El gobierno de los Estados Unidos se ha acostumbrado bastante, a lo largo de
los años, a orquestar hechos mundiales para poner en su propia agenda. En
nuestro nombre, el gobierno mantiene a las tropas estadounidenses en más de
la mitad de los países del globo, abiertamente apoya regímenes brutales, y
utiliza sus agencias de inteligencia para manipular las políticas de
gobiernos extranjeros. Pero sin importar cuánto esfuerzo haga, la obra nunca
resulta como establecida.
Sin embargo, es en nombre de la "Guerra contra las Drogas" que Estados
Unidos verdaderamente tiene excelencia en demostrar cuán pobremente equipado
está para actuar como director de relaciones internacionales.
Desde la década de 1970, administración tras administración ha buscado
enlistar a las naciones extranjeras en su jihad contra las arbitrariamente
prohibidas, pero sin embargo popularmente recreacionales drogas. Los
resultados generalmente han sido bastante similares a los de la experiencia
estadounidense, con amplia corrupción de la policía, los jueces y los
políticos; guerras de pandillas y tiroteos; y un aumento general del uso de
la droga.
Sin embargo la "guerra contra las drogas" de Estados Unidos se las arregla
para escapar de la vergüenza de una de sus consecuencias más horroríficas:
la destrucción de miles de vidas en este y otros países. Dado que la guerra
de las drogas ha llevado al enriquecimiento y expansión de grupos
terroristas viciosos en todo el mundo, incluso el responsable de los
horribles ataques del 11 de septiembre. Tristemente, el gobierno continúa
ignorando las señales de advertencia y alimenta la boca que nos morderá a
todos.
Fuertemente influyente por más de 20 años, las organizaciones
"narco-terroristas" son una conglomeración de rebeldes izquierdistas,
círculos terroristas internacionales, vendedores de armas, y cárteles de
drogas. En Beyond the War on Drugs: Overcoming a Failed Public Policy, su
autor Steven Wisotsky destacó hace más de una década que "la Guerra contra
las Drogas minó seriamente el poder y la estabilidad de los gobiernos
centrales [de Perú y Colombia], dando control efectivo sobre grandes
regiones... hasta... alianzas de traficantes de drogas y guerrillas." En
resumen, a terroristas.
¿Cómo es esto posible? Gracias a las ganancias masivas que derivan del
comercio ilegal de drogas, los "narco-terroristas" son capaces de comprar el
control de cualquier cosa que necesiten para sostener sus negocios. En las
"amplias regiones" en las cuales gobiernan, sirven como el gobierno de
facto, dando escuelas, equipos deportivos, y seguridad a los campesinos
locales. Con el apoyo de los granjeros indígenas, plantan coca y opio con
impunidad, recaudando sumas increíbles de dinero para financiar sus
actividades terroristas y, peor, crear las condiciones para la cooperación
internacional con otros grupos terroristas, un hecho que se hizo claro por
el reciente informe anti-terrorismo que mostró los campos de entrenamiento
de Hezbollah en "la triple frontera" de Brasil, Argentina y Paraguay.
La conexión entre las drogas y el terrorismo no es precisamente el secreto
mejor guardado en el mundo. En marzo de 2002, en su declaración ante la
Subcomisión Judicial en Tecnología, Terrorismo y Gobierno, del Senado, el
senador Jon Kyl de Arizona informó que "la producción de opio en Afganistán
[bajo los talibanes] representan el 72 por ciento de la producción mundial"
y fue utilizada para "cubrir a Osama Bin Laden y otros terroristas de Al
Qaeda." Él indicó en forma similar que Bin Laden "brindaba protección a los
laboratorios de procesamiento de heroína, era socio en numerosos
laboratorios, [y] socio en un barco cargado hacia Estados Unidos."
Incluso un conocimiento casual de la economía es suficiente para entender
que, más que herir la comercialización de la droga, la guerra contra las
drogas es su principal bendición. La popularidad de las drogas es suficiente
para aumentar el costo a través de la fuerte demanda. Cualquier efecto que
intervenir o limitar la oferta de una droga dada pueda tener simplemente
será aumentar aún más su precio en el mercado, lo cual significará mayores
ganancias para quienes trabajan con drogas. Y en los países latinoamericanos
e islámicos en los cuales los traficantes son típicamente terroristas, esto
significa mayor dinero para el terrorismo.
Incluso la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas (Office of
National Drug Control Policy) admitió inadvertidamente el efecto de sus
propias políticas al poner al aire publicidades nacionales diciéndole a los
consumidores de drogas que están apoyando al terrorismo. Si poner dinero en
los bolsillos de los traficantes de drogas es acorde a ayudar a las causas
terroristas, entonces mediante el continuo aumento del precio de las drogas,
el gobierno de Estados Unidos es el mayor promotor del terrorismo en el
mundo.
La "Guerra contra las Drogas" puede pasar a la historia como la peor
política interior de la historia de los Estados Unidos. Luego de más de 30
años de lucha, el costo en vidas, dólares, erosión de nuestra membrana
social y moral, e impacto en las instituciones de aplicación de la ley y
políticas quizás nunca se conozcan. Sumando insulto al daño, en todos los
años que nuestro gobierno ha venido combatiendo para que la gente deje de
consumir drogas, ha venido ayudando a enriquecer a quienes desean llevar a
cabo guerras terroristas contra personas inocentes en todo el mundo.