Al sostener que 16 palabras controversiales en su discurso del Estado de la
Unión el pasado enero eran técnicamente correcta, el presidente está
queriendo decir que en realidad no quiso engañar – o intentar engañar – al
pueblo estadounidense.
Nada más distante de la verdad. Mientras el presidente pretende que la gente
se preocupe sólo en la redacción técnica de su oración cuidadosamente
armada, se olvida de lo que saben todos los abogados del país – que el
fraude procesable consiste no sólo en una falsa representación de una
prueba material sino también en la falta intencional de dar a conocer una
prueba material. Y ¿qué podría ser más material que la conclusión de la CIA
de que toda la conexión Saddam-Nigeria-Uranio fue ficticia?
Esta es la oración a la cual me refiero: “El gobierno británico se ha
enterado de que Saddam Hussein recientemente buscó una cantidad
significativa de uranio en África.”
¿Por qué el presidente habría incluido esa oración en su discurso del Estado
de la Unión? ¿Cuál sería su objetivo?
La respuesta es ineludible: la intención del presidente fue aterrorizar al
pueblo estadounidense haciéndole creer que Saddam Hussein tenía los medios
para estallar una bomba nuclear sobre alguna ciudad estadounidense – ya
fuera ahora o en el futuro inmediato. Y ¿quién puede negar que el presidente
tuvo éxito en producir un miedo paralizante que se convirtió en la razón
principal de apoyo de los estadounidenses a la invasión de Irak?
Tengan en cuenta que incluso cuando el Presidente Bush sostenía que aún no
se había decidido si invadir Irak o no, ya estaba en el proceso de enviar
fuerzas de invasión a la región. Recuerden también que los comentadores
sugerían que las condiciones climáticas indicaban que el presidente tendría
que ordenar la invasión antes de que comenzara el verano.
Así, Bush sabía que hasta cierto punto su única opción era (1) invadir, (2)
dejar a 150.000 tropas estadounidenses indefinidamente establecidas en el
desierto de Kuwait y en alta mar, o (3) hacer que las tropas regresaran a
casa. También sabía que las últimas dos opciones eran políticamente
inviables.
El presidente necesitaba apoyo público para la opción 1, y lo necesitaba
rápido. Tenía que convencer al pueblo estadounidense que esperar a los
actuales inspectores de la ONU simplemente no sería suficiente.
¿Qué mejor manera de granjearse apoyo para una invasión inmediata que
aterrorizar a los estadounidenses con la posibilidad de una bomba nuclear
destruyendo toda una ciudad de Estados Unidos en el futuro inmediato?
Al determinar la intención del presidente en enero, esas 16 palabras
expresadas en su discurso del Estado de la Unión deberían ser consideradas
en el contexto de las palabras que usó unos meses antes – en octubre de
2002 – en un discurso que dio en Cincinnati:
“El régimen iraquí... está buscando armas nucleares... Estamos de acuerdo en
que no se debe permitir que el dictador iraquí amenace a Estados Unidos y al
mundo con venenos horribles, y enfermedades y gases, y armas atómicas... La
evidencia indica que Irak está rearmando su programa de armamento nuclear...
Fotografías satelitales revelan que Irak se está reorganizando en zonas que
antes fueron parte de su programa nuclear... Irak ha intentado comprar tubos
de aluminio de alta resistencia y otro equipamiento necesario para gas
centrífugo, utilizado para fortalecer al uranio para armas nucleares. Si el
régimen iraquí puede producir, comprar, o robar una cantidad de uranio
altamente enriquecido mayor a una pelota de béisbol, podría tener un arma
nuclear en menos de un año... Conociendo estas realidades, Estados Unidos no
puede ignorar la amenaza que se está reuniendo en nuestra contra.
Enfrentando una clara evidencia de peligro, no podemos esperar a la prueba
final – el arma humeante – que podría venir en la forma de una nube con
forma de hongo.”
A la luz de los descubrimientos post-invasión, uno podría ser disculpado de
preguntar si la representación del presidente en ese discurso de Cincinnati
era falta y, si lo era, si las realizó con conocimiento de su falsedad.
Ahora sabemos que para cuando Bush habló en Cincinnati, había eliminado una
parte del discurso en la que sugería que Saddam Hussein había intentado
comprar uranio a Nigeria. La razón por la que el presidente había borrado
esa parte era que la CIA le había avisado que esa información era ficticia.
Entonces, cuando el presidente decidió anunciar en enero que “El gobierno
británico se ha enterado de que Saddam Hussein recientemente buscó una
cantidad significativa de uranio en África,” el pueblo estadounidense, que
estaba sopesando si apoyar una guerra contra Irak, tenía derecho a saber que
la CIA, nuestro servicio nacional de inteligencia, había llegado a una
conclusión contraria.
El presidente no dio esa prueba material concienzuda e intencionalmente
cuando expresó esas 16 palabras en su discurso del Estados de la Unión, y
esa omisión crítica fue obviamente diseñada para crear una falsa impresión
en las mentas del pueblo estadounidense.
Tal como le podría decir cualquier abogado, eso es un fraude.