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Por Palabra Clave

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Los diez puntos del Manifiesto de la "Libertad"
por Jacob G. Hornberger , agosto 2003

Al sostener que 16 palabras controversiales en su discurso del Estado de la Unión el pasado enero eran técnicamente correcta, el presidente está queriendo decir que en realidad no quiso engañar – o intentar engañar – al pueblo estadounidense.

Nada más distante de la verdad. Mientras el presidente pretende que la gente se preocupe sólo en la redacción técnica de su oración cuidadosamente armada, se olvida de lo que saben todos los abogados del país – que el fraude procesable consiste no sólo en una falsa representación de una prueba material sino también en la falta intencional de dar a conocer una prueba material. Y ¿qué podría ser más material que la conclusión de la CIA de que toda la conexión Saddam-Nigeria-Uranio fue ficticia?

Esta es la oración a la cual me refiero: “El gobierno británico se ha enterado de que Saddam Hussein recientemente buscó una cantidad significativa de uranio en África.”

¿Por qué el presidente habría incluido esa oración en su discurso del Estado de la Unión? ¿Cuál sería su objetivo?

La respuesta es ineludible: la intención del presidente fue aterrorizar al pueblo estadounidense haciéndole creer que Saddam Hussein tenía los medios para estallar una bomba nuclear sobre alguna ciudad estadounidense – ya fuera ahora o en el futuro inmediato. Y ¿quién puede negar que el presidente tuvo éxito en producir un miedo paralizante que se convirtió en la razón principal de apoyo de los estadounidenses a la invasión de Irak?

Tengan en cuenta que incluso cuando el Presidente Bush sostenía que aún no se había decidido si invadir Irak o no, ya estaba en el proceso de enviar fuerzas de invasión a la región. Recuerden también que los comentadores sugerían que las condiciones climáticas indicaban que el presidente tendría que ordenar la invasión antes de que comenzara el verano.

Así, Bush sabía que hasta cierto punto su única opción era (1) invadir, (2) dejar a 150.000 tropas estadounidenses indefinidamente establecidas en el desierto de Kuwait y en alta mar, o (3) hacer que las tropas regresaran a casa. También sabía que las últimas dos opciones eran políticamente inviables.

El presidente necesitaba apoyo público para la opción 1, y lo necesitaba rápido. Tenía que convencer al pueblo estadounidense que esperar a los actuales inspectores de la ONU simplemente no sería suficiente.

¿Qué mejor manera de granjearse apoyo para una invasión inmediata que aterrorizar a los estadounidenses con la posibilidad de una bomba nuclear destruyendo toda una ciudad de Estados Unidos en el futuro inmediato?

Al determinar la intención del presidente en enero, esas 16 palabras expresadas en su discurso del Estado de la Unión deberían ser consideradas en el contexto de las palabras que usó unos meses antes – en octubre de 2002 – en un discurso que dio en Cincinnati:

“El régimen iraquí... está buscando armas nucleares... Estamos de acuerdo en que no se debe permitir que el dictador iraquí amenace a Estados Unidos y al mundo con venenos horribles, y enfermedades y gases, y armas atómicas... La evidencia indica que Irak está rearmando su programa de armamento nuclear... Fotografías satelitales revelan que Irak se está reorganizando en zonas que antes fueron parte de su programa nuclear... Irak ha intentado comprar tubos de aluminio de alta resistencia y otro equipamiento necesario para gas centrífugo, utilizado para fortalecer al uranio para armas nucleares. Si el régimen iraquí puede producir, comprar, o robar una cantidad de uranio altamente enriquecido mayor a una pelota de béisbol, podría tener un arma nuclear en menos de un año... Conociendo estas realidades, Estados Unidos no puede ignorar la amenaza que se está reuniendo en nuestra contra. Enfrentando una clara evidencia de peligro, no podemos esperar a la prueba final – el arma humeante – que podría venir en la forma de una nube con forma de hongo.”

A la luz de los descubrimientos post-invasión, uno podría ser disculpado de preguntar si la representación del presidente en ese discurso de Cincinnati era falta y, si lo era, si las realizó con conocimiento de su falsedad.

Ahora sabemos que para cuando Bush habló en Cincinnati, había eliminado una parte del discurso en la que sugería que Saddam Hussein había intentado comprar uranio a Nigeria. La razón por la que el presidente había borrado esa parte era que la CIA le había avisado que esa información era ficticia.

Entonces, cuando el presidente decidió anunciar en enero que “El gobierno británico se ha enterado de que Saddam Hussein recientemente buscó una cantidad significativa de uranio en África,” el pueblo estadounidense, que estaba sopesando si apoyar una guerra contra Irak, tenía derecho a saber que la CIA, nuestro servicio nacional de inteligencia, había llegado a una conclusión contraria.

El presidente no dio esa prueba material concienzuda e intencionalmente cuando expresó esas 16 palabras en su discurso del Estados de la Unión, y esa omisión crítica fue obviamente diseñada para crear una falsa impresión en las mentas del pueblo estadounidense.

Tal como le podría decir cualquier abogado, eso es un fraude.

 

El Sr. Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation.  


Traducción: Hernán Alberro.

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