ind.), presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, estima que el costo de reconstruir Irak podría alcanzar los 200 mil millones de dólares – mucho más que el pedido presupuestario de la administración Bush de 87 mil millones. Este es dinero que el gobierno estadounidense no tiene; como resultado, los estadounidenses pagarán fuertemente por décadas por el privilegio de suscribir al discurso de victoria del presidente Bush en el USS Abraham Lincoln el pasado 1 de mayo.

Antes de invadir Irak, Bush hablaba como si sacar a Saddam fuera a traer paz entre los palestinos e israelíes. Sin embargo, han pasado siete meses desde que Estados Unidos conquistó Bagdad, hombres bomba palestinos siguen explotando buses y bares israelíes, y los jets y helicópteros israelíes siguen matando a transeúntes palestinos inocentes en sus ataques contra autos y casas de "militantes".

Los estadounidenses no pueden permitirse más conquistas de Bush. La administración Bush ya ha destruido a la credibilidad estadounidense en todo el mundo con su invasión a Irak. Si los consejeros de Bush quieren conquistar Teherán, que lo hagan ellos solos.

 

James Bovard es autor de Terrorism & Tyranny: Trampling Freedom, Justice, and Peace to Rid the World of Evil (Palgrave MacMillan, Septiembre 2003) y es consejero de políticas de The Future of Freedom Foundation.  


Traducción: Hernán Alberro.

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