Como todos saben, el gobierno federal ha buscado, desde los ataques
terroristas del 11 de septiembre, expandir su poder para acosar y espiar
tanto a inmigrantes como a ciudadanos estadounidenses. "Debemos resignar
algo de libertad para proteger nuestra seguridad," usualmente sostienen los
defensores del gobierno en un intento de justificar la expansión del poder
federal sobre nuestras vidas.
¿Debe la libertad ser sacrificada o comprometida para poder lograr
seguridad? ¡Para nada!
Un propósito legítimo mayor del gobierno es investigar los crímenes
violentos y llevar al malhechor ante la justicia.
Consideremos, por ejemplo, las leyes contra los homicidios. La mayoría de
nosotros estaría de acuerdo en que el estado debe castigar el hecho de tomar
malvadamente la vida de otra persona, porque esa conducta implica la
interferencia coerciva en el derecho a la vida de otra persona.
Entonces, cuando se comete un homicidio, queremos que la policía investigue,
encuentre a quien lo cometió, y lo enjuicie por asesinato.
Lo que no queremos, sin embargo, es que la policía utilice al asesinato como
una oportunidad para comenzar a acosar y espiar a todos en la comunidad para
encontrar al malhechor o para prevenir que otros cometan el mismo crimen en
el futuro.
Eso no es lo mismo que decir que ese tipo de cosas no sería exitosa para
encontrar a los asesino o futuros criminales. Simplemente quiere decir que
valoramos más nuestra libertad, incluyendo nuestra privacidad, más y por
encima que a ese tipo de "seguridad" de estado policial.
Entonces le decimos a la policía: investiguen quién cometió el asesinato y
llévenlo ante la justicia, pero déjennos al resto de nosotros tranquilos.
Consideremos el ataque terrorista de Timothy McVeigh al edificio federal en
Oklahoma City. A pesar de que nos podemos referir a McVeigh como un
terrorista, la verdad es que lo que hizo fue cometer un homicidio (además de
destruir propiedad federal).
Lo mismo es verdad para el culpable terrorista Unabomber, Ted Kaczynski.
Asesinó y mutiló personas.
El hecho desafortunado es que hay asesinos y otras personas violentas y
anti-sociales en toda sociedad. La pregunta es: ¿Qué queremos que haga el
estado al respecto?
Una respuesta posible a esa pregunta es que el gobierno federal empiece a
regular el flujo de viajantes entre los respectivos estados, con la
intención de impedir que los terroristas viajen de un estado a otro a
cometer sus asesinatos. Otra posibilidad sería permitirle a la policía de un
estado que detenga a toda persona de otro estado y la deporte a su lugar de
origen. Una tercera posibilidad sería darle a la policía el poder de
observar nuestras actividades dentro del estado.
Si bien estas alternativas podrían detectar a los terroristas y asesinos, la
mayoría de nosotros las rechazaría. ¿Por qué? Porque le damos mayor valor a
la libertad del que le damos a ese tipo de seguridad.
¿Por qué un terrorista-asesino extranjero es diferente, en principio, que un
terrorista-asesino local? Sin embargo, si bien nos oponemos al control
federal sobre nuestras fronteras interestatales y al acoso federal y que nos
espíen cuando se trata de terroristas-asesinos locales, permitimos que los
federales dediquen tiempo y recursos inestimables para acosar inmigrantes y
espiar a los estadounidenses con respecto a los terroristas-asesinos
extranjeros.
¿Y algo de esto nos ha dado más seguridad?
Al contrario, al aumentar sus esfuerzos y recursos sobre un amplio número de
personas, la mayoría de las cuales son inocentes, el gobierno federal ha
debilitado su capacidad de hacer lo que debería estar haciendo – encontrar
al culpable y llevarlo ante la justicia.
Igualmente importante, dado que los inocentes ahora son más fáciles de ser
atrapados por la pesquisa federal, el gobierno federal les quita su libertad
y seguridad en nombre de proteger a la sociedad del terrorismo.
Si el gobierno federal hubiese tratado a los ataques del 11 de septiembre
como lo hizo con los ataques de McVeigh y Kaczynski, todo el tiempo y los
recursos que perdió acosando inmigrantes y espiando a estadounidenses se
habría centrado solamente en investigar y llevar ante la justicia a quienes
cometieron o conspiraron para llevar acabo esos ataques.
Pidiéndole al gobierno que se limite a hacer lo que se supone que tiene que
hacer – investigar a quien comete el crimen y llevar al malhechor ante la
justicia – y prohibiendo que el gobierno acose a los inmigrantes y espíe a
los estadounidenses, nos aseguramos tanto la libertad como la seguridad de
nuestra nación.