La respuesta del gobierno federal a las muertes de 18 inmigrantes ilegales
en el Sur de Texas era predecible porque es la misma respuesta que da cada
vez que sucede una tragedia similar.
La respuesta del gobierno: crítica, condena y persecución a inmigrantes por
entrada ilegal o a los transportistas de los inmigrantes ilegales por
transportar forasteros ilegales. La premisa federal es: "Si no hubieran
estado violando la ley, esto no habría sucedido".
No cometamos ningún error al respecto: Esta no es la primera vez que mueren
inmigrantes en su intento por buscar una mejor forma de vida en nuestro
país. La historia de contantemente endurecer los controles inmigratorios en
nuestra frontera sur está llena de muertes y heridas de multitudes de
personas inocentes, tanto en desiertos áridos como en baúles de automóviles,
en vagones cerrados, por las balas de agentes federales o vigilantes, o por
supuesto al fondo de los trailers de tractores.
Nada – ni el virtualmente impermeable Muro de Berlín – ha logrado evitar que
la gente intente mejorar sus vidas yendo a lugares que les den mayor
libertad y más oportunidades para ellos y sus familias.
Lo que nunca deja de sorprenderme sobre los inmigrantes es cómo continúan
viniendo a nuestro país a pesar de todas las adversidades que saben que
tendrán que enfrentar – prejuicio, abuso, ridículo, acoso, prosecución y
persecución.
Sin embargo siguen viniendo. Y no sólo pagan para venir, sino que también
arriesgan sus vidas.
Los inmigrantes generalmente están entre las personas más impresionantes del
mundo. Cada vez que converso con uno, no puedo evitar preguntar, "¿qué hizo
que dejaras tu país para venir al nuestro?"
Los controles fronterizos de Estados Unidos no son diferentes a cualquier
otra interferencia gubernamental en el libre mercado. Siempre e
inevitablemente, dicha interferencia provoca que los seres humanos adapten
su conducta, incluso al extremo generalmente de producir un mercado negro,
pero incluso eso no les impide intentar alcanzar su objetivo original.
Por ejemplo, consideremos la prohibición de la droga. El pretendido motivo
de las leyes contra las drogas es evitar que la gente las ingiera. La ley,
sin embargo, no hace que muchos consumidores de drogas dejen de utilizarlas;
en su lugar, simplemente los obliga a adaptar su conducta, digamos,
comprando las drogas en un mercado negro a un zar de los narcóticos en lugar
de a la farmacia local.
Cuando el consumidor de drogas muere por consumir drogas adulteradas o
cuando es asesinado por un enojado traficante, los funcionarios del gobierno
inevitablemente culpan a la víctima y al vendedor de drogas. "Si no hubieran
estado violando la ley, esto no habría sucedido."
Pero a pesar de todas sus protestas, los funcionarios federales comparten la
responsabilidad moral por esas muertes ya que de no haber sido por las leyes
contra las drogas, las muertes no hubieran ocurrido.
El razonamiento es el mismo con respecto a la avejentada, fallida y quebrada
política federal de inmigración. El constante aumento de la fuerza en la
frontera austral obviamente no ha hecho que la gente deje de hacer lo que ha
hecho durante siglos – venir aquí con la esperanza de mejorar sus vidas.
Simplemente los ha obligado a alterar sus conductas para poder alcanzar su
objetivo.
Por ejemplo, cuando los federales construyen el Muro de Berlín
estadounidense en el sur de California, los inmigrantes ilegales comienzan a
entrar a los Estados Unidos por el este, cosa que ha provocado que muchos
mueran por sed y deshidratación en los áridos desiertos de Arizona.
Por supuesto, el gobierno federal culpa esas muertes a las víctimas. "Si no
hubieran estado violando la ley, esto no habría sucedido."
Cualquiera que esté familiarizado con los mercados habría predicho con
precisión que la aplicación de controles fronterizos más estrictos,
inevitablemente da paso a emprendedores que estarán dispuestos a transportar
a inmigrantes ilegales hacia Estados Unidos. Como estamos hablando de un
mercado negro, tampoco sorprendería a un defensor del libre mercado que los
transportadores del mercado negro sean generalmente personajes inseguros
como lo suelen ser los zares de la droga. El resultado ha sido que a lo
largo de los años, muchos inmigrantes ilegales han muerto en manos de esos
transportadores.
Por supuesto, el gobierno federal siempre culpó esas muertes a las víctimas
y a los transportistas. "Si no hubieran estado violando la ley, eso no
habría sucedido."
Ese razonamiento no reconoce, sin embargo, que un gobierno que promulga
leyes inmorales y perversas, como las leyes contra las drogas o las de
inmigración, comparte la responsabilidad moral por las muertes que resulten,
ya sea directa o indirectamente, de la aplicación de esas leyes. "Si no
hubieran aprobado esa ley, esto no habría sucedido".
Después de todo, no olvidemos que la gente que intentaba cruzar el Muro de
Berlín estaba violando la ley. Y tampoco olvidemos quién compartía la
responsabilidad moral por las muertes de los que fueron atrapados violando
la ley.
No importa cuán poderoso sea un gobierno, no puede ir en contra de las leyes
de oferta y demanda, y cuando lo intenta hacer, comparte la culpabilidad
moral por las perversas consecuencias.