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Por Palabra Clave

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La Guerra Contra las Drogas Ayuda a los Terroristas
por Scott McPherson, marzo 2003

El gobierno de los Estados Unidos se ha acostumbrado bastante, a lo largo de los años, a orquestar hechos mundiales para poner en su propia agenda. En nuestro nombre, el gobierno mantiene a las tropas estadounidenses en más de la mitad de los países del globo, abiertamente apoya regímenes brutales, y utiliza sus agencias de inteligencia para manipular las políticas de gobiernos extranjeros. Pero sin importar cuánto esfuerzo haga, la obra nunca resulta como establecida.

Sin embargo, es en nombre de la "Guerra contra las Drogas" que Estados Unidos verdaderamente tiene excelencia en demostrar cuán pobremente equipado está para actuar como director de relaciones internacionales.

Desde la década de 1970, administración tras administración ha buscado enlistar a las naciones extranjeras en su jihad contra las arbitrariamente prohibidas, pero sin embargo popularmente recreacionales drogas. Los resultados generalmente han sido bastante similares a los de la experiencia estadounidense, con amplia corrupción de la policía, los jueces y los políticos; guerras de pandillas y tiroteos; y un aumento general del uso de la droga.

Sin embargo la "guerra contra las drogas" de Estados Unidos se las arregla para escapar de la vergüenza de una de sus consecuencias más horroríficas: la destrucción de miles de vidas en este y otros países. Dado que la guerra de las drogas ha llevado al enriquecimiento y expansión de grupos terroristas viciosos en todo el mundo, incluso el responsable de los horribles ataques del 11 de septiembre. Tristemente, el gobierno continúa ignorando las señales de advertencia y alimenta la boca que nos morderá a todos.

Fuertemente influyente por más de 20 años, las organizaciones "narco-terroristas" son una conglomeración de rebeldes izquierdistas, círculos terroristas internacionales, vendedores de armas, y cárteles de drogas. En Beyond the War on Drugs: Overcoming a Failed Public Policy, su autor Steven Wisotsky destacó hace más de una década que "la Guerra contra las Drogas minó seriamente el poder y la estabilidad de los gobiernos centrales [de Perú y Colombia], dando control efectivo sobre grandes regiones... hasta... alianzas de traficantes de drogas y guerrillas." En resumen, a terroristas.

¿Cómo es esto posible? Gracias a las ganancias masivas que derivan del comercio ilegal de drogas, los "narco-terroristas" son capaces de comprar el control de cualquier cosa que necesiten para sostener sus negocios. En las "amplias regiones" en las cuales gobiernan, sirven como el gobierno de facto, dando escuelas, equipos deportivos, y seguridad a los campesinos locales. Con el apoyo de los granjeros indígenas, plantan coca y opio con impunidad, recaudando sumas increíbles de dinero para financiar sus actividades terroristas y, peor, crear las condiciones para la cooperación internacional con otros grupos terroristas, un hecho que se hizo claro por el reciente informe anti-terrorismo que mostró los campos de entrenamiento de Hezbollah en "la triple frontera" de Brasil, Argentina y Paraguay.

La conexión entre las drogas y el terrorismo no es precisamente el secreto mejor guardado en el mundo. En marzo de 2002, en su declaración ante la Subcomisión Judicial en Tecnología, Terrorismo y Gobierno, del Senado, el senador Jon Kyl de Arizona informó que "la producción de opio en Afganistán [bajo los talibanes] representan el 72 por ciento de la producción mundial" y fue utilizada para "cubrir a Osama Bin Laden y otros terroristas de Al Qaeda." Él indicó en forma similar que Bin Laden "brindaba protección a los laboratorios de procesamiento de heroína, era socio en numerosos laboratorios, [y] socio en un barco cargado hacia Estados Unidos."

Incluso un conocimiento casual de la economía es suficiente para entender que, más que herir la comercialización de la droga, la guerra contra las drogas es su principal bendición. La popularidad de las drogas es suficiente para aumentar el costo a través de la fuerte demanda. Cualquier efecto que intervenir o limitar la oferta de una droga dada pueda tener simplemente será aumentar aún más su precio en el mercado, lo cual significará mayores ganancias para quienes trabajan con drogas. Y en los países latinoamericanos e islámicos en los cuales los traficantes son típicamente terroristas, esto significa mayor dinero para el terrorismo.

Incluso la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas (Office of National Drug Control Policy) admitió inadvertidamente el efecto de sus propias políticas al poner al aire publicidades nacionales diciéndole a los consumidores de drogas que están apoyando al terrorismo. Si poner dinero en los bolsillos de los traficantes de drogas es acorde a ayudar a las causas terroristas, entonces mediante el continuo aumento del precio de las drogas, el gobierno de Estados Unidos es el mayor promotor del terrorismo en el mundo.

La "Guerra contra las Drogas" puede pasar a la historia como la peor política interior de la historia de los Estados Unidos. Luego de más de 30 años de lucha, el costo en vidas, dólares, erosión de nuestra membrana social y moral, e impacto en las instituciones de aplicación de la ley y políticas quizás nunca se conozcan. Sumando insulto al daño, en todos los años que nuestro gobierno ha venido combatiendo para que la gente deje de consumir drogas, ha venido ayudando a enriquecer a quienes desean llevar a cabo guerras terroristas contra personas inocentes en todo el mundo.

 

Scott McPherson es consultor de políticas en The Future of Freedom Foundation (www.fff.org) de Fairfax, Virginia.  


Traducción: Hernán Alberro.

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